Primera lectura
Lectura del libro de los Números 21, 4-9.
Cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado
4Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edom. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia 5y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!”. 6Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. 7El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes”. Moisés intercedió por el pueblo, 8y el Señor le dijo: “Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado”. 9Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 102 (101), 2-3. 16-21 (R.: 2)
R. Señor, escucha mi oración y llegue a ti mi clamor.
2Señor, escucha mi oración y llegue a ti mi clamor; 3no me ocultes tu rostro en el momento del peligro; inclina hacia mí tu oído, respóndeme pronto, cuando te invoco. R.
16Las naciones temerán tu Nombre, Señor, y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria: 17cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso en medio de ella; 18cuando acepte la oración del desvalido y no desprecie su plegaria. R.
19Quede esto escrito para el tiempo futuro y un pueblo renovado alabe al Señor: 20porque él se inclinó desde su alto Santuario y miró a la tierra desde el cielo, 21para escuchar el lamento de los cautivos y librar a los condenados a muerte. R.
Versículo antes del Evangelio:
“La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 21-30
Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy
21Jesús les dijo también: “Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir”. 22Los judíos se preguntaban: ¿Pensará matarse para decir: “Adonde yo voy, ustedes no pueden ir”? 23Jesús continuó: “Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. 24Por eso les he dicho: “Ustedes morirán en sus pecados”. Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”. 25Los judíos le preguntaron: “¿Quién eres tú?”. Jesús les respondió: “Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. 26De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo”. 27Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre. 28Después les dijo: “Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. 29El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada”. 30Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.
Palabra del Señor.
Comentario:
En la primera lectura, Dios utiliza el mismo mal para hacer el bien. Como un remedio homeopático, la serpiente de bronce será el medicamento para sanar al que mire con fe. Es que Dios muestra que su poder no se reduce a lo que nosotros pensamos de él… no, su poder supera nuestra imaginación, supera nuestra pobre mente, de lo malo también Dios puede hacer un medicamento para nuestra vida: ¡solo basta tener fe!
El evangelio expresa lo mismo que la primera lectura: Dios sacará de la muerte de Jesús vida en abundancia para todo el mundo. Jesús sabe que destino le espera, sabe que la muerte ignominiosa es el final de su camino por el mundo… gustoso entrega su vida por todos nosotros, con una fe inquebrantable obedece al Padre que hace el intercambio sagrado de la vida de su Hijo por la nuestra, la de toda la humanidad. Dios no se deja superar en generosidad: entrega su propia vida para que nosotros, inmerecidamente, vivamos para siempre con él. Solo hay que mirar la cruz de Cristo y confesar que él es el Señor.
Meditemos:
Tags: lectura diaria
Primera lectura
Lectura del libro del profeta Daniel 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62
Ahora tengo que morir, siendo inocente
1Había en Babilonia un hombre llamado Joaquín. 2El se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy hermosa y temía a Dios, 3porque sus padres eran justos y habían instruido a su hija según la Ley de Moisés. 4Joaquín era muy rico y tenía un jardín contiguo a su casa. Muchos judíos iban a visitarlo, porque era el más estimado de todos. 5Aquel año, se había elegido como jueces a dos ancianos del pueblo. A ellos se refiere la palabra del Señor: “La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y de los jueces que se tenían por guías del pueblo”. 6Esos ancianos frecuentaban la casa de Joaquín y todos los que tenían algún pleito acudían a ellos. 7Hacia el mediodía, cuanto todos ya se habían retirado, Susana iba a pasearse por el jardín con su esposo. 8Los dos ancianos, que la veían todos los días entrar para dar un paseo, comenzaron a desearla. 9Ellos perdieron la cabeza y apartaron sus ojos para no mirar al Cielo y no acordarse de sus justos juicios. 15Una vez, mientras ellos aguardaban una ocasión favorable, Susana entró como en los días anteriores, acompañada solamente por dos jóvenes servidoras, y como hacía calor, quiso bañarse en el jardín. 16Allí no había nadie, fuera de los ancianos, escondidos y al acecho. 17Ella dijo a las servidoras: “Tráiganme la crema y los perfumes, y cierren la puerta del jardín para que pueda bañarme”. 19En cuanto las servidoras salieron, ellos se levantaron y arrojándose sobre ella le dijeron: 20“La puerta del jardín está cerrada y nadie nos ve. Nosotros ardemos de pasión por ti; consiente y acuéstate con nosotros. 21Si te niegas, daremos testimonio contra ti, diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías hecho salir a tus servidoras”. 22Susana gimió profundamente y dijo: “No tengo salida: si consiento me espera la muerte, si me resisto no escaparé de las manos de ustedes. 23Pero prefiero caer entre sus manos sin haber hecho nada, que pecar delante del Señor”. 24Susana gritó con todas sus fuerzas; los dos ancianos también se pusieron a gritar contra ella, 25y uno de ellos corrió a abrir la puerta del jardín. 26Al oír esos gritos en el jardín, la gente de la casa se precipitó por la puerta lateral para ver lo que ocurría, 27y cuando los ancianos contaron su historia, los servidores quedaron desconcertados, porque jamás se había dicho nada semejante de Susana. 28Al día siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido, también llegaron los ancianos con la intención criminal de hacer morir a Susana. 29Ellos dijeron en presencia del pueblo: “Manden a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín”. Fueron a buscarla, 30y ella se presentó acompañada de sus padres, sus hijos y todos sus parientes. 33Todos sus familiares lloraban, lo mismo que todos los que la veían. 34Los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y le pusieron las manos sobre la cabeza. 35Ella, bañada en lágrimas, levantó sus ojos al cielo, porque su corazón estaba lleno de confianza en el Señor. 36Los ancianos dijeron: “Mientras nos paseábamos solos por el jardín, esta mujer entró allí con dos servidoras; cerró la puerta y después hizo salir a las servidoras. 37Entonces llegó un joven que estaba escondido y se acostó con ella. 38Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver la infamia, nos precipitamos hacia ellos. 39Los vimos abrazados, pero no pudimos atrapar al joven, porque él era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta, se escapó. 40En cuanto a ella, la apresamos y le preguntamos quién era ese joven, 41pero ella no quiso decirlo. De todos esto somos testigos”. La asamblea les creyó porque eran ancianos y jueces del pueblo, y Susana fue condenada a muerte. 42Pero ella clamó en alta voz: “Dios eterno, tú que conoces los secretos, tú que conoces todas las cosas antes que sucedan, 43tú sabes que ellos han levantado contra mí un falso testimonio. Yo voy a morir sin haber hecho nada de todo lo que su malicia ha tramado contra mí”. 44El Señor escuchó su voz: 45cuando la llevaban a la muerte, suscitó el santo espíritu de un joven llamado Daniel, 46que se puso a gritar: “¡Yo soy inocente de la sangre de esta mujer!”. 47Todos se volvieron hacia él y le preguntaron: “¿Qué has querido decir con esto?”. 48De pie, en medio de la asamblea, él respondió: “¿Son ustedes tan necios, israelitas? ¡Sin averiguar y sin tener evidencia ustedes han condenado a una hija de Israel! 49Vuelvan al lugar del juicio, porque estos hombres han levantado un falso testimonio contra ella”. 50Todo el pueblo se apresuró a volver, y los ancianos dijeron a Daniel: “Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos qué piensas, ya que Dios te ha dado la madurez de un anciano”. 51Daniel les dijo: “Sepárenlos bien a uno del otro y yo los interrogaré”. 52Cuando estuvieron separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: “¡Hombre envejecido en el mal! Ahora han llegado al colmo los pecados que cometías anteriormente 53cuando dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, a pesar de que el Señor ha dicho: “No harás morir al inocente y al justo”. 54“Si es verdad que tú la viste, dinos bajo qué árbol los has visto juntos”. El respondió: “Bajo una acacia”. 55Daniel le dijo entonces: “Has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios ya ha recibido de él tu sentencia y viene a partirte por el medio”. 56Después que lo hizo salir, mandó venir al otro y le dijo: “¡Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te ha descarriado, el deseo ha pervertido tu corazón! 57Así obraban ustedes con las hijas de Israel, y el miedo hacía que ellas se les entregaran. ¡Pero una hija de Judá no ha podido soportar la iniquidad de ustedes! 58Dime ahora, ¿bajo qué árbol los sorprendiste juntos?”. El respondió: “Bajo un ciprés”. 59Daniel le dijo entonces: “Tú también has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios te espera con la espada en la mano, para partirte por el medio. Así acabará con ustedes”. 60Entonces toda la asamblea clamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él. 61Luego, todos se levantaron contra los dos ancianos, a los que Daniel por su propia boca había convencido de falso testimonio, y se les aplicó la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo: 62Para cumplir la Ley de Moisés, se los condenó a muerte, y ese día se salvó la vida de una inocente.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 23 (22), 1-6. (R.: 4ab)
R. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo.
1El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. 2El me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas 3y repara mis fuerzas. R.
3Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. 4Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.
5Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.
6Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. R.
Versículo antes del Evangelio: Ez 33, 11
“Juro por mi vida -oráculo del Señor- que yo no deseo la muerte del malvado, sino que se convierta de su mala conducta y viva”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 1-11
El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra
1Jesús fue al monte de los Olivos. 2Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a el. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. 3Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, 4dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”. 6Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. 7Como insistían, se enderezó y les dijo: “El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. 8E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. 9Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, 10e incorporándose, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?”. 11Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante”.
Palabra del Señor.
Comentario:
En la primera lectura se nos cuenta la historia de Susana, que nos conmueve porque nos devuelve al mundo de la injustica y el desamparo para los débiles. Su oración es escuchada por Dios, que suscita en el joven Daniel su espíritu de justicia. Los malos terminan mal, los buenos salvan la vida. Esto solo es posible si nos entregamos a Dios, quien en su infinita misericordia, escucha nuestra oración confiada y termina trastocando las apariencias de muerte en aurora de vida.
El evangelio nos presenta, quizá la más hermosa pieza del amor divino hacia el pecador. La mujer es verdaderamente culpable de adulterio, sin embargo Jesús ejerce misericordia, y obliga a los que intentan condenarla que miren en su interior y vean su propia maldad. La ternura y misericordia de Jesús se muestra plenamente en los vv. 10-11 cuando le pregunta a la mujer: ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado? Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante”. Esa es la mejor instantánea de Jesús: perdón de Dios para el hombre. Él apunta a un futuro mejor, aunque el pasado y el presente dejen mucho que desear.
Meditemos:
Tags: lectura diaria
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Jeremías (31, 31-34)
Haré una alianza nueva y no recordaré sus pecados
31Llegarán los días -oráculo del Señor- en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. 32No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque yo era su dueño -oráculo del Señor-. 33Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días -oráculo del Señor-: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. 34Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: "Conozcan al Señor". Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande -oráculo del Señor-. Porque yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 51 (50), 3-4. 12-15 (R.: 12a)
R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
3¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! 4¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.
12Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. 13No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. R.
14Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga: 15yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Hebreos (5, 7-9)
Aprendió a obedecer y se ha convertido en autor de salvación eterna
7El dirigió durante su vida terreno súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. 8Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. 9De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.
Palabra de Dios.
Versículo antes del Evangelio: Juan 12, 26
“El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 12, 20–33
Si el grano de trigo que cae en la tierra muere, da mucho fruto
20Entre los que había subido para adorar durante la fiesta, había unos griegos 21que se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: "Señor, queremos ver a Jesús". 22Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. 23El les respondió: "Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. 24Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 25El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. 26El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. 27Mi alma ahora está turbada, ¿Y qué diré: "Padre, líbrame de esta hora? ¡Sí, para eso he llegado a esta hora! 28¡Padre, glorifica tu Nombre!". Entonces se oyó una voz del cielo: "Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar". 29La multitud que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: "Le ha hablado un ángel". 30Jesús respondió: "Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes. 31Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; 32y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí". 33Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir.
Palabra del Señor.
Comentario:
En la primera lectura, Dios propone una nueva alianza, no ya escrita en piedra o papel, ahora está escrita en los corazones de sus fieles (v. 33). El rompimiento de la primera alianza está fresco en el recuerdo de Dios. Ahora verá el modo de que su pueblo asuma esa ley interior con la seriedad, la responsabilidad, que es necesaria. Cuando Dios dice “porque todos me conocerán” (v. 34) no significa solamente el conocimiento intelectual, es el “saber” íntimo. Es ser una sola carne con el creador, es la comunicación de la vida divina de modo perfecto en la creatura. Por eso la “iniquidad”, entre todas la iniquidades la más grosera es la “infidelidad” a la alianza, es perdonada y el olvido del pecado es al consecuencia del perdón. Dios comienza una nueva vida junto a su pueblo, perdonando por amor.
El evangelio nos dice que no son solo los judíos de origen palestino los que se sienten impactados por Jesús, también estos judíos de origen griego quieren ver “a Jesús” (v. 21). Jesús responderá que ya está llegando la “hora” de ser “glorificado” (v. 23). Ya no es el tiempo de la predicación, es el tiempo de la cruz, porque esa es la glorificación del hijo del hombre. La comparación con el grano de trigo (v. 24) marca la esencia de la vida de Cristo y de los cristianos: la entrega total como modo de dar vida, y vida en abundancia. La renuncia en la entrega de la vida es el modo, paradójico, de vivir eternamente. Quien todo lo da, todo lo recibe. Pero Jesús es también humano, duda, y se turba (v. 27); darlo todo implica el aniquilamiento, la renuncia total. Entonces surge la tentación de “librarse de esta hora” (v. 27). Jesús se reafirma en su decisión primigenia, en su SI inicial. La conclusión lógica es que la muerte empieza a ser señora de la vida, pero por poco tiempo.
Meditemos:
Tags: lectura diaria
Sábado 21 – Feria – Morado / Misa: del propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo. 1ras Vísperas del 5° domingo de Cuaresma.
Primera lectura
Lectura del libro del Jeremías 11, 18-20
Yo era como un manso cordero, llevado al matadero
18El Señor de los ejércitos me lo ha hecho saber y yo lo sé. Entonces tú me has hecho ver sus acciones. 19Y yo era como un manso cordero, llevado al matadero, sin saber que ellos urdían contra mí sus maquinaciones: “¡Destruyamos el árbol mientras tiene savia, arranquémoslo de la tierra de los vivientes, y que nadie se acuerde más de su nombre!”. 20Señor de los ejércitos, que juzgas con justicia, que sondeas las entrañas y los corazones, ¡que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he confiado mi causa!
