Sábado 21 – Feria – Morado / Misa: del propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo. 1ras Vísperas del 4° domingo de Cuaresma.
Primera lectura
Lectura del libro del Oseas 6, 1-6
Quiero amor y no sacrificios
1"Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas. 2Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia. 3Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra". 4¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío de pronto se disipa. 5Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz. 6Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 51 (50), 3-4. 18-21ab (R.: Os 6, 6)
R. Quiero amor y no sacrificios.
3¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! 4¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.
18Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas: 19mi sacrificio es un espíritu contrito, tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.
20Trata bien a Sión por tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén, 21Entonces aceptarás los sacrificios rituales, las oblaciones y los holocaustos. R.
Versículo antes del Evangelio: Cf. Salmo 94, 8ab
“No endurezcan hoy su corazón, sino escuchen la voz del Señor”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 9-14
El publicano volvió a su casa justificado
9Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: 10"Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. 11El fariseo, de pie, oraba así: "Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. 12Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas". 13En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!". 14Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: Para Oseas el amor vale mucho más que los ritos, las costumbres, o cualquier devoción religiosa. El mismo que desgarró y golpeó nos ha de sanar y vendar. Dios nos ha castigado, pero por su misericordia nos vuelve a la vida. El v. 2 es como el anticipo de lo que hará con Jesús, y él con nosotros: “después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia”; la vida, la muerte, la resurrección final. El único camino para lograr la redención final es que nuestro amor ya no sea una “nube matinal”, “como el rocío que pronto se disipa” (v. 4). ¿Cuál debe ser el cambio? “amor y no sacrificios” “conocimiento de Dos más que holocaustos” (v. 5). De eso se trata, de dar lugar al amor, a la benevolencia, a la misericordia que habita en cada uno de nosotros y no permitirnos vivir solamente de ritos, que por sí solos nada llenan, nada conforman. Son como una botella, pueden contener mucha o poco agua, pero si no la tienen de nada sirven, están vacías.
Salmo: El salmo nos hará repetir “quiero amor y no sacrificios” para que no olvidemos lo que el Señor desea de nosotros. Por eso invita a Dios a tener piedad, misericordia de nosotros pobres pecadores. Llega a conmover el salmista al decirnos: “mi sacrificio es un espíritu contrito, tu no desprecias el corazón contrito y humillado” (v. 19). De hecho le está diciendo a Dios que acepta su culpa, su pecado, pero que le pide perdón, misericordia, que lo haga “por su bondad” (v. 20). Una vez convertida el alma de los creyentes, Dios, aceptará de nuevo el culto sagrado, aceptará los ritos que manifiestan que hay comunión entre ambos (v. 21).
Evangelio: Jesús nos contrapone dos figuras casi como en caricatura de dos actitudes humanas: el publicano y el fariseo. Ambos van a “orar”. Uno lo hace dando gracias, lo cual es solo una excusa para manifestar sus “grandes” obras. Para denostar a los demás, para mostrar todo el desprecio que tiene por los que no se comportan “bien” como él. El otro, el publicano, se mantiene lejos, retirado, y ni siquiera puede tener la cabeza en alto. Este último se golpea el pecho, como signo de profundo arrepentimiento, y solo se anima a decir: "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!" (v. 13). Jesús asegura que el último fue perdonado, justificado; da las razones: “el que se ensalza será humillado, el que se humilla será ensalzado” (v. 14).
Meditemos:
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