martes, 17 de marzo de 2009

Primera lectura

Lectura del libro del profeta Daniel 3, 25-26. 34-43

Nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables

25Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así: 26“Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, y digno de alabanza, que tu Nombre sea glorificado eternamente. 35no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo, 36a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. 37Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. 38Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias, 39y así, alcanzar tu favor. Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables 40como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti. 41Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. 42No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia. 43Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 25 (24), 4-5a. 6-9 (R.: 6a)

RAcuérdate, Señor, de tu compasión.

4Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. 5Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

6Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. 7No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad. R.

8El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; 9él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

Versículo antes del Evangelio: Joel 2, 12-13

12Pero aún ahora -oráculo del Señor- vuelvan a mí de todo corazón 13porque soy bondadoso y compasivo”

Evangelio

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 18, 21-35

Si no perdonan de corazón a sus hermanos, tampoco el Padre los perdonará

21Entonces se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". 22Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. 24Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. 25Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. 26El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". 27El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. 28Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: "Págame lo que me debes". 29El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: "Dame un plazo y te pagaré la deuda". 30Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. 31Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. 32Este lo mandó llamar y le dijo: "¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. 33¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?". 34E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. 35Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

 

Palabra del Señor.

Comentario:

Primera lectura: El versículo 39 marca la “clave” de esta primera lectura: “que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables”. Azarías comenzará su oración marcando la “gloria” de Dios (v. 26), a quién se le pide misericordia (v. 35), se mira la realidad del hoy, fruto del pecado: “hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados” y la infinita orfandad que esto provoca (v. 38). El “corazón contrito y humillado” (v. 39), es el centro y el quiebre de la oración, es el cruce de los caminos desde donde Dios produce salvación: “que nosotros te sigamos plenamente” (v. 40), “te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro” (v. 41), “trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia” (v. 42), “Líbranos conforme a tus obras maravillosas” (v. 43). Esta súplica de Azarías es la mezcla armoniosa del salmo penitencial con la oración de alabanza. Es, en este tiempo de cuaresma, la oración de todo cristiano: pedir perdón y alabar al que perdona de pura misericordia.

Salmo: Para el salmista Dios ha trazado un mapa, una hoja de ruta, para seguir el camino hasta buen puerto (v. 4) por eso interpreta que Dios guía, no como poderoso y obligadamente, sino haciendo el favor y salvando. Esta enseñanza se da por misericordia divina y con la aceptación consciente del que es salvado (v. 5). Los versículos 6 y 7 contraponen la “compasión” y el “amor” de Dios con los “pecados” y “rebeldías” nuestras. El pedido de “acuérdate” es una invitación para que Dios vuelva a ser bueno, misericordioso, fiel a sí mismo. La bondad y la rectitud se equilibra a sí mismas (v. 8), para que no haya desbordes… ni tan bueno como para permitirlo todo, ni tan recto como para extremar la dureza. Dios se mueve en un equilibrio prudente entre las dos virtudes. La humildad (v. 9) es la actitud necesaria para dejarse “guiar” por Dios. Solo el humilde permite a otro que le diga qué hacer, hacia donde ir, cuál es el camino. Por eso el salmo nos hará repetir “acuérdate, Señor, de tu compasión” (v. 6), sabedor de que es solo la misericordia divina, junto con nuestra humildad obediente, las que pueden llevarnos por el camino recto.

Evangelio: El perdón es la regla de oro a través de la cual llegamos a conectar con nuestro ser. Es lo único que de verdad alivia y que de verdad sana. Muchas enfermedades mortales tienen que ver con el resentimiento, con la culpa. El perdón genera una sensación de absoluta libertad, porque nos permite desprendernos de esos sentimientos. Todas las enfermedades del aparato digestivo, tienen mucho que ver con la actitud de soltar, de desprendernos de las cosas, y no lo sabemos hacer. La verdadera posibilidad de redescubrirnos en términos de absoluta libertad, vienen a través del perdón. Perdonar es un verbo, indica acción. Pero el hombre siempre se ha preguntado: ¿Cómo perdonar? Hay mucha gente que te dice «Yo ya perdoné», pero se encuentra con la persona perdonada, o se enfrenta de nuevo a la misma situación, y se eriza. No ha perdonado nada. El sentimiento permanece ahí, te lo dice tu cuerpo, tu sentimiento, el recuerdo. He conocido a muchas personas que en un momento determinado de su vida tuvieron mucho dinero, se asociaron con alguien que provocó su ruina y que a continuación se pasaron veinte años lamentándolo. ¿Qué significa esto? Que prefirieron quedarse con el papel de víctima impotente y arruinada y no con el de persona emprendedora con potencial para hacer dinero que fueron antes de asociarse. Asumieron el papel de víctimas, se arruinaron y a partir de entonces el mensaje que transmiten es: «Te voy a demostrar el daño que me hiciste, y puedo llegar hasta lo último en mi vida, hasta la muerte para castigarte». Y resulta que la otra persona está disfrutando con el dinero; es gente que se daña a sí misma por el miedo a perdonar. No se trata de la falsa noción de que perdón es presentarse de rodillas ante la otra persona. Es común esa noción de que perdonar es volver a meter en nuestra casa a la persona que a lo mejor nos sacó de ella. Pero no es eso. La idea real del perdón es llegar a sentir que nunca pasó, que nunca te hicieron daño porque en realidad nadie tiene capacidad de hacerte para hacerte daño. Si alguien te hiere es porque has puesto tu poder en sus manos, y ese alguien no sabe qué hacer con ese poder y te agrede. Tu ser no puede sufrir ataques, y toda defensa que hagas en tu vida va en contra de tu paz. La paz comienza cuando dejamos de querer tener la razón. (Tomado de http://usuarios.lycos.es/elbenz/perdonar.htm)

Meditemos:

  1. Hagamos un examen de conciencia: ¿Tenemos el corazón contrito y humillado? ¿En qué debemos pedir perdón a Dios?
  2. ¿Dejamos a Dios mostrarnos sus caminos, enseñarnos a caminar por ellos? ¿De qué modo experimento la “bondad” y la “rectitud” divinas?
  3. ¿A quién, a quiénes, no he perdonado todavía? ¿Qué razones me impiden perdonar?

 


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