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 7, 2-3. 9bc-10. 11 (R.: 2a)
R. Señor, Dios mío, en ti me refugio.
2Señor, Dios mío, en ti me refugio: sálvame de todos los que me persiguen; 3líbrame, para que nadie pueda atraparme como un león, que destroza sin remedio. R.
9Júzgame, Señor, conforme a mi justicia y de acuerdo con mi integridad. 10¡Que se acabe la maldad de los impíos! Tú que sondeas las mentes y los corazones, tú que eres un Dios justo, apoya al inocente. R.
11Mi escudo es el Dios Altísimo, que salva a los rectos de corazón. 12Dios es un Juez justo y puede irritarse en cualquier momento. R.
Versículo antes del Evangelio: Cf. Lucas 8, 15
“Felices los que retienen la palabra de Dios con un corazón bien dispuesto y dan fruto gracias a su constancia”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 7, 40-53
¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea?
40Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: “Este es verdaderamente el Profeta”. 41Otros decían: “Este es el Mesías”. Pero otros preguntaban: “¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? 42¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?”. 43Y por causa de él, se produjo una división entre la gente. 44Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él. 45Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: “¿Por qué no lo trajeron?”. 46Ellos respondieron: “Nadie habló jamás como este hombre”. 47Los fariseos respondieron: “¿También ustedes se dejaron engañar? 48¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? 49En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita”. 50Nicodemo, uno de ellos, que había ido a ver a Jesús, les dijo: 51“¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?”. 52Le respondieron: “¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta”. 53Y cada uno regresó a su casa.
Palabra del Señor.
Comentario:
La liturgia nos va haciendo llegar, a través de los textos bíblicos, al momento de nuestra salvación, por la muerte y resurrección de Jesucristo. Hoy se nos muestra la maldad de aquellos que no creen en el Señor y deciden su muerte sin darle le derecho a defenderse de sus acusaciones. La lectura de Jeremías, primera lectura, nos sitúa en la interioridad del hombre perseguido, acusado son fundamentos: es un pobre cordero. El salmo nos invita a la oración de los que se confían en Dios, de los que saben que todas las injusticias serán enderezadas por el “Dios justo”. El evangelio relata la gran división del pueblo a causa de Jesús, los poderosos quieren su muerte, los humildes y sencillos lo reconocen como alguien distinto. Los malos fabulan que Jesús les engaña, que el Señor es un mentiroso… Nicodemo saldrá en defensa de Jesús, lo hará con argumentos de la propia ley que ellos dicen defender: no se puede juzgar sin escuchar al reo. La burla sobre Nicodemo, “¿tú también eres galileo?” (v. 52) es la respuesta de los que no quieren la verdad. El proceso de Jesús está empezando, seremos testigos de él en las semanas siguientes.
Meditemos:
Tags: lectura diaria
Viernes 20 – Feria – Morado / Misa: del propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo. Día penitencial: Abstinencia
Primera lectura
Lectura del libro de la Sabiduría 2, 1a. 12-22
Condenémoslo a una muerte infame
1Los impíos se dicen entre sí, razonando equivocadamente: “12Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. 13Él se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. 14Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable, 15porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes. 16Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. Él proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios. 17Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final. 18Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos. 19Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. 20Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará”. 21Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido. 22No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 34 (33), 17-18. 19-20. 21 y 23 (R.: 19a)
R. El Señor está cerca del que sufre.
17El Señor rechaza a los que hacen el mal para borrar su recuerdo de la tierra. 18Cuando ellos claman, el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias. R.
19El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos. 20El justo padece muchos males, pero el Señor lo libra de ellos. R.
21El cuida todos sus huesos, no se quebrará ni uno solo. 23El Señor rescata a sus servidores, y los que se refugian en él no serán castigados. R.
Versículo antes del Evangelio: Mateo 4, 4b
“El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30
Quisieron detenerlo, pero todavía no había llegado su hora
1Después de esto, Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo. 2Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. 10Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver. 25Algunos de Jerusalén decían: “¿No es este aquel a quien querían matar? 26¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? 27Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es”. 28Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: “¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. 29Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió”. 30Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.
Palabra del Señor.
Comentario:
Juan ubica el drama mesiánico en el interior de la historia del pueblo de Dios; en particular, une la vida de Jesús con las celebraciones de las grandes fiestas hebreas, que tenían como objetivo mantener viva la memoria de las grandes obras de Dios. Como siempre, en el cuarto evangelio, los pequeños detalles adquieren un valor simbólico. ¿Por qué aparece el complot contra Jesús pocos días antes de la celebración de la fiesta de las Tiendas? En esta fiesta se agradecía a Dios las cosechas y se recordaban los cuarenta años pasados en el desierto. Se construían chozas con ramas –también en Jerusalén–, a las que se iba a meditar: retiro en un desierto simbólico.
La controversia que relata Juan se sitúa precisamente en vísperas de este tiempo propicio a la reflexión. Es como si Jesús hiciese un último esfuerzo para invitar a los adversarios a reflexionar sobre su persona y sobre su “obras”. Sabemos que el resultado fue negativo. ¿No podríamos quizá nosotros, acogiendo la sugerencia de la liturgia de hoy, hacer este alto en nuestro camino hacia la Pascua, tomarnos un tiempo para dedicarlo a releer y meditar este texto tan denso e inagotable, para interrogarnos más profundamente sobre el misterio de la persona de Jesús y adherirnos a él con mayor amor? (tomado de Lectio Divina III, verbo divino, pág. 298-9).
Meditemos:
Tags: lectura diaria
Primera lectura
Lectura del libro del Éxodo 32, 7-14
Arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo
7El Señor dijo a Moisés: “Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. 8Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: “Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto”. 9Luego le siguió diciendo: “Ya veo que este es un pueblo obstinado. 10Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación”. 11Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: “¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa? 12¿Por qué tendrán que decir los Egipcios: “El los sacó con la perversa intención de hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra?”. Deja de lado tu indignación y arrepiéntete del mas que quieres infligir a tu pueblo. 13Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: “Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia”. 14Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 106 (105), 19-20. 21-22. 23 (R.: 4a)
R. Acuérdate de mí, Señor, por el amor que tienes a tu pueblo.
19En Horeb se fabricaron un ternero, adoraron una estatua de metal fundido: 20así cambiaron su Gloria por la imagen de un toro que come pasto. R.
21Olvidaron a Dios, que los había salvado y había hecho prodigios en Egipto, 22maravillas en la tierra de Cam y portentos junto al Mar Rojo. R.
23El Señor amenazó con destruirlos, pero Moisés, su elegido, se mantuvo firme en la brecha para aplacar su enojo destructor. R.
Versículo antes del Evangelio: Juan 3, 16
“Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 5, 31-47
El que los acusará será Moisés, en el que han puesto su esperanza
31Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría. 32Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero. 33Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. 34No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes. 35Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz. 36Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado. 37Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, 38y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió. 39Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí, 40y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida. 41Mi gloria no viene de los hombres. 42Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes. 43He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir. 44¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios? 45No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza. 46Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí. 47Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?".
Palabra del Señor.
Comentario:
–Éxodo 32,7-14: Arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Moisés intercede ante Dios que quiere castigar a su pueblo por haber sido infiel a la alianza, y obtiene el perdón. Dios, que es misericordioso y fiel, perdona la infidelidad de su pueblo por la intercesión de Moisés. En esa gran misericordia se manifiesta de forma máxima su omnipotencia, dice Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica, 2-2 30,4). Casiano explica que la misericordia de Dios perdona y mueve a conversión:
“En ocasiones Dios no desdeña visitarnos con su gracia, a pesar de la negligencia y relajamiento en que ve sumido nuestro corazón... Tampoco tiene a menos hacer nacer en nosotros abundancia de pensamientos espirituales. Por indignos que seamos, suscita en nuestra alma santas inspiraciones, nos despierta de nuestro sopor, nos alumbra en la ceguedad en que nos tiene envueltos la ignorancia, y nos reprende y castiga con clemencia. Más aún, su gracia se difunde en nuestros corazones para que ese toque divino nos mueva a compunción y nos haga sacudir la inercia que nos paraliza” (Colaciones, 4).
San Gregorio Magno ensalza la misericordia de Dios:
“¡Qué grande es la misericordia de nuestro Creador! No somos ni siquiera siervos dignos, pero Él nos llama amigos. ¡Qué grande es la dignidad del hombre que es amigo de Dios!” (Homilía 27 sobre los Evangelios). “La suprema misericordia no nos abandona, ni siquiera cuando la abandonamos” (Homilía 36 sobre los Evangelios).
–El pueblo pecó adorando a un becerro. La historia de Israel es la historia de su infidelidad a la alianza. Pero Moisés intercede y Dios, rico en misericordia, vuelve a perdonar. El Señor es fiel para siempre.
–Proclamamos esto con el Salmo 105: “En Horeb se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición; cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba. Se olvidaron de Dios, su salvador, que había hecho prodigios en Egipto, maravillas en el país de Cam, portentos en el Mar Rojo. Dios hablaba de aniquilarlos; pero Moisés, su elegido, se puso en la brecha frente a Él, para apartar su cólera del exterminio. Acuérdate de nosotros por amor a tu pueblo”. Y Dios perdona a su pueblo.
–Juan 5,31-47: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza, será vuestro acusador. Juan Bautista había dado testimonio acerca de Jesús. También las Escrituras daban testimonio sobre Él. Pero ahora es Dios mismo quien atestigüe la verdad de las palabras de Jesús, mediante las obras que las acompañan. San Agustín dice:
“¿Por qué creéis que en las Escrituras está la vida eterna? Preguntadle a ellas de quién dan testimonio y veréis cuál es la vida eterna. Por defender a Moisés ellos quieren repudiar a Cristo, diciendo que se opone a las instituciones y preceptos de Moisés”.
“Pero Jesús los deja convictos de su error, sirviéndose como de otra antorcha... Moisés dio testimonio de Cristo, Juan dio testimonio de Cristo y los profetas y apóstoles dieron también testimonio de Cristo... Y Él mismo, por encima de todos estos testimonios, pone el testimonio de sus obras. Y Dios da testimonio de su Hijo de otra manera: muestra a su Hijo por su Hijo mismo, y por su Hijo se muestra a Sí mismo. El hombre que logre llegar a Él no tendrá ya necesidad de antorcha y, avanzando en lo profundo, edificará sobre roca viva” (Tratado 23 sobre el Evangelio de San Juan, 2-4).
Tomado de http://www.mscperu.org/domingos/ssPP_anyoliturg/ssPPCuaresma/4_semana_de_cuaresma.htm
Meditemos:
Tags: lectura diaria
Primera lectura
Lectura del libro del profeta Isaías 7, 10-14; 8, 10
Miren la virgen está embarazada
710Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos: 11“Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas”. 12Pero Ajaz respondió: “No lo pediré ni tentaré al Señor”. 13Isaías dijo: “Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? 14Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel. 10Hagan un proyecto: ¡fracasará! Digan una palabra: ¡no se realizará! Porque Dios está con nosotros”.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 40 (39), 7-11 (R.: 8a y 9a)
R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
7Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, 8entonces dije: “Aquí estoy”. R.
9“En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo. Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón”. R.
10Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor. R.
11No escondí tu justicia dentro de mí, proclamé tu fidelidad y tu salvación, y no oculté a la gran asamblea tu amor y tu fidelidad. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Hebreos (10, 4-10)
Está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”
4porque es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados. 5Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo: “Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. 6No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. 7Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer, Dios, tu voluntad”. 8El comienza diciendo: “Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios”, a pesar de que están prescritos por la Ley. 9Y luego añade: “Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad”. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo. 10Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados pro la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.
Palabra de Dios.
Versículo antes del Evangelio: Juan 1, 14ab
“La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo
26En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. 28El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”. 29Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. 30Pero el Ángel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido. 31Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; 32él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. 34María dijo al Ángel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?”. 35El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. 36También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, 37porque no hay nada imposible para Dios”. 38María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Ángel se alejó.
Palabra del Señor.
Comentario:
Hablamos mucho hoy de opción por los pobres y de opción por el pueblo. Pero no vamos a pensar que es una creación nuestra. El primero en hacer esas opciones fue Dios mismo. La fiesta que hoy celebramos es un maravilloso ejemplo de esa forma de actuar de Dios en su relación con las personas. La Anunciación marca el momento en el que todo el plan de salvación, la voluntad de Dios de llevar a la humanidad a una nueva vida en plenitud y armonía pende de la palabra de una persona. El Dios que nos ha creado libres se fía de tal modo de nuestra libertad que consulta con nosotros, nos pide permiso para llevar adelante su plan. Dios no invade nuestro mundo ungido con su fuerza todopoderosa y terrible. Dios se acerca sin hacer ruido, llama a la puerta y hace depender todo de la respuesta y colaboración de nosotros, de cada uno de nosotros. ¡Qué ejemplo enorme de respeto! Pero no sólo eso. No se buscó a los poderosos de este mundo, a los que oficialmente tenían poder para abrir y cerrar las puertas de sus reinos a la presencia de Dios, a los que tenían poder para obligar a las personas a seguir una determinada fe. Dios se dirige a los humildes y sencillos. Una sencilla chica de Galilea es la destinataria del mensaje del ángel. Ya el hecho del envío del ángel es una señal de cómo Dios cree en nosotros. Él cree en nuestra libertad, cree en nuestra responsabilidad.
El Dios que nos ha creado libres respeta de tal modo nuestra libertad, que no quiere salvarnos sin nuestro consentimiento. Cuando se acerca a nosotros no lo hace de modo paternalista y autoritario. No nos trata como a niños. Dios entra en relación con cada uno de nosotros, nos invita a sentirnos libres y responsables. Llama a nuestra puerta y solamente entra si le abrimos. Es nuestra oportunidad. Es nuestra responsabilidad. San Pablo dirá que "Para ser libres, Cristo nos liberó". María supo ciertamente ejercitar su libertad y responder libremente a la oferta de Dios. Con muchas limitaciones, es cierto, pero toda persona tiene una semilla de divinidad: la libertad. Esforzarnos por ser plenamente libres y creer en la libertad de nuestros hermanos son posiblemente nuestros primeros deberes como cristianos. (Tomado de http://www.mercaba.org/FICHAS/MAR%C3%8DA/anunciacion_fiesta_homilia.htm).
