domingo, 15 de marzo de 2009

Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo (20, 1-17)

La Ley fue dada por Moisés

1Entonces Dios pronunció estas palabras: 2Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud. 3No tendrás otros dioses delante de mí. 4No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. 5No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; 6y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos. 7No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano. 8Acuérdate del día sábado para santificarlo. 9Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; 10pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. 11Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo. 12Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da. 13No matarás. 14No cometerás adulterio. 15No robarás. 16No darás falso testimonio contra tu prójimo. 17No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Salmo 19 (18), 8-11 (R.: Juan 6, 68c)

RSeñor, Tú tienes palabras de Vida eterna.

8La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.

9Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.

10la palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.

11Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal. R.

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto (1, 22-25)

Nosotros predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero sabiduría de Dios para los llamados

Hermanos: 22Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, 23nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, 24pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. 25Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.

Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio: Juan 3, 16

“Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”

Evangelio

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 2, 13–25

Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar

13Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén 14y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. 15Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas 16y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". 17Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. 18Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". 19Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". 20Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". 21Pero él se refería al templo de su cuerpo. 22Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. 23Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. 24Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos 25y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.

Palabra del Señor.

Comentario:

Primera Lectura: Los diez mandamientos han sido siempre para nosotros la norma máxima en el camino del Señor. Se nos han fijado desde el catecismo, memorizándolos, para poder vivir según ellos el encuentro, no solo con Dios, sino también con nuestros hermanos. Podríamos decir que los diez mandamientos están divididos en dos partes:

1. Mandamientos con respecto a Dios, una relación vertical, Dios arriba y el pueblo abajo, en donde lo importante es cómo abrimos canales con la divinidad. Los versículos 3 al 11 hablan expresamente de esa relación vertical con el Salvador, con aquel que nos hizo “salir de Egipto, de un lugar de esclavitud” (v. 2).

2. Mandamientos con respecto al prójimo, una relación horizontal, de iguales. Donde la estructura marcada empieza por el “honrar” a los padres (v. 12); y va bajando la escalera de “peligrosidad” de la falta cometida: no matar (v. 13), no cometer adulterio (v. 14), no robar (v. 15), no mentir (v. 16) y no codiciar (v. 17). Aquí también lo importante son los canales de relación con los demás, para tener una familiaridad con ellos basada en el respeto y el buen trato.

Como toda normativa, los mandamientos ponen límites que intentan mantener las cosas claras y las relaciones sin desbordes. Son la base para una convivencia pacífica con Dios y con el prójimo. Es el principio, y no el fin, de una vida llena de bendiciones y bienaventuranza.

Salmo: Las palabras del Salmo nos invitan a comprender la Ley del Señor como el camino perenne, eterno, hacia su morada celestial. Decir que la Palabra de Dios es la que “reconforta el alma” (v. 8), la que da “sabiduría al simple” (v.8), la que “alegra el corazón” (v. 9), la que “ilumina los ojos” (v.9), la que “permanece para siempre” (v. 10), la que es más “dulce que la miel” (v. 11)… es decir que esa Palabra nos cambia la vida, nos hace gozoso vivir. Aprender a escuchar esas palabras de amor, aprender a vivir según ellas, dejar que sean el norte de nuestra vida, es lo que nos lleva a la Vida eterna.

Segunda Lectura: “Cristo crucificado es la sorprendente respuesta de Dios a las expectativas de la humanidad: el verdadero signo es su cruz, que libera a la humanidad de la esclavitud del mal; la mayor sabiduría es su muerte, que asume y expía la necedad de nuestro pecado para abrir a todos un destino glorioso. Pero para entenderlo hay que abandonar la lógica de este mundo, que piensa en la cruz como locura e impotencia, y adorar los designios de Dios, tan distintos de los nuestros (cf. Isaías 55, 8). Entonces podremos intuir el inefable amor de Dios por nosotros, manifestado en la pascua de Cristo”. (Lectio divina, 3; pág. 187).

Evangelio: Como en el domingo segundo de cuaresma, hoy se nos presenta la misma idea: “Dios entregó a su hijo por nosotros”. Desde este texto de Juan se nos muestra a un Jesús que destruye todo el comercio del templo judío. No se opone al servicio divino, se opone a la utilización de las cosas sagradas para bien propio (Zac 14, 21). Además Jesús sabe que el nuevo “templo” de Dios en el mundo es su propio cuerpo, el cual será “destruido” por aquellos que no entiende su mensaje. La diferencia con los templos materiales, como el de Jerusalén, está en que “destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar” (v. 19). Juan utiliza la palabra griega egeirein (hacer levantar, despertar) aplicando el término a la reconstrucción material del templo y a la resurrección del cuerpo de Jesús. Por eso en v. 21 se nos aclara: “él se refería al templo de su cuerpo”.

Jesús es el nuevo templo de Dios para encontrarse con nosotros. Por eso los cristianos ofrecemos la santa Misa todos los días (ver que Jesús también expulsa bueyes, ovejas y palomas en v. 14: él es el ocupará ese lugar y será sacrificado para la salvación de todos) para agradar a Dios y rendirle culto agradable con el único sacrificio puro y reparador, que es su Hijo único, al cual rememoramos, conmemoramos, en cada Eucaristía. La muerte y resurrección de Jesús nos traen nueva vida y nos dan la esperanza de que nosotros también seremos “levantados” de nuestras postraciones.

Meditemos:

  1. ¿Qué significan para mí los diez mandamientos? ¿En cuál de ellos experimento más dificultad?
  2. ¿Qué es la Palabra de Dios para mí? ¿Dejo que esa Palabra guíe mi vida?
  3. ¿Qué significa la CRUZ de Jesús? ¿Es el verdadero signo y sabiduría de Dios para mí?
  4. ¿De qué manera valoro la muerte y resurrección de Jesús? ¿Qué significa para mí esa entrega? ¿Creo que Jesús se entregó para salvarme del pecado y la muerte eterna? ¿En qué se nota?

 


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