Meditemos:
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Primera lectura
Lectura del libro del profeta Ezequiel 47, 1-9. 12
He visto el agua que brotaba del templo, y todos aquellos a quienes alcanzó esta agua han sido salvados
1El hombre me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del Altar. 2Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho. 3Cuando el hombre salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos. 4Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a la cintura. 5Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable. 6El hombre me dijo: “¿Has visto, hijo de hombre?”, y me hizo volver a la orilla del torrente. 7Al volver, vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda. 8Entonces me dijo: “Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. 9Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas parte adonde llegue el torrente. 12Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio”.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 46 (45), 2-3. 5-6. 8-9 (R.: 8)
R. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
2Dios es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre pronta en los peligros. 3Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar. R.
5Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios, la más santa Morada del Altísimo. 6Dios está en medio de ella: nunca vacilará; él la socorrerá al despuntar la aurora. R.
8El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob. 9Vengan a contemplar las obras del Señor, él hace cosas admirables en la tierra. R.
Versículo antes del Evangelio: Salmo 51, 12ª. 14ª
“Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y devuélveme la alegría de tu salvación”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 5, 1-16
En seguida el hombre se curó
1Después de esto, se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén, 2Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. 3Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua. 4[Porque el Ángel del Señor descendía cada tanto a la piscina y movía el agua. El primero que entraba en la piscina, después que el agua se agitaba, quedaba curado, cualquiera fuera su mal.] 5Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. 6Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: “¿Quieres curarte?”. 7El respondió: “Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes”. 8Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y camina”. 9En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, 10y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: “Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla”. 11El les respondió: “El que me curó me dijo: “Toma tu camilla y camina”. 12Ellos le preguntaron: “¿Quién es ese hombre que te dijo: “Toma tu camilla y camina?”. 13Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí. 14Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: “Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía”. 15El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. 16Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.
Palabra del Señor.
Comentario:
En la primera lectura, de un hilo de agua sucia Dios hace un inmenso torrente de agua pura y dadora de vida, desde la cual todo será renovado, todo crecerá en abundancia, con grandes arboledas (v. 7). El torrente hará que quienes estén a sus orillas tengan vida (v. 9). Lo importante de este mensaje, de esta visión, es que Dios lo renueva todo y da nueva vida a los que creen en Él, es fruto de su alianza la inmensa cantidad de vida que engendra el torrente de agua saneada: “Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio” (v. 12). Es la nueva vida en plenitud, es el paraíso terrenal hecho de nuevo por la mano de Dios. En el evangelio un hombre enfermo, paralizado, tendido en su camilla, es curado por Jesús. El necesitaba ir hacia el agua, pero, como lo explica: “no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes” (v. 7). Jesús, agua viva de Dios, lo sanará, solo hace falta que el hombre desee ser sanado, desee que el poder de Dios descienda sobre él… lo demás lo hace Jesús, cuando pronuncia las palabras del milagro éste se hace efectivo: “Levántate, toma tu camilla y camina” (v. 8), Juan dice como al pasar: “En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar” (v. 9).
Meditemos:
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Primera lectura
Lectura del libro del profeta Isaías 65, 17-21
Nunca más se escucharán ni llantos ni alaridos
17Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, 18sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. 19Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos. 20Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. 21Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 30 (29), 2 y 4. 5-6. 11-12ª y 13b (R.: 2)
R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.
2Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. 4Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.
5Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, 6porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría. R.
11Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor". 12Tú convertiste mi lamento en júbilo, 13¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.
Versículo antes del Evangelio: Cf. Amós 5, 14
“Busquen el bien y no el mal, para que tengan vida, y así el Señor estará con ustedes”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 4, 43-54
Vuélvete, tu hijo vive
43Transcurridos los dos días, Jesús partió hacia Galilea. 44El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. 45Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta. 46Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaúm. 47Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo. 48Jesús le dijo: “Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen”. 49El funcionario le respondió: “Señor, baja antes que mi hijo se muera”. 50“Vuelve a tu casa, tu hijo vive”, le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. 51Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y la anunciaron que su hijo vivía. 52El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. “Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre”, le respondieron. 53El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y entonces creyó él y toda su familia. 54Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.
Palabra del Señor.
Comentario:
En este día lunes, la liturgia, insiste en la vida de renovación y la Alianza de Dios para su pueblo. El mismo Isaías marcará la llamada a una nueva tierra en la que se viven largos días, y en el evangelio Jesús sana a un niño. Isaías nos dice (Is 65, 18): “voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo”; eso es lo que Dios quiere para nosotros: alegría, bienestar, prosperidad. Aunque parece inaudito en cuaresma, la invitación es a alegrarnos, a ponernos felices. El Salmo 30 nos invita, en el v. 2, a decirle, con todo el corazón, a Dios: “Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste”. Es que el salmista reconoce de dónde y de quién le viene la salvación: solo de Dios. En el evangelio la prueba más fuerte de que Dios está con nosotros es que Jesús, viendo nuestra fe, sana la vida, herida de muerte, en cada uno de los creyentes. Es la fe del padre la que salva al niño de morir, no la del niño, y ahí descubrimos el poder de intercesión que todos tenemos para orar por los demás. Con fe puedo procurar, de Dios, la curación de mis seres queridos.
Meditemos:
Tags: lectura diaria
Primera Lectura
Lectura del libro del segundo libro de las Crónicas (36, 14-16. 19-23)
La indignación y la misericordia de Dios se manifiestan en el exilio y en la liberación de su pueblo
14De la misma manera, todos los jefes de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, imitando todas las abominaciones de los paganos, y contaminaron el Templo que el Señor se había consagrado en Jerusalén. 15El Señor, el Dios de sus padres, les llamó la atención constantemente por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. 16Pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y ponían en ridículo a sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo subió a tal punto, que ya no hubo más remedio. 20Nabucodonosor deportó a Babilonia a los que habían escapado de la espada y estos se convirtieron en esclavos del rey y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa. 21Así se cumplió la palabra del Señor, pronunciada por Jeremías: “La tierra descansó durante todo el tiempo de la desolación, hasta pagar la deuda de todos sus sábados, hasta que se cumplieron setenta años”. 22En el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, para se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, el rey de Persia, y este mandó proclamar de vida voz y por escrito en todo su reino: 23“Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá. Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, ¡que el Señor, su Dios, lo acompañe y que suba...!”.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 137 (136), 1-2. 3. 4-5 (R.: 6a)
R. Que la lengua se me pegue al paladar si no me acordara de ti.
1Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión, 2En los sauces de las orillas teníamos colgadas nuestras cítaras. R.
3Allí nuestros carceleros nos pedían cantos, y nuestros opresores, alegría: “¡Canten para nosotros un canto de Sión!”. R.
4¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor en tierra extranjera? 5Si me olvidara de ti, Jerusalén, que se paralice mi mano derecha. R.
6Que la lengua se me pegue al paladar si no me acordara de ti, si no pusiera a Jerusalén por encima de todas mis alegrías. R.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso (2, 4-10)
Muertos a causa de nuestros pecados, hemos sido salvados por su gracia
4Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, 5precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo -¡ustedes han sido salvados gratuitamente!- 6y con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo reinar con él en el cielo. 7Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús. 8Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; 9y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe. 10Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos.
Palabra de Dios.
Versículo antes del Evangelio: Juan 3, 16
“Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 14–21
Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él
14De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, 15para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. 16Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. 17Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. 19En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. 21En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios".
Palabra del Señor.
Comentario:
La primera lectura contiene una asombrosa enseñanza: perseverar en el mal lleva a la destrucción. Se relata de modo contundente como los mismos jefes del pueblo, sus sacerdotes, se apartaron del Dios de la vida. Pero Dios no tuvo en cuenta esta apostasía, envió mensajeros, a sus profetas, para que ellos mostraran el verdadero camino, ¿qué hicieron ellos?: “Pero ellos escarnecían a los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y ponían en ridículo a sus profetas” (2Cro 36, 16). No hay caso, si no sentimos el golpe, no cambiamos. Ellos fueron así, Dios lo sabía, pero envió primero la oportunidad de la reconciliación. De pronto Dios les dejó en manos de su enemigo, Nabucodonosor. La deportación, con todo lo que esta significa en pérdidas, duelos, sufrimiento… se hizo una realidad. Lo perdieron todo. Pero Dios no abandona para siempre, como lo había anunciado por Jeremías, llegó la salvación, Dios miró a su pueblo y le dio la segunda oportunidad que necesitaba: Ciro, rey de Persia, dijo: “El Señor, el Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá. Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, ¡que el Señor, su Dios, lo acompañe y que suba...!” (2Cro. 36, 23).
Por eso el Salmo 137 es el elegido por la Iglesia para hacernos valorar la situación emocional de este pueblo cautivo: llanto, recuerdos dolidos, las cítaras colgadas, sin uso, porque no hay alegría… lo único que queda en el corazón es el deseo de volver a la tierra prometida, a lo que se perdió.
La carta a los cristianos de Éfeso pone esta realidad de “extranjeros”, de “exiliados” (“cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados”) en clave de salvación: “¡ustedes han sido salvados gratuitamente!”. Pablo explica que nada de lo que pasó es mérito nuestro, es un regalo de Dios, todo es gratuito (Ef 2, 8). Por eso hay que valorar este gesto de amor de parte de Dios: sin mérito nuestro nos ha provisto de la salvación por Jesucristo, es solo “gracia, mediante la fe” (v. 8).
El texto del Evangelio está tomada de Juan y muestra un pedacito del diálogo de Jesús con Nicodemo, veamos el comentario de Teresa Okure[1]:
“Después de llamar la atención de Nicodemo sobre su propia situación, Jesús procede a enseñarle cómo y por qué puede tener lugar el nacimiento de arriba. Este nacimiento será posibilitado mediante su pasión, muerte y resurrección, o su ser “levantado” y “glorificado” (v. 14), acto mediante el cual Jesús atraerá a todos los pueblos hacia sí (ver Jn 12, 32). La referencia a la serpiente de bronce (Nm 21, 8-9) hace ver que Dios usaba el mismo instrumento de castigo del pueblo para salvar a quienes estaban dispuestos a someterse a su intervención salvadora. Por medio de la analogía, Jesús, que es rechazado, especialmente por los jefes, se presenta como el único mediador de la salvación de Dios para toda la humanidad, y ellos “mirarán al que traspasaron” (Jn 19, 37).
La necesidad de nacer de Dios, si uno quiere convertirse en hijo del reino, se enraíza en el puro e inmerecido amor de Dios al mundo (vv. 16-17). La medida de la profundidad de este amor la da el don que Dios hace de su Hijo singularmente amado, amado como nadie más es amado. Dios no podía haber dado nada más precioso para demostrar cuánto nos amaba. Rom 5, 8-11; 8, 31-39 y 1 Jn 4, 9-10 comentan este increíble amor de Dios al mundo. Juan subraya que la acción de Dios es para salvar, no para condenar ni destruir. Jesús vino a dar vida en plenitud a quienes estén dispuestos a aceptarla (Jn 10, 10). Al amar hasta la muerte en la cruz, concretó el amor de Dios a la humanidad en su propia persona (Jn 13, 1; 15, 13). El amor de Dios es la única explicación de la misión de salvación de Jesús.
La reacción de cada persona ante Jesús y su misión determina si es o no juzgada/condenada o si se aprovecha de su misión salvadora (vv. 18-21). Jesús es la luz de Dios enviada al mundo para mostrar a los hombres cómo pueden caminar en él, “el camino, la verdad y la vida”, para llegar a Dios (14, 6); quienes lo rechazan escogen permanecer en las tinieblas, en lugar de afrontar el trance de cambiar su “mala” conducta (vv. 19 –20). Con ello pronuncian su propio juicio y condenación (v. 18b), mientras que quienes aceptan a Jesús y caminan con él, o “se acercan a la luz” (v. 21), no son juzgados. Demuestran con sus hechos que, efectivamente, han nacido de Dios. 1 Jn 2, 7-11 explica lo que significa concretamente estar “en la Luz” o en “tiniebla”.
Meditemos:
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Sábado 21 – Feria – Morado / Misa: del propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo. 1ras Vísperas del 4° domingo de Cuaresma.
Primera lectura
Lectura del libro del Oseas 6, 1-6
Quiero amor y no sacrificios
1"Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas. 2Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia. 3Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra". 4¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío de pronto se disipa. 5Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz. 6Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 51 (50), 3-4. 18-21ab (R.: Os 6, 6)
R. Quiero amor y no sacrificios.
3¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! 4¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.
18Los sacrificios no te satisfacen; si ofrezco un holocausto, no lo aceptas: 19mi sacrificio es un espíritu contrito, tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.
20Trata bien a Sión por tu bondad; reconstruye los muros de Jerusalén, 21Entonces aceptarás los sacrificios rituales, las oblaciones y los holocaustos. R.
Versículo antes del Evangelio: Cf. Salmo 94, 8ab
“No endurezcan hoy su corazón, sino escuchen la voz del Señor”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 18, 9-14
El publicano volvió a su casa justificado
9Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: 10"Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. 11El fariseo, de pie, oraba así: "Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. 12Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas". 13En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!". 14Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: Para Oseas el amor vale mucho más que los ritos, las costumbres, o cualquier devoción religiosa. El mismo que desgarró y golpeó nos ha de sanar y vendar. Dios nos ha castigado, pero por su misericordia nos vuelve a la vida. El v. 2 es como el anticipo de lo que hará con Jesús, y él con nosotros: “después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia”; la vida, la muerte, la resurrección final. El único camino para lograr la redención final es que nuestro amor ya no sea una “nube matinal”, “como el rocío que pronto se disipa” (v. 4). ¿Cuál debe ser el cambio? “amor y no sacrificios” “conocimiento de Dos más que holocaustos” (v. 5). De eso se trata, de dar lugar al amor, a la benevolencia, a la misericordia que habita en cada uno de nosotros y no permitirnos vivir solamente de ritos, que por sí solos nada llenan, nada conforman. Son como una botella, pueden contener mucha o poco agua, pero si no la tienen de nada sirven, están vacías.
Salmo: El salmo nos hará repetir “quiero amor y no sacrificios” para que no olvidemos lo que el Señor desea de nosotros. Por eso invita a Dios a tener piedad, misericordia de nosotros pobres pecadores. Llega a conmover el salmista al decirnos: “mi sacrificio es un espíritu contrito, tu no desprecias el corazón contrito y humillado” (v. 19). De hecho le está diciendo a Dios que acepta su culpa, su pecado, pero que le pide perdón, misericordia, que lo haga “por su bondad” (v. 20). Una vez convertida el alma de los creyentes, Dios, aceptará de nuevo el culto sagrado, aceptará los ritos que manifiestan que hay comunión entre ambos (v. 21).
Evangelio: Jesús nos contrapone dos figuras casi como en caricatura de dos actitudes humanas: el publicano y el fariseo. Ambos van a “orar”. Uno lo hace dando gracias, lo cual es solo una excusa para manifestar sus “grandes” obras. Para denostar a los demás, para mostrar todo el desprecio que tiene por los que no se comportan “bien” como él. El otro, el publicano, se mantiene lejos, retirado, y ni siquiera puede tener la cabeza en alto. Este último se golpea el pecho, como signo de profundo arrepentimiento, y solo se anima a decir: "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!" (v. 13). Jesús asegura que el último fue perdonado, justificado; da las razones: “el que se ensalza será humillado, el que se humilla será ensalzado” (v. 14).
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Viernes 20 – Feria – Morado / Misa: del propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo. Día penitencial: Abstinencia
Primera lectura
Lectura del libro del profeta Oseas 14, 2-10
Ya no diremos más “¡Dios nuestro”! a la obra de nuestras manos
2Vuelve, Israel, al Señor de tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer. 3Preparen lo que van decir y vuelvan al Señor. Díganle: “Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios. 4Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más "¡Dios nuestro!" a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión”. 5Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos. 6Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano; 7sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano. 8Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano. 9Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto. 10¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 81 (80), 6c-11ab. 14. 17 (R.: cf. 11 y 9a)
R. Yo, el Señor, soy tu Dios; escucha mi voz.
6Oigo una voz desconocida que dice: 7Yo quité el peso de tus espaldas y tus manos quedaron libres de la carga. 8Clamaste en la aflicción, y te salvé. R.
8Te respondí oculto entre los truenos, aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá. 9Oye, pueblo mío, yo atestiguo contra ti, ¡ojalá me escucharas, Israel! R.
10No tendrás ningún Dios extraño, no adorarás a ningún dios extranjero: 11yo, el Señor, soy tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto. R.
14¡Ojalá mi pueblo me escuchara, e Israel siguiera mis caminos! 17yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo y lo saciaría con miel silvestre". R.
Versículo antes del Evangelio: Mateo 4, 17
“Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 28b-34
El Señor nuestro Dios es el único Señor, y tú lo amarás
28Un escriba se acercó y le preguntó a Jesús: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. 29Jesús respondió: “El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; 30y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. 31El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos”. 32El escriba le dijo: “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, 33y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. 34Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: En el momento de plantearnos qué nos da la felicidad, el profeta Oseas nos dice vehementemente que Dios es la única fuente de dicha. Para adquirir esa dicha la invitación divina es “vuelve” (v. 2), es un llamado a la conversión, al volver sobre los pasos, a desandar el camino mal recorrido, sin sentido, para empezar el camino que sí tiene sentido, que vale la pena. Dios pide que elijamos entre él y “Asiria” (que simboliza para nosotros todas las cosas del mundo y sus potencialidades) (v. 4). Si elegimos bien, Dios promete “seré como rocío para Israel” (v. 6), “volverán a sentarse a mi sombra” (v. 8), “¡que el sabio comprenda estas cosas! ¡Qué el hombre inteligente las entienda!” (v. 10).
Señor Dios: que busquemos la felicidad en ti. Que nos lleguemos hasta los ríos abundantes de tu amor. Para que volviendo a ti, florezcamos como el lirio, tengamos fuertes raíces como el bosque del Líbano, nuestro esplendor sea como el del olivo y nos sentemos a tu sombra a descansar de nuestras fatigas. Que seamos sabios e inteligentes para comprender tus enseñanzas y caminemos por tus rectos senderos hasta la felicidad plena y duradera, allá en el cielo. Amén.
Salmo: Este salmo nos invita a reconocer la cercanía y lejanía de Dios. Lo conocemos, pero sigue siendo desconocido para nosotros. Él nos responde desde los truenos y, aunque desobedecemos, él sigue a nuestro lado para que caminemos sin peso en las espaldas y manos. Por eso el precepto del v. 10 de solo darle culto y servirle a Él. Termina el salmo (v. 14) con el deseo de Dios: ¡Ojalá mi pueblo me escuchara, el Israel siguiera mis caminos! La promesa de Dios en el v. 17 marca su deseo de tenernos siempre a su lado, alimentados y saciados de trigo y miel. Por eso, este es el tiempo de dejarle que nos diga: “Yo, el Señor, soy tu Dios; escucha mi voz”.
Evangelio: Los escribas eran unos discutidores profesionales, no les gustaba encontrar la verdad, sino tener la razón. Por eso se enlazaban en un sinfín de discusiones y preguntas sobre lo que era esto o lo otro. Le inquieren a Jesús: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. Jesús resume, de modo admirable, la doctrina de los mandamientos: Amar a Dios y amar al prójimo. No hace falta más. San Agustín decía: “Ama y haz lo que quieras”, dando por sentado, como Jesús, que quién ama nunca, pero nunca, puede producir daño a otra persona, ni siquiera sin querer.
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Primera lectura
Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5ª.12-14ª. 16
El Señor Dios le dará el trono de David, su padre
4Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: 5"Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: 12Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. 13El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. 14Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. 16Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre".
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 89 (88), 2-5. 27. 29 (R.: 37)
R. Su linaje será perpetuo.
2Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. 3Porque tú has dicho: Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo. R.
4Yo sellé una alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: 5Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones. R.
27El me dirá: Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora. 29Le aseguraré mi amor eternamente, y mi alianza será estable para él. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma (4, 13. 16-18. 22)
Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza
13En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe. 16Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común 17como dice la Escritura: “Te he constituido padre de muchas naciones”. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen. 18Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. 22Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.
Palabra de Dios.
Versículo antes del Evangelio: Salmo 84, 5
“¡Felices los que habitan en tu Casa y te alaban sin cesar!”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 1, 16.18-21. 24a
José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor
16Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. 18Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. 19José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. 20Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. 21Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”. 24Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.
Palabra del Señor.
Comentario:
José significa "Dios me ayuda". De San José únicamente sabemos los datos históricos que San Mateo y San Lucas nos narran en el evangelio. Su más grande honor es que Dios le confió sus dos más preciosos tesoros: Jesús y María. San Mateo nos dice que era descendiente de la familia de David. Una muy antigua tradición dice que l9 de Marzo sucedió la muerte de nuestro santo y el paso de su alma de la tierra al cielo.
San Mateo narra que San José se había comprometido en ceremonia pública a casarse con la Virgen María. Pero que luego al darse cuenta de que Ella estaba esperando un hijo sin haber vivido juntos los dos, y no entendiendo aquel misterio, en vez de denunciarla como infiel, dispuso abandonarla en secreto e irse a otro pueblo a vivir. Y dice el evangelio que su determinación de no denunciarla, se debió a que "José era un hombre justo", un verdadero santo. Este es un enorme elogio que le hace la Sagrada Escritura. En la Biblia, "ser justo" es lo mejor que un hombre puede ser.
Nuestro santo tuvo unos sueños muy impresionantes, en los cuales recibió importantísimos mensajes del cielo.
En su primer sueño, en Nazaret, un ángel le contó que el hijo que iba a tener María era obra del Espíritu Santo y que podía casarse tranquilamente con Ella, que era totalmente fiel. Tranquilizando con ese mensaje, José celebró sus bodas. La leyenda cuenta que doce jóvenes pretendían casarse con María, y que cada uno llevaba en su mano un bastón de madera muy seca. Y que en el momento en que María debía escoger entre los 12, he aquí que el bastón que José llevaba milagrosamente floreció. Por eso pintan a este santo con un bastón florecido en su mano.
En su segundo sueño en Belén, un ángel le comunicó que Herodes buscaba al Niño Jesús para matarlo, y que debía salir huyendo a Egipto. José se levantó a medianoche y con María y el Niño se fue hacia Egipto.
En su tercer sueño en Egipto, el ángel le comunicó que ya había muerto Herodes y que podían volver a Israel. Entonces José, su esposa y el Niño volvieron a Nazaret.
San José, el santo del Silencio. Es un caso excepcional en la Biblia: un santo al que no se le escucha ni una sola palabra. No es que haya sido uno de esos seres que no hablaban nada, pero seguramente fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: "Sean pocas tus palabras". Quizás Dios ha permitido que de tan grande amigo del Señor no se conserve ni una sola palabra, para enseñarnos a amar también nosotros en silencio. "San José, Patrono de la Vida interior, enséñanos a orar, a sufrir y a callar".
Santa Teresa repetía: "Parece que Jesucristo quiere demostrar que así como San José lo trató tan sumamente bien a El en esta tierra, El le concede ahora en el cielo todo lo que le pida para nosotros. Pido a todos que hagan la prueba y se darán cuenta de cuán ventajoso es ser devotos de este santo Patriarca".
"Yo no conozco persona que le haya rezado con fe y perseverancia a San José, y que no se haya vuelto más virtuosa y más progresista en santidad". (tomado de www.churchforum.org.mx/santoral/Marzo/1903.htm)
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Primera lectura
Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1. 5-9
Observen los mandamientos y pónganlos en práctica
1Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que no les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. 5Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión. 6Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: "¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!". 7¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? 8¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? 9Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un sólo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 147, 12-13. 15-16. 19-20 (R.: )
R. ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!
12¡Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! 13El reforzó los cerrojos de tus puertas y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.
15Envía su mensaje a la tierra, su palabra corre velozmente; 16reparte la nieve como lana y esparce la escarcha como ceniza. R.
19Revela su palabra a Jacob, sus preceptos y mandatos a Israel: 20a ningún otro pueblo trató así ni le dio a conocer sus mandamientos. R.
Versículo antes del Evangelio: Juan 6, 63b. 68b
“Tus palabras Señor, son Espíritu y Vida; tú tienes palabras de Vida eterna”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 17-19
El que las cumpla y enseñe será considerado grande
17No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 18Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. 19El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera lectura: Esta primera lectura nos invita a “practicar” los mandamientos. No son cosas intelectuales las que nos ha enseñado el Señor. Son realidades prácticas para vivirlas todos y cada uno de nuestros días. La expresión de alabanza “¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!” (v. 6), muestra hasta dónde llega la invitación a vivir en lo concreto según las palabras de Dios. Después de enseñar la palabra de Dios se nos pide una respuesta y se nos garantiza por esa respuesta una vida feliz, una vida sabia y prudente, con éxito. Prestar atención, tener cuidado (v. 9)… llevan a recordar todo lo que Dios enseña y a no apartar el corazón (centro de las decisiones fundamentales del ser humano) de los preceptos divinos.
Salmo: El salmo nos invita a glorificar a Dios. A darle alabanza. ¿Por qué? porque Él es “tú” Dios (v. 12). Él te protege y bendice (v. 13). Como llega el invierno en manos de Dios las fuerzas de la naturaleza se domestican: la nieve, en vez de enfriar… abriga, como lana, suave y protectora. La escarcha, en vez de traer hielo, se vuelve ceniza… restos de fuego que recuerdan al hogar calentito, a la calidez de una cocina rural (vv. 15-16). Serán los preceptos enseñados por Dios lo que produce esta transmutación de los elementos: Dios trastoca las apariencias con su palabra: de algo malo sacará siempre bondad, amor y seguridad para los que creen en Él.
Evangelio: Para Jesús su venida salvadora no implica un relaje en la vida del cristiano, al contrario, el cristiano se exige mucho más que los demás, se vuelve estricto consigo mismo, al tiempo que compasivo y paciente con los demás. El verdadero creyente cumple lo que Dios le ha mandado y enseña, no impone, ese mandamiento a los otros. Solo así es considerado “grande” en el Reino de los Cielos. Por eso, en la Imitación de Cristo III, 3, de Tomás de Kempis, hablando como si fuera Dios quién lo hace, se nos dice: “Escribe tú mis palabras en tu corazón y considéralas con gran diligencia, pues el tiempo de la tentación las habrás menester (te serán necesarias). Lo que no entiendes cuando lo lees, lo conocerás el día que te visite”.
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Primera lectura
Lectura del libro del profeta Daniel 3, 25-26. 34-43
Nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables
25Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así: 26“Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, y digno de alabanza, que tu Nombre sea glorificado eternamente. 35no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo, 36a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. 37Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. 38Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias, 39y así, alcanzar tu favor. Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables 40como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti. 41Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. 42No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia. 43Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 25 (24), 4-5a. 6-9 (R.: 6a)
R. Acuérdate, Señor, de tu compasión.
4Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. 5Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.
6Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. 7No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad. R.
8El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; 9él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.
Versículo antes del Evangelio: Joel 2, 12-13
“12Pero aún ahora -oráculo del Señor- vuelvan a mí de todo corazón 13porque soy bondadoso y compasivo”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 18, 21-35
Si no perdonan de corazón a sus hermanos, tampoco el Padre los perdonará
21Entonces se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". 22Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. 24Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. 25Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. 26El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". 27El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. 28Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: "Págame lo que me debes". 29El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: "Dame un plazo y te pagaré la deuda". 30Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. 31Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. 32Este lo mandó llamar y le dijo: "¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. 33¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?". 34E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. 35Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera lectura: El versículo 39 marca la “clave” de esta primera lectura: “que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables”. Azarías comenzará su oración marcando la “gloria” de Dios (v. 26), a quién se le pide misericordia (v. 35), se mira la realidad del hoy, fruto del pecado: “hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados” y la infinita orfandad que esto provoca (v. 38). El “corazón contrito y humillado” (v. 39), es el centro y el quiebre de la oración, es el cruce de los caminos desde donde Dios produce salvación: “que nosotros te sigamos plenamente” (v. 40), “te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro” (v. 41), “trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia” (v. 42), “Líbranos conforme a tus obras maravillosas” (v. 43). Esta súplica de Azarías es la mezcla armoniosa del salmo penitencial con la oración de alabanza. Es, en este tiempo de cuaresma, la oración de todo cristiano: pedir perdón y alabar al que perdona de pura misericordia.
Salmo: Para el salmista Dios ha trazado un mapa, una hoja de ruta, para seguir el camino hasta buen puerto (v. 4) por eso interpreta que Dios guía, no como poderoso y obligadamente, sino haciendo el favor y salvando. Esta enseñanza se da por misericordia divina y con la aceptación consciente del que es salvado (v. 5). Los versículos 6 y 7 contraponen la “compasión” y el “amor” de Dios con los “pecados” y “rebeldías” nuestras. El pedido de “acuérdate” es una invitación para que Dios vuelva a ser bueno, misericordioso, fiel a sí mismo. La bondad y la rectitud se equilibra a sí mismas (v. 8), para que no haya desbordes… ni tan bueno como para permitirlo todo, ni tan recto como para extremar la dureza. Dios se mueve en un equilibrio prudente entre las dos virtudes. La humildad (v. 9) es la actitud necesaria para dejarse “guiar” por Dios. Solo el humilde permite a otro que le diga qué hacer, hacia donde ir, cuál es el camino. Por eso el salmo nos hará repetir “acuérdate, Señor, de tu compasión” (v. 6), sabedor de que es solo la misericordia divina, junto con nuestra humildad obediente, las que pueden llevarnos por el camino recto.
Evangelio: El perdón es la regla de oro a través de la cual llegamos a conectar con nuestro ser. Es lo único que de verdad alivia y que de verdad sana. Muchas enfermedades mortales tienen que ver con el resentimiento, con la culpa. El perdón genera una sensación de absoluta libertad, porque nos permite desprendernos de esos sentimientos. Todas las enfermedades del aparato digestivo, tienen mucho que ver con la actitud de soltar, de desprendernos de las cosas, y no lo sabemos hacer. La verdadera posibilidad de redescubrirnos en términos de absoluta libertad, vienen a través del perdón. Perdonar es un verbo, indica acción. Pero el hombre siempre se ha preguntado: ¿Cómo perdonar? Hay mucha gente que te dice «Yo ya perdoné», pero se encuentra con la persona perdonada, o se enfrenta de nuevo a la misma situación, y se eriza. No ha perdonado nada. El sentimiento permanece ahí, te lo dice tu cuerpo, tu sentimiento, el recuerdo. He conocido a muchas personas que en un momento determinado de su vida tuvieron mucho dinero, se asociaron con alguien que provocó su ruina y que a continuación se pasaron veinte años lamentándolo. ¿Qué significa esto? Que prefirieron quedarse con el papel de víctima impotente y arruinada y no con el de persona emprendedora con potencial para hacer dinero que fueron antes de asociarse. Asumieron el papel de víctimas, se arruinaron y a partir de entonces el mensaje que transmiten es: «Te voy a demostrar el daño que me hiciste, y puedo llegar hasta lo último en mi vida, hasta la muerte para castigarte». Y resulta que la otra persona está disfrutando con el dinero; es gente que se daña a sí misma por el miedo a perdonar. No se trata de la falsa noción de que perdón es presentarse de rodillas ante la otra persona. Es común esa noción de que perdonar es volver a meter en nuestra casa a la persona que a lo mejor nos sacó de ella. Pero no es eso. La idea real del perdón es llegar a sentir que nunca pasó, que nunca te hicieron daño porque en realidad nadie tiene capacidad de hacerte para hacerte daño. Si alguien te hiere es porque has puesto tu poder en sus manos, y ese alguien no sabe qué hacer con ese poder y te agrede. Tu ser no puede sufrir ataques, y toda defensa que hagas en tu vida va en contra de tu paz. La paz comienza cuando dejamos de querer tener la razón. (Tomado de http://usuarios.lycos.es/elbenz/perdonar.htm)
Meditemos:
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Primera lectura
Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 1-15
Había muchos leprosos en Israel, pero ninguno fue curado, sino Naamán, el sirio
1Naamán, general del ejército del rey de Aram, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él, el Señor había dado la victoria a Aram. Pero este hombre, guerrero valeroso, padecía de una enfermedad en la piel. 2En una de sus incursiones, los arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña, que fue puesta al servicio de la mujer de Naamán. 3Ella dijo entonces a su patrona: "¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría! Seguramente, él lo libraría de su enfermedad". 4Naamán fue y le contó a su señor: "La niña del país de Israel ha dicho esto y esto". 5El rey de Aram respondió: "Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel". Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, 6y presentó al rey de Israel la carta que decía: "Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad". 7Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: "¿Acaso yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un hombre de su enfermedad? Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí". 8Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey: "¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel". 9Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. 10Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: "Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio". 11Pero Naamán, muy irritado, se fue diciendo: "Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel. 12¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?". Y dando media vuelta, se fue muy enojado. 13Pero sus servidores se acercaron para decirle: "Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías dicho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!". 14Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio. 15Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: "Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 42 (41), 2-3; 43 (42) 3-4 (R.: cf. 41, 3)
R. Mi alma tiene sed del Dios viviente: ¿cuándo contemplaré el rostro de Dios?
422Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. R.
3Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios? R.
433 Envíame tu luz y tu verdad: que ellas me encaminen y me guíen a tu santa Montaña, hasta el lugar donde habitas. R.
4Y llegaré al altar de Dios, el Dios que es la alegría de mi vida; y te daré gracias con la cítara, Señor, Dios mío. R.
Versículo antes del Evangelio: Salmo 130, 5. 7
“5Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra. 7porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 24-30
Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado solamente a los judíos
En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: 24“Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. 25Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. 26Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. 27También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". 28Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron 29y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. 30Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: La curación de Naamán el sirio es un gran signo. No sólo porque él es un extranjero, no es judío. Sino también porque el milagro de la curación se realiza desde la sencillez de bañarse “siete veces en el Jordán” (v. 10). Dios está manifestando que quiere, y puede, hacer milagros donde a él le plazca. No importa la creencia de la persona, no interesa su raza, su religión, su origen, su lugar de nacimiento, su modo de ser, o actuar. Importa que se acerque decididamente y crea en que Dios puede curar, puede salvar. Dios no discrimina a la hora de hacer milagros, solo pide obediencia. Naamán esperaba ser curado de un modo espectacular, quiere la “mediación” del profeta, quiere que las cosas salgan como él lo desea, a su modo, a su costumbre. Para Dios es más sencillo, lo servidores de Naamán lo saben y por eso le dicen: “Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías dicho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!”, con lo cual indican: ¡Solo obedece y ten fe! Es que no necesita hacer algo extraordinario o espectacular para que sea un milagro. Como dice Santa Teresita del niño Jesús: “para quien quiere verlos, allí están los signos”. Solo se trata de querer hacer lo que Dios pide, el milagro viene solo, porque viene de Dios. Un punto aparte en el relato es el simbolismo con el BAUTISMO ya que será después Juan el Bautista que lleve al Jordán a los “leprosos” (pecadores) a sanarse por medio de la inmersión que hace renacer la vida.
Salmo: La búsqueda de lo divino, la sed de Dios, marca la tonalidad de este salmo. Se nos invita al deseo de Dios, a la búsqueda de Aquel que “es la alegría de mi vida” (43, 4). El alma del salmista está prendada del “rostro de Dios” (42, 3), desea con esperanza y prisa ir a contemplarlo. Busca denodadamente llegar al “altar de Dios” para darle “gracias con la cítara” (43, 4). Es una persona deseosa de encontrarse con la paz divina. Con él, nosotros repetimos “mi alma tiene sed del Dios viviente: ¿cuándo contemplaré el rostro de Dios?”, confiando poder llegar a esa contemplación.
Evangelio: Jesús recibe el mal trato, la actitud descreída de sus paisanos de Nazaret. Por eso les indica que Dios no lo envió solo para unos pocos, sino que él vino para todos. Para salvar a la humanidad. La respuesta, desmesuradamente agresiva, de ellos es el intento de asesinarlo. Jesús para entre medio de ellos sin problemas, es que su hora no ha llegado todavía, su tiempo es de predicar, no de morir. En contraste con la actitud obediente de Naamán, los paisanos de Jesús se manifiestan indolentes y agresivos. El primero es dócil, no sin “peros”; los segundos son rebeldes. El primero recibirá la gracia pedida, los segundos se quedarán sin nada. Debemos aprender a valorar el paso de Dios por nuestra vida, a dejarle hacer en nuestra existencia. Ese Dios que mira a “todos” con inmenso amor y caridad; nos mira a “nosotros” de manera privilegiada. Aprovechemos su cercanía, no para actuar como niños malcriados, sino para dejarle hacer su voluntad y obrar grandes milagros en nuestra vida.
Meditemos:
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Primera Lectura
Lectura del libro del Éxodo (20, 1-17)
La Ley fue dada por Moisés
1Entonces Dios pronunció estas palabras: 2Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud. 3No tendrás otros dioses delante de mí. 4No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. 5No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; 6y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos. 7No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano. 8Acuérdate del día sábado para santificarlo. 9Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; 10pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. 11Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo. 12Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da. 13No matarás. 14No cometerás adulterio. 15No robarás. 16No darás falso testimonio contra tu prójimo. 17No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 19 (18), 8-11 (R.: Juan 6, 68c)
R. Señor, Tú tienes palabras de Vida eterna.
8La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. R.
9Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. R.
10la palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. R.
11Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal. R.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto (1, 22-25)
Nosotros predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero sabiduría de Dios para los llamados
Hermanos: 22Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, 23nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, 24pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. 25Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.
Palabra de Dios.
Versículo antes del Evangelio: Juan 3, 16
“Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 2, 13–25
Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar
13Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén 14y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. 15Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas 16y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". 17Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. 18Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". 19Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". 20Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". 21Pero él se refería al templo de su cuerpo. 22Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. 23Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. 24Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos 25y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: Los diez mandamientos han sido siempre para nosotros la norma máxima en el camino del Señor. Se nos han fijado desde el catecismo, memorizándolos, para poder vivir según ellos el encuentro, no solo con Dios, sino también con nuestros hermanos. Podríamos decir que los diez mandamientos están divididos en dos partes:
1. Mandamientos con respecto a Dios, una relación vertical, Dios arriba y el pueblo abajo, en donde lo importante es cómo abrimos canales con la divinidad. Los versículos 3 al 11 hablan expresamente de esa relación vertical con el Salvador, con aquel que nos hizo “salir de Egipto, de un lugar de esclavitud” (v. 2).
2. Mandamientos con respecto al prójimo, una relación horizontal, de iguales. Donde la estructura marcada empieza por el “honrar” a los padres (v. 12); y va bajando la escalera de “peligrosidad” de la falta cometida: no matar (v. 13), no cometer adulterio (v. 14), no robar (v. 15), no mentir (v. 16) y no codiciar (v. 17). Aquí también lo importante son los canales de relación con los demás, para tener una familiaridad con ellos basada en el respeto y el buen trato.
Como toda normativa, los mandamientos ponen límites que intentan mantener las cosas claras y las relaciones sin desbordes. Son la base para una convivencia pacífica con Dios y con el prójimo. Es el principio, y no el fin, de una vida llena de bendiciones y bienaventuranza.
Salmo: Las palabras del Salmo nos invitan a comprender la Ley del Señor como el camino perenne, eterno, hacia su morada celestial. Decir que la Palabra de Dios es la que “reconforta el alma” (v. 8), la que da “sabiduría al simple” (v.8), la que “alegra el corazón” (v. 9), la que “ilumina los ojos” (v.9), la que “permanece para siempre” (v. 10), la que es más “dulce que la miel” (v. 11)… es decir que esa Palabra nos cambia la vida, nos hace gozoso vivir. Aprender a escuchar esas palabras de amor, aprender a vivir según ellas, dejar que sean el norte de nuestra vida, es lo que nos lleva a la Vida eterna.
Segunda Lectura: “Cristo crucificado es la sorprendente respuesta de Dios a las expectativas de la humanidad: el verdadero signo es su cruz, que libera a la humanidad de la esclavitud del mal; la mayor sabiduría es su muerte, que asume y expía la necedad de nuestro pecado para abrir a todos un destino glorioso. Pero para entenderlo hay que abandonar la lógica de este mundo, que piensa en la cruz como locura e impotencia, y adorar los designios de Dios, tan distintos de los nuestros (cf. Isaías 55, 8). Entonces podremos intuir el inefable amor de Dios por nosotros, manifestado en la pascua de Cristo”. (Lectio divina, 3; pág. 187).
Evangelio: Como en el domingo segundo de cuaresma, hoy se nos presenta la misma idea: “Dios entregó a su hijo por nosotros”. Desde este texto de Juan se nos muestra a un Jesús que destruye todo el comercio del templo judío. No se opone al servicio divino, se opone a la utilización de las cosas sagradas para bien propio (Zac 14, 21). Además Jesús sabe que el nuevo “templo” de Dios en el mundo es su propio cuerpo, el cual será “destruido” por aquellos que no entiende su mensaje. La diferencia con los templos materiales, como el de Jerusalén, está en que “destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar” (v. 19). Juan utiliza la palabra griega egeirein (hacer levantar, despertar) aplicando el término a la reconstrucción material del templo y a la resurrección del cuerpo de Jesús. Por eso en v. 21 se nos aclara: “él se refería al templo de su cuerpo”.
Jesús es el nuevo templo de Dios para encontrarse con nosotros. Por eso los cristianos ofrecemos la santa Misa todos los días (ver que Jesús también expulsa bueyes, ovejas y palomas en v. 14: él es el ocupará ese lugar y será sacrificado para la salvación de todos) para agradar a Dios y rendirle culto agradable con el único sacrificio puro y reparador, que es su Hijo único, al cual rememoramos, conmemoramos, en cada Eucaristía. La muerte y resurrección de Jesús nos traen nueva vida y nos dan la esperanza de que nosotros también seremos “levantados” de nuestras postraciones.
Meditemos:
Tags: Liturgia Diaria
Sábado 14 – Feria – Morado / Misa: del propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo. 1ras Vísperas del 3° domingo de Cuaresma.
Primera lectura
Lectura del libro del Miqueas 7, 14-15. 18-20
Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados
14Apacienta con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu herencia, al que vive solitario en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad, como en los tiempos antiguos! 15Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos tus maravillas. 18¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad. 19El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados. 20Manifestarás tu lealtad a Jacob y tu fidelidad a Abraham, como juraste a nuestros padres desde los tiempos remotos.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 103 (102), 1-4. 9-12 (R.: 8a)
R. El Señor es bondadoso y compasivo.
1Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; 2bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios. R.
3El perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; 4rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura. R.
9No acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente; 10no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.
11Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen; 12cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados. R.
Versículo antes del Evangelio: Lucas 15, 18
“Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 15, 1-3. 11b-32
Tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida
1Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. 2Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. 3Jesús les dijo entonces esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos. 12El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de herencia que me corresponde". Y el padre les repartió sus bienes. 13Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. 14Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. 15Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. 16El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. 17Entonces recapacitó y dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!". 18Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; 19 ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros". 20Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. 21El joven le dijo: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo". 22Pero el padre dijo a sus servidores: "Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. 23Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, 24porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado". Y comenzó la fiesta. 25El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. 26Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso. 27El le respondió: "Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero y engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo". 28El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, 29pero él le respondió: "Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. 30¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!". 31Pero el padre le dijo: "Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. 32Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado"”.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: El relato de Miqueas, más que contarnos algo expresa una oración, un deseo del pueblo que ha perdido la protección de Dios. La súplica del profeta apunta a pedirle a Dios que tenga piedad, que “pisotee nuestras faltas” (v. 19), que se “compadezca de nosotros”. La invitación es a confiar en que Dios mostrará sus “maravillas” (v. 15) y “no mantendrá su ira para siempre” (v. 18). Es decir, Dios perdona, Dios absuelve, Dios se olvida y tira nuestros pecados lejos: “Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados” (v. 19). La parábola del Hijo pródigo (o Padre misericordioso), relatada por Jesús en el evangelio que hoy la Iglesia nos propone en la lectura litúrgica, mostrará hasta dónde llega ese perdón extremo del Padre Dios.
Salmo: El Salmo canta la bondad de Dios e invita a bendecirlo (v. 1-2) por el “beneficio” del perdón y el rescate del sepulcro (v. 3-4), porque se olvida de nuestras faltas y nos trata bien a pesar de no merecerlo (v. 9-10), por el amor inmenso que nos tiene (v. 11-12). Por eso el responsorio nos hace repetir: “El Señor es bondadoso y compasivo” (v. 8).
Evangelio: V. 1-2: La situación que Jesús genera desconcierta los fariseos y escribas. Prefieren criticarlo a razonar y entender los motivos por los cuales Jesús obra así. Es lo de siempre. Las críticas ante lo nuevo, las murmuraciones ante actitudes diferentes, son la consecuencia del rechazo de los puritanos de siempre ante aquellos que se animan a desafiar los límites, ante aquellos que prefieren el camino del amor al del cumplimiento. V. 3: Las parábolas de la oveja y de la dracma perdidas serán como la antesala para a maravillosa parábola del Hijo prodigo, o, mejor dicho, del Padre misericordioso. En ambas parábolas precedentes la imagen es gráfica: Jesús nos muestra que Dios prefiere encontrar, a condenar. Todo lo contrario de lo que hicieron los fariseos con él. V. 11-12: El hombre de los dos hijos es el perfecto retrato de Dios. Un Dios que ama a sus dos hijos aunque estos sean totalmente diferentes uno del otro. Este hombre ama tanto que, aunque el hijo menor le pida la herencia, se la da. Tal vez ya sabe que no sabrá cuidar de los bienes. Pero un padre no puede desconfiar de lo que educó. V. 13-15: El hijo no sólo se va del padre, sino que se va lejos, como si no quisiera verlo más. No sólo es pedirle la parte de la herencia, no sólo es no vivir con él, es sobre todo rechazarlo, alejarse y hacerlo bien lejos. Pero como suele suceder cuando nos vamos porque rechazamos lo que vivimos en el lugar en que estamos, cuando huimos, el remedio es peor que la enfermedad, “salimos de Guatemala para entrar en guatepeor”. El muchacho, inmaduro, carece de valores para defender su vida. Malgasta sus bienes, y cuando “ya había gastado todo… comenzó a sufrir privaciones”. Terminará cuidando cerdos, una realidad muy distinta, no sólo de lo que él soñaba con llegar a ser, sino también, muy distinta de lo que él había sido. V. 16-19: El trabajo que ahora realizaba ni siquiera le servía para comer. Allí, en ese momento de hambre empieza a recapacitar, piensa. No es su corazón ni su cabeza, quien formula el pensamiento, es el estómago. El hambre es tan fuerte que ni siquiera el orgullo puede detenerlo. Por eso, el peor pecado que puede cometer un gobernante es mantener a su pueblo con hambre. Esto humilla, desfigura la dignidad e impide vivir de acuerdo a las convicciones y sentimientos. Quien tiene hambre no puede defenderse. El joven reconoce que no puede pedirle a papá que lo acepte de nuevo como hijo, él mismo lo había rechazado, pero sí puede suplicar ser un jornalero. El sudor de su frente, en casa de papá, sí alcanzará para comer, y hacerlo en abundancia. ¿La imagen negativa que él tenía de su padre ha cambiado? ¿Hace falta conocer otra realidad para valorar la que teníamos? V. 20-24: El joven vuelve, ¿qué pensamientos se habrán cruzado por su mente? ¿Cómo se siente volver a casa con la cabeza gacha? De todas maneras a Jesús no le interesa contarnos la experiencia interna de este joven. Le interesa más bien hablarnos de cómo es el padre, cómo se conmueve profundamente, con lujo de detalles, Jesús nos muestra el amor de este padre a su hijo: “corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó”. El amor se vive… no se proclama, amar es práctica… no teoría. ¿Cuánto hace que no muestras tu amor a tus seres queridos? ¿Qué estás esperando para hacerlo? ¿Qué se vayan? ¿Qué desaparezcan de tu vida? La enseñanza fundamental es que dos personas que se aman pudieron encontrarse, el padre recuperó a su hijo, el hijo no sólo recuperó a su padre, sino que también se recuperó a sí mismo. Por eso: comenzó la fiesta. V. 25-28: Pero había alguien que ni se esperaba la vuelta de su hermano. ¿Por qué será que aquellos que se creen perfectos, no necesitan de los demás para vivir? El hermano mayor, el hermano estricto, el hermano que necesita que el otro se humille para perdonarlo, el hermano egocéntrico que no admite fiesta sino es por él, el hermano mezquino de amor, de compasión, de afecto… “el se enojó y no quiso entrar”, anota Jesús. Lo que tal vez no soñó nunca, es ver a papá viniendo a “rogarle”. Es que papá ya no daba para sustos, había perdido y recuperado a su hijo menor. ¿Podía arriesgarse a perder al mayor? Papá sabe que no. Por eso va a rogar, a suplicar. V. 29-32: El reclamo parece justo, hasta nosotros nos atreveríamos a decir que tiene razón. ¡Está acertado al enojarse! Pero la respuesta (v. 31) que le da el padre nos muestra que no es así. El hijo mayor no sólo juzgó mal a su hermano menor, sino también a su padre. Él se auto impuso “cumplir”, cuando el padre lo único que le exigía era “amar”. Cuando el padre dice: todo lo mío es tuyo, nos está mostrando su amor generoso, su amor humilde que no dice con grandes palabras, realiza con pequeños gestos –no hace alarde-. Y remarca, el padre, no quiero perder a otro hijo, quiero a los dos conmigo: Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado. Justamente ahora, con este rogar, con la suplica, el padre está recuperando al hijo que no se fue, pero que nunca estuvo, al que siempre permaneció junto a él, pero no en espíritu. Estaban juntos, pero no eran familia. La sangre y la herencia los unía, pero no el afecto, el amor. Este hijo también estaba perdido y como el menor, fue encontrado.
Esta parábola nos enseña a ser comprensivos entre nosotros, a no juzgarnos, y mucho menos, condenarnos. “Pecadores” y “cumplidores” necesitan volver a la casa del padre que, en vez de castigar y reprender, hará fiesta.
Meditemos:
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Viernes 13 – Feria – Morado / Misa: del propio del tiempo – Liturgia de las horas: del propio del tiempo. Día penitencial: Abstinencia
Primera lectura
Lectura del libro del profeta Génesis 37, 3-4. 12-13ª. 17b-28
Ahí viene ese soñador. ¿Por qué no lo matamos?
3Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de la vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas. 4Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo. 12Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquem para apacentar el rebaño de su padre. 13Entonces Israel dijo a José: “Tus hermanos están con el rebaño de Siquem. Quiero que vayas a verlos”. José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán. 18Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte. 19“Ahí viene ese soñador”, se dijeron unos a otros. 20“¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!”. 21Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: “No atentemos contra su vida”. 22Y agregó: “No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él”. En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo. 23Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica –la túnica de mangas largas que llevaba puesta–, 24lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía. 25Luego se sentaron a comer. De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto. 26Entonces Judá dijo a sus hermanos: “¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? 27En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne”. Y sus hermanos estuvieron de acuerdo. 28Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de planta, y José fue llevado a Egipto.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 104 (103), 16-21 (R.: 5a)
R. Recuerden las maravillas que obró el Señor.
16El provocó una gran sequía en el país y agotó las provisiones, 17Pero antes envió a un hombre, a José, que fue vendido como esclavo. R.
18le ataron los pies con grillos y el hierro oprimió su garganta, 19hasta que se cumplió lo que él predijo, y la palabra del Señor lo acreditó. R.
20el rey ordenó que lo soltaran, el soberano de pueblos lo puso en libertad; 21lo nombró señor de su palacio y administrador de todos sus bienes. R.
Versículo antes del Evangelio: Jn 3, 16
“Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 21, 33-46
Éste es el heredero: vamos a matarlo
33Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. 34Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. 35Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. 36El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. 37Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo”. 38Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. 39Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. 40Cuando vuelve el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?". 41Le respondieron: “Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo”. 42Jesús agregó: “¿No han leído nunca en las Escrituras: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"? 43Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos”. 45Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. 46Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: Los celos... la búsqueda de ocupar logares de importancia sin trabajar para ello, eligiendo la muerte del adversario y no ganarse el “lugar” a puro trabajo, es lo que vemos aquí de parte de los hermanos de José. La historia triste de José, a quién Dios le mostraba en sueños para qué lo llamaba, se verá continuada (y por qué no decirlo, mejorada hasta el extremo) por Jesús. Uno sólo de los hermanos trata de salvarlo de la muerte, y gracias a Dios, para él y sus homicidas hermanos, lo logra. Será tratado como esclavo, humillado y vendido a alguien poderoso… pero Dios “escribirá derecho en renglones torcidos” no solo en la vida de este hombre, sino también en la historia del pequeño pueblo elegido. Las cosas empezaron mal y terminan bien, porque Dios actúa en la historia. José es arquetipo de Jesucristo, porque en él vemos al hombre maltratado, discriminado, violentado. José es condenado a muerte por sus hermanos, como lo será Jesús por los líderes de su pueblo; José terminará victorioso salvando a toda su familia, Jesús, por su resurrección, salvará no solo al pueblo judío, sino a toda la humanidad.
Salmo: El salmo nos invita a valorar a Dios siempre presente y obrando maravillas en nuestra vida a pesar de las situaciones angustiantes que podamos soportar. El salmista lee en clave teológica la historia de su pueblo, se convierte así en “historia de salvación”, donde lo malo sucede con un “plan”, donde las cosas difíciles que pasan no suceden por qué sí. De manera sucinta, e inteligible, relata los hechos y dándonos, en el responsorio, a modo de letanía, la llave de interpretación para lo que nos relata: “recuerden las maravillas que obró el Señor”.
Evangelio: En la parábola que hoy leemos se nos presenta la imagen del dueño de una viña, un terrateniente, que hace todo lo necesario para que su viña de “fruto”: la cerca, cava un lagar y construye la torre de vigilancia. Pero este propietario “arrenda” su viña y se va al extranjero. Esta realidad que presenta Jesús en la parábola no era rara en su época donde, en la mayor parte del imperio romano, las cosas se hacían de ese modo. La tarea de la viña podía estar a cargo de personas libres, o esclavos; en caso de ser “arrendatarios”, como en la parábola, al final de la cosecha se entregaba un 25 por ciento, o más, de las ganancias que la viña produjera. Los grandes propietarios de tierras vivían de los “arriendos” en las grandes ciudades, con muy poco contacto con la tierra arrendada. Jesús cita de manera sobrentendida la parábola de la viña de Isaías 5, 1-7, en donde se termina diciendo: “Porque la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación predilecta. ¡Él esperó de ellos equidad, y hay efusión de sangre; esperó justicia, y hay gritos de angustia!”. Sin duda alguna, el auditorio de Jesús sabía que esta parábola era una reedición de aquella y por eso lo escucharon con atención y contestaron con tanta dureza a la pregunta del v. 40: “Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?”. Fijémonos como Jesús va mostrándonos la escalada de violencia en la que caen los viñadores (v. 35-37) que golpean y matan a los enviados del dueño hasta llegar al absurdo de matar al hijo, al heredero. Así se plantean dos cosas:
1º.- Que Jesús es el “Hijo de Dios”, y que este va irremediablemente a su pasión y muerte (el final de la parábola en el v. 45, muestra con claridad quienes son los viñadores homicidas). Por eso nos decía Juan Pablo II, refiriéndose a esta parábola: En ella se manifiesta con toda evidencia la verdad sobre Cristo como Hijo mandado por el Padre. Es más, se subraya con toda claridad el carácter sacrificial y redentor de este envío. El Hijo es verdaderamente “...Aquél a quien el Padre santificó y envió al mundo” (Jn 10, 36). Así, pues, Dios no sólo “nos ha hablado por medio del Hijo... en los últimos tiempos” (Cfr. Hebr 1, 1-2), sino que a este Hijo lo ha entregado por nosotros, en un acto inconcebible de amor, mandándolo al mundo. (Juan Pablo II, Audiencia General, miércoles 24 de junio de 1987)
2º.- Que los viñadores están muy locos, o son muy tontos, ya que todos sabían que los propietarios tenían toda la ley de su lado, incluso contaban con gente dispuesta a golpear, o matar, a algún arrendatario que se pasara de listo. Es decir, era imposible que los viñadores arrendatarios se quedaran con la viña. La imagen que Jesús presenta es la de los líderes religiosos de su época que utilizaban la fe del pueblo para su propio bien y no para servir y engrandecer a Dios. Ellos abusaban de la “viña-pueblo”, sin tener en cuenta a quien realmente pertenecía. Jesús es consciente de la situación en la que está y sabe bien que, como hijo del dueño de la viña, será rechazado y asesinado; por eso cita el salmo 118, 22-23, cuando dice: “¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?” (v. 42). La piedra angular, probablemente, es la que se ponía para trabar un arco; cosa que la convertía en eje de la construcción del techo. De todos modos, al ponerse como piedra angular, Jesús se asume como el hijo rechazado y asesinado; pero también, ya en clave de resurrección, como aquel que dice: “No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor” (Sal 118, 17) y “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!” (Sal 118, 26). Dando, con claridad, su nítido conocimiento de la realidad que está viviendo. Jesús les dijo a sus oyentes: “Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos” (v. 43). Así cambia la imagen de la “viña” por la realidad del “reino de Dios”, que viene a significar algo así como “la posesión del favor y la protección de Dios”, pero sobre todo en el tiempo final. También es notorio que, aunque el auditorio responde que “esos miserables” merecen la muerte (v. 41), Jesús es más compasivo y solo habla de “quitar”. Otra cosa importante es que el nuevo “pueblo” (la Iglesia) no puede dormirse en los laureles, sino que al trabajar la viña “le hará producir sus frutos”. Esta parábola nos invita a ser fieles servidores del Señor, a reconocer que la vida que nos han entregado solo es un “arriendo” y que tenemos que dar “fruto” a su tiempo. Como decía CLEMENTE DE ALEJANDRÍA: “Cada uno de nosotros es viña y a la vez labrador de sí mismo”. Amén.
Meditemos:
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Primera lectura
Lectura del libro de Jeremías 17, 5-10
Maldito el que confía en el hombre. Bendito el que confía en el Señor
5Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! 6El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita. 7¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! 8El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto. 9Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo? 10Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 1, 1-4. 6 (R.: 40, 5a)
R. ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!
1¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, 2sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! R.
3El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. R.
4No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento. 6porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal. R.
Versículo antes del Evangelio: Cf. Lc 8, 15
“Felices lo que retienen la palabra de Dios con un corazón bien dispuesto y dan fruto gracias a su constancia”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 16, 19-31
Has recibido tus bienes en vida y Lázaro recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento
19Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. 20A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, 21que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. 22El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. 23En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. 24Entonces exclamó: "Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan". 25"Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. 26Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí". 27El rico contestó: "Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, 28porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento". 29Abraham respondió: "Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen". 30"No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán". 31Pero Abraham respondió: "Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán"”.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: Según este relato de Jeremías hay dos tipos de hombre: el que confía en sí mismo y el que confía en el Señor. El primero solo encontrará soledad y aridez en su vida (v. 6). El segundo es alguien que confía y está tranquilo, pase lo que pase (v. 7-8), podemos confrontarlo con el Salmo 1 que se lee a continuación. Termina Jeremías reconociendo que nadie puede entender las reacciones y motivaciones humanas (como invitándonos a no actuar como jueces, condenando a los otros), sino solo Dios que sondea el corazón y examina las entrañas. El premio para cada existencia es de acuerdo a su conducta personal, de acuerdo a sus acciones. Por eso es importante actuar del modo que creemos correcto en cada momento de nuestra existencia.
Salmo: La forma de corregir la mala conducta es complacerse en la ley del Señor y meditarla día y noche (ver vers. 2). Ese es el único modo de que la Palabra de Dios sea como “las aguas” (v. 3) que nutren e hidratan el árbol de mi vida. No hay muchas opciones en el camino de la vida, casi como diría el General José de San Martín (héroe de la liberación americana en el siglo XIX): “Serás lo que debas ser, o no serás nada”. Seguir la propia esencia nos lleva al camino correcto, dejar que la Palabra de Dios nos llene el alma de vida es la actitud más beneficiosa para todos nosotros.
Evangelio: Vamos a compartir un pequeño comentario que nos aclara un poco más lo que la Palabra de hoy quiere decirnos (ver Luis H. Rivas, JESÚS HABLA A SU PUEBLO, CEA, Oficina del Libro, Buenos Aires 2000, Pág. 181-188): “Esta parábola nos cuenta la historia de dos personas: un hombre muy rico y otro muy pobre. Jesús no se detiene a contarnos la vida de cada uno de ellos, solamente nos cuenta cómo vivían y pasa directamente a relatar lo que les sucedió después de la muerte. Jesús no se detiene a narramos una historia del rico y del pobre Lázaro. Solamente presenta a los dos personajes, nos dice cómo viven e inmediatamente pasa a contamos que murieron y que los dos también tuvieron sueñes diversas. Las condiciones cambian en el mismo momento en que mueren: sufrimientos para el que recibió bienes en esta vida, y felicidad para el que lo pasó mal. La suerte del pobre Lázaro se describe con las palabras "Seno de Abraham". Con esta expresión los judíos resumen toda la felicidad de la otra vida: en el banquete del cielo está Abraham, el padre de todo el pueblo, y los elegidos se sientan junto a él para recibir su abrazo y su consuelo junto a su pecho. Lázaro entonces ha obtenido un lugar de preferencia en el banquete celestial, ya que está recostado junto al pecho de Abraham, quien lo consuela de todas las miserias en esta vida. En cambio el rico ahora está en medio de tormentos; habla de una llama que lo tortura. Como antes Lázaro deseaba algo de lo que caía de la mesa del rico, ahora éste desea que Lázaro le lleve una gota de agua en la punta de su dedo porque su sed lo atormenta. Se ve claramente que en la parábola Jesús quiere mostrarnos cómo el que banqueteaba pasó a sufrir miseria, mientras que el pobre que padecía hambre está en el banquete del cielo en muy buena compañía. Tal vez alguno podría sentirse extrañado de este cambio de suerte, cuando en la parábola no se ha dicho de ninguna manera que el rico fuera una mala persona y que el pobre fuera virtuoso y bueno. En esta parábola que relata Jesús solamente se menciona el cambio de suerte de cada uno. Jesús quiere poner en claro que: “En asuntos de pobreza y riqueza las cosas no duran para siempre, porque en el momento de la muerte todo cambiará”. Pero, ¿cómo podemos ser ricos para siempre? Abraham le dice al ex-rico: “tienen a Moisés y a los profetas”, con esas palabras invita a leer la Biblia y a ponerla en práctica. San Lucas en distintas partes de su evangelio insiste que el resumen de todas las enseñanzas de la Biblia consiste en amar a Dios y al prójimo. El problema, para Jesús, no es tener dinero y ser rico; el problema es no ser solidario, no compartir de nuestros bienes con los demás. Lo importante es no apoderarnos de las cosas como si los demás no existieran. La enseñanza de Moisés y de los profetas nos lleva a tomar en cuenta al prójimo que está a nuestro lado y a considerarlo como parte de nuestra propia persona. El que hace estas cosas se preocupará por las necesidades del otro y correrá en ayuda de todo el que sufre alguna carencia. De esta forma san Lucas nos enseña la manera de usar los bienes para no ser ricos como el de la parábola. Para san Lucas el rico digno de condenación es aquel que no sabe compartir, pero aquel que comparte con los demás, aunque tenga muchos bienes, ya no es rico. El que comparte con los demás es rico para el cielo.
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Primera lectura
Lectura de la profecía de Jeremías 18, 18-20
Vengan, inventemos algún cargo contra él
18Ellos dijeron: “¡Vengan, tramemos un plan contra Jeremías, porque no le faltará la instrucción al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta! Vengan, inventemos algún cargo contra él, y no prestemos atención a sus palabras”. 19¡Préstame atención, Señor, y oye la voz de los que me acusan! 20¿Acaso se devuelve mal por bien para que me hayan cavado una fosa? Recuerda que yo me presenté delante de ti para hablar en favor de ellos, para apartar de ellos tu furor.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 30 (29), 5-6. 14-16 (R.: 17b)
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
5Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio. 6Yo pongo mi vida en tus manos: tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.
14Oigo los rumores de la gente y amenazas por todas partes, mientras se confabulan contra mí y traman quitarme la vida. R.
15Pero yo confío en ti, Señor, y te digo: “Tú eres mi Dios, 16mi destino está en tus manos”. Líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen. R.
Versículo antes del Evangelio: Juan 8, 12
“Dice el Señor: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz de la vida”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 20, 17-28
Lo condenarán a muerte
17Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo sólo a los Doce, y en el camino les dijo: 18“Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte 19y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará”. 20Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. 21“¿Qué quieres?”, le preguntó Jesús. Ella le dijo: “Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”. 22“No saben lo que piden”, respondió Jesús. “¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?”. “Podemos”, le respondieron. 23“Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre”. 24Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. 25Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. 26Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; 27y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: 28como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera lectura: Jeremías es el hombre perseguido, ¿por qué? porque se anima a ir contra la corriente, a avisar que el camino que se ha tomado está equivocado, que las decisiones erradas llevan a situaciones de dolor. En el v. 18 dicen sus enemigos “vengan, inventemos algún cargo contra él, y no prestemos atención a sus palabras”, obviamente su intención no es cambiar de parecer, como empiezan a ver que las palabras de Jeremías son claras y contundentes, es decir, tiene razón… buscan inventar algo contra él. No tienen argumentos, tienen mentiras. No tienen capacidad de convencer, tienen capacidad de engañar. La búsqueda final es cerrar los ojos y seguir adelante como si todo fuera bien y acertado hasta el objetivo que se quiere. Si aceptaran las palabras del profeta se salvarían del desastre, pero son soberbios y no quieren que otro tenga la razón, mienten, inventan cosas, con tal de seguir el mismo camino. Mágicamente creen que porque ellos lo dicen, las cosas van a salir así. La realidad será otra, y traerá dolor y angustia al pueblo.
Jeremías sabe que no puede nada contra ellos y recurre al único que puede salvarlo, Dios. Su oración involucra el pedido del v. 19 “préstame atención” y la queja del v. 20 “¿acaso se devuelve mal por bien?”. De que le cavaron una fosa, es verdad, literalmente, ya que lo tiraron en un pozo, como a José sus hermanos. La queja es significativamente dolorosa: el profeta había intercedido ante Dios para evitar el castigo del pueblo, tomando por nada esto, el pueblo (en sus dirigentes) quiere matarlo.
Salmo: Este salmo 30 nos invita a suplicar a Dios nuestra salvación. El v. 5 ve, gráficamente, la persecución ajena como una red, casi podríamos decir, una telaraña. El salmista se pone en presencia de Dios: “tú eres mi refugio” “pongo mi vida en tus manos” “tú me rescatarás” (v. 9) son las palabras usadas para mostrar la confianza en Dios. El v. 14 volverá a lo mismo: la maldad ajena hace peligrar la vida del creyente. En v. 15-16 la confianza en Dios resuelve todas las dudas y pone tranquilidad en el corazón del orante: “mi destino está en tus manos”.
Evangelio: Estamos frente al tercer anuncio de la pasión expresados por Jesús. Es el más claro de todos (comparar con 16, 21; 17, 22-23), con el “el evangelio queda totalmente orientado hacia la Pascua de Jesús y a su victoria sobre la muerte” (CBL III, 368). Pero, lamentablemente para Jesús, los que lo acompañan están “orientados” hacia otra parte. Es la madre de los hijos de Zebedeo (Santiago y Juan) la que aparece en escena para “pedir” “que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda” (v. 21). Que no nos sorprenda la petición de la madre de estos muchachos. ¿No nos imaginábamos distinta a la mamá de Juan? El relato de hoy la presenta buscando el poder para sus hijos, quiere sentarlos al lado del Dios todopoderoso. De todos modos este lado oscuro de la familia de Juan (tal vez también él quería lo mismo, como señala el evangelio de Marcos cuando cuenta la misma escena en Mc 10, 35-45) no debe atraparnos desprevenidos, porque ¿a quién de nosotros no le seduce el poder? ¿Quién de nosotros puede decir: a mí no me interesa mandar? Esta es la parte negativa de Juan y su hermano, el Señor se encarga de ayudarles para que puedan sanarla, porque se trata de eso: una enfermedad. Son personas enfermas que buscan la gloria, la fama, el poder, porque no pueden aceptar ser, tan sólo, seres humanos como los demás. Cuando Jesús llegue a la Cruz, Juan estará listo para servir y no, como ahora, querer mandar. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé? Jesús está hablando de su propia muerte. Ya había anunciado por tercera vez su pasión. San Juan Crisóstomo nos dice: “Él llama aquí cáliz y bautismo a su cruz y a su muerte; cáliz porque se dirige hacia la cruz con ganas, y bautismo, porque, con su muerte, purificaba la tierra entera” (Homilía sobre la incomprensibilidad de Dios, 8. 5). En este sentido leamos la hermosa oración de San Policarpo de Esmirna al momento de entregar su vida al Señor por medio del martirio (Martirio de Policarpo, 14, 1-3):
Señor, Dios todopoderoso,
Padre de tu amado y bendito siervo Jesucristo,
Por el que te hemos conocido,
Dios de los ángeles, de las potencias, de toda la creación
Y de todo el pueblo de los justos que viven en tu presencia.
Te bendigo porque me has juzgado digno de este día y de esta hora,
De tomar parte en el número de los mártires,
En el cáliz de tu Cristo,
Para la resurrección de la vida eterna en alma y cuerpo,
En la incorruptibilidad del Espíritu Santo.
Que hoy sea yo recibido con ellos en tu presencia,
En sacrificio generoso y grato,
Tal como Tú, el Dios verdadero que no engaña,
Lo has preparado de antemano,
Lo anunciaste y lo has cumplido.
Por ello y por encima de todas las cosas te alabo,
Te bendigo, te glorifico,
Por medio de Jesucristo,
Sumo Sacerdote eterno y celeste,
Tu amado siervo,
Por el cual la gloria a Ti junto a Él y al Espíritu Santo,
Ahora y en los siglos venideros. Amén.
Esta oración tan bonita puede servirnos a nosotros mismos para entregar, cada mañana, nuestra vida en ofrenda al Señor. Es una oración de martirio. De testimonio de vida entregada hasta las últimas consecuencias, aunque estas sean mortales. Nosotros también, al igual que Juan, Santiago y Policarpo podemos beber el cáliz del Señor.
“El que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes, y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos” (v. 26-27). La situación es simple, la grandeza y la primogenitura espiritual viene tomadas de la mano del servicio. En la Iglesia los verdaderamente grandes, sirven. Jesús dio el ejemplo, nosotros nos hemos habituado al mundo donde los grandes mandan. En la Iglesia los grandes sirven. Nunca nos cansemos de repetirlo: en la Iglesia los grandes sirven. Una Iglesia grande se construye con la grandeza de cada uno de sus miembros. ¿Cómo va a crecer la Iglesia si sus miembros seguimos anoréxicos de grandeza espiritual? El único camino posible para la grandeza cristiana es el servicio. Si no lo hacemos así estamos perdiendo el tiempo. En vez de cargar la cruz y entregar la vida en martirio, somos un martirio para los demás que cargan con la pesada cruz de nuestra pequeñez de espíritu.
Meditemos:
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Primera lectura
Lectura del libro del profeta Isaías 1, 10. 16-20
¡Aprendan a hacer el bien, busquen el derecho!
10¡Escuchen la palabra del Señor, jefes de Sodoma! ¡Presten atención a la instrucción de nuestro Dios pueblo de Gomorra! 16¡Lávense, purifíquense, aparten de mi vista la maldad de sus acciones! ¡Cesen de hacer el mal, 17aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda! 18Vengan, y discutamos -dice el Señor- Aunque sus pecados sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura, serán como la lana. 19Si están dispuestos a escuchar, comerán los bienes del país; 20pero si rehúsan hacerlo y se rebelan, serán devorados por la espada, porque ha hablado la boca del Señor.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 49 (48), 8-9. 16bc-17. 21.23 (R.: 23b)
R. Al que va por el buen camino, le haré gustar la salvación de Dios.
8No te acuso por tus sacrificios: ¡tus holocaustos están siempre en mi presencia! 9Pero yo no necesito los novillos de tu casa ni los cabritos de tus corrales. R.
16bc¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos y a mencionar mi alianza con tu boca, 17tú, que aborreces toda enseñanza y te despreocupas de mis palabras? R.
21Haces esto, ¿y yo me voy a callar? ¿Piensas acaso que soy como tú? Te acusaré y te argüiré cara a cara, 23El que ofrece sacrificios de alabanza me honra de verdad; y al que va por el buen camino le haré gustar la salvación de Dios. R.
Versículo antes del Evangelio: Ezequiel 18, 31
“Dice el señor: Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 23, 1-12
No hacen lo que dicen
1Entonces Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: 2“Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; 3ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. 4Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. 5Todo lo hacen para que los vean: agradan las filacterias y alargas los flecos de sus mantos; 6les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, 7ser saludamos en las plazas y oírse llamar "mi maestro" por la gente. 8En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. 9a Nadie en el mundo llamen "padre", porque no tienen sino uno, el Padre celestial. 10No se dejen llamar tampoco "doctores", porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. 11Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, 12porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera lectura: v. 10 Sodoma y Gomorra son tomadas como imagen de pueblos corruptos, por el profeta, para hablar de Israel. Es como cuando nosotros decimos: “fulano es un demonio”, es una frase que trata de expresar, con una comparación, lo que pensamos de esa persona. Aquí el profeta expresa la visión de Dios sobre su pueblo comparándolo con esas ciudades de gente pecadora y malvada. La invitación, aunque se crea que son malvados, es una llamada de atención a escuchar la palabra y la instrucción de Dios. v. 16-17 Otras profetas han hablado sobre lo mismo que Isaías (ver Amos 5, 21-24; Jeremías 7, 1-15), del culto perverso y vacio de aquellos que ofrecen sacrificios y hacen oración (por más bonitas y bien hechas que estas estén) pero en su conducta habitual siguen con la “maldad de sus acciones”, no paran de “hacer el mal”, no aprenden a “hacer el bien”. La llamada de atención de Dios es fuerte: conversión y culto agradable significa “¡Busquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda!”, es decir, obren de acuerdo a lo que oran. Aún hoy estamos llenos de esos hipócritas que entienden que la vida cristiana es cuestión de orar, cumplir los preceptos de la Iglesia (sobre todo el de ir a Misa), hacer alguna obra de “misericordia”; pero cuando se trata de ser justos con los demás: ahí fallamos, no respetamos los derechos de los demás, sobre todo de los pobres. ¡Cuántos ricos “piadosos” y “santos” siguen amasando fortunas al robarle el salario justo a sus empleados o “prendiéndose” en situaciones de corrupción con funcionarios públicos que traicionan a la Patria por avaricia! ¡Cuántos “buenos” cristianos se vanaglorian de su generosidad al hacer caridad, pero son totalmente injustos a la hora de remunerar a quienes trabajan para ellos! ¡Está bien ayudar caritativamente al pobre! ¡Lo malo es darle las migajas de la limosna cuando le robas el pan de la mesa con tu conducta corrupta! Isaías es claro, si hacemos hermosas oraciones y cumplimos con el culto, siendo corruptos y malvados en el ejercicio de la justicia… seguimos el camino de Sodoma y Gomorra. v. 18 De los reproches justificados por la mala conducta del pueblo se pasa a la oportunidad del perdón. Los términos elegidos marcan el giro absoluto del cambio: hay que pasar de rojo escarlata a blanco nieve (hoy diríamos de negro a blanco). Dios invita a “discutir”, a conversar, a dialogar. De allí saldrá la posibilidad de un cambio. Hay que darnos tiempo de conversación con Dios, no solo de expresar lo que nos pasa y qué necesitamos de Él; sino también de dejarle hablarnos, expresarnos qué quiere de nosotros. Es un diálogo, no un monólogo (donde yo pido y Dios da, yo hablo y el escucha y comprende): se trata de dejarle a Dios hablarnos y decirnos cuál es el camino que Él propone. v. 19-20 Isaías emplea el lenguaje de los procesos judiciales (ver Miqueas 6, 1-8) para expresar lo que Dios está haciendo con nosotros. A la palabra pronunciada por Dios se exige la respuesta responsable del pueblo: escuchar y obedecer. Se abren, como en el Salmo 1, dos caminos: o los “bienes” del país, es decir, prosperidad; o ser devorados por la espada: la muerte. El juicio está hecho, el culpable debe cambiar, sino su camino de maldad lo lleva a la muerte… quizá no por castigo de Dios, sino porque el Señor se desentiende de aquel que se dice su amigo pero maltrata y daña a sus hijos más amados: los pobres, los más débiles (v. 17: oprimido, huérfano, viuda).
Salmo: Este Salmo muestra el verdadero rostro divino ante la injusticia. Los primeros versículos (8-9) marcan el agrado de Dios por la oración piadosa del creyente con Él. En los vv. 16-17 se nos indica que la vida no solo es oración, sino también acción: Si hacemos hermosas oraciones, pero no vivimos como Dios enseña, estamos equivocados. En vez de provocar el favor de Dios, caerá sobre nosotros su más absoluto y fuerte rechazo. En vv. 21 y 23 Dios muestra que no se quedará callado y muestra no solo cuáles son sus palabras, sino, sobre todo sus acciones: la salvación (vida + prosperidad) es para quien “va por el buen camino”. No nos engañemos: la oración debe llevar a una vida santa y justa, si eso no pasa… no alcanzaremos la salvación.
Evangelio: V. 1. Jesús dirige en general esta enseñanza. Después de las discusiones con los fariseos empieza a mostrar que él no está alineado con ellos. Su preocupación será mostrar que no está “casado” con nadie. Jesús no es de ningún “partido”, es de Dios “para” los hombres. V. 2. Que los escribas ocupen la cátedra de Moisés significa que “ellos eran los principales responsables de dictar sentencias en los tribunales, de establecer normas de conducta y de interpretar autoritativamente las prescripciones de la Torá” (CBL III, 374) y “al lado de ellos se menciona a los fariseo, que formaban el grupo religioso-político más importante e influyente” (ídem). Los comentaristas de Mateo insisten en que hay exageraciones en lo que sigue sobre estos dos grupos, pero que nos tiene que servir a nosotros para darnos cuenta de que los “hipócritas” siguen perviviendo en el tiempo, no solo en materia religiosa, sino en todo orden. La constatación que Jesús hace es obvia: los fariseos se creen los dueños de la verdad, son los maestros “oficiales”. Un canto dice: “si la historia la escribe los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia…”. Jesús está a punto de mostrarnos que la verdad no está en un solo lado, sino que se encuentra en “todos”. Además le interesa que aquellos que lo escuchan sepan discernir entre lo que se “dice” y lo que se “hace”. V. 3. La invitación es harto elocuente: No vean el ejemplo, sigan la enseñanza. Muchas veces nosotros escuchamos las palabras, pero más nos fijamos en lo que hacen los que hablan. No es una disculpa para los que enseñan algo pero no lo viven, es un llamado de atención para no quedarnos en una actitud pasiva, de “ovejas”, de rebano. Si alguien no obra como dice que se debe hacer eso no me disculpa a mí de obrar mal. Yo no dependo de la actitud ajena, sino de la verdad que recubren sus palabras. El ejemplo ha de seguirse cuando es bueno, pero no se ha de usar (como a veces hacemos en nuestras críticas) como excusa para no obrar bien “porque el otro no lo hace”. V. 4. Los leguleyos (aficionados a “legalizar” todo, a poner leyes en todos los aspectos de la vida, a juzgar según la “ley” la vida de los demás) se especializan en criticar a otros pero son incapaces de “mover con el dedo” la pesada carga que hacen caer sobre las espaldas ajenas. Reparten trabajo para todos, se encargan de controlar y cuestionar si se hizo bien y a tiempo, pero ni una gota de sudor aparecerá en su frente. Son los famosos criticones de turno o aquellos que dicen: “habría que hacer esto… alguien tendría que hacer lo otro” ¿Y ellos? No, ellos no mueven un dedo, su tarea termina antes de empezar. A esos opinólogos se refiere Jesús. V. 5. El mundo de las apariencias es denunciado por Jesús. En vez de vivir con profunda interioridad la esencia de su fe, estos fariseos quieren mostrar a todos cuan creyentes son. Las filacterias eran una especie de correa, más bien fina y larga, que se debía llevar atada en la oración de la mañana (cf. Éx 13, 9. 16; también Dt 6, 8; 11, 18). Con ellas se ataba una cajita cuadrada que contenía escritos cuatro textos de la Ley: Éxodo 13, 1-10. 11-16; Deuteronomio 6, 4-9; 11, 13-21. Una filacteria se ataba en la cabeza para que la cajita quedara fija a la frente y la otra en el brazo izquierdo para que la cajita quedara en el corazón. En cierto modo también se usaba como amuleto contra el pecado, el demonio y toda clase de males. Los flecos se usaban por mandato de Números 15, 38-41 (el vers. 39 dice: Ustedes llevarán esos flecos, y al verlos se acordarán de todos los mandamientos del Señor. Así los pondrán en práctica, y no seguirán los caprichos de su corazón y de sus ojos que los arrastran al desenfreno). Significaban un recuerdo de la Ley divina y un modo de “no caer en la tentación”. No sabemos si Jesús usaba las filacterias, pero si se sabe que usaba flecos en sus vestidos (cf. Mateo 9, 20). Estos flecos o borlas (colgantes) eran hechos de cuatro cordones: tres blancos y uno morado. Este último representaba al cielo, al firmamento, al trono de Dios. Tal vez sea por eso que los enfermos tocaban los flecos o borlas del manto de Jesús (Mt 9, 20; 14, 36; Mc 6, 56; Lc 8, 44). V. 6. Con esta descripción vemos reflejado el mundo de hoy, el mundo de los poderosos, de la gente “importante”. Esa costumbre de querer “figurar” sigue vigente, quizá con la misma o más fuerza, en las actitudes de las personas contemporáneas. Pareciera que ser “alguien” es estar en los “primeros puestos” o en los “primeros asientos”. Como vemos, Jesús no está para nada de acuerdo con esa actitud. V. 7. El deseo de fama fue tan importante antes como lo es ahora. Parece que gozamos en demasía cuando los demás consideran que somos importantes. Tal vez sea genético, o adquirido por costumbre e imitación, pero más allá de sus orígenes… es tan real como la vida misma. Jesús nos previene que para nada sirven las alabanzas de la gente o la fama y honor que podamos tener: la felicidad nunca radica en la opinión que los demás tienen de nosotros sino, más bien, en la seguridad interna de que estamos bien. Más allá de lo agradable, o desagradable, de la opinión ajena, si dependemos de ella para nuestra vida seremos siempre esclavos de la apariencia que tengamos frente a los demás. De esa dependencia casi infantil a la esclavitud… solo hay un paso. V. 8. El principio “fraternal” de la comunidad cristiana se evidencia en este versículo. En la Iglesia no hay maestros ni alumnos: hay condiscípulos. También descubramos el sentido pleno que Jesús le da al término “maestro”: Él es el único maestro, porque es el único que tiene “autoridad” para enseñar la ley de Dios, ya que Él la hizo. En Jesús se une la tarea de legislar (sentar las leyes) como la tarea de Juzgar (hacer aplicar las leyes). Todo aquel que se arrogue el título de “maestro” incurre en ponerse un título demasiado grande ya que nunca dejará de ser discípulo. V. 9. Esta frase de Jesús, tan utilizada por los evangélicos para refregarnos que nosotros le decimos “padre” al sacerdote (más precisamente al presbítero, ya que todos somos “sacerdotes” –unos con el sacerdocio común de los fieles y otros con el ministerial-) en realidad encierra otro sentido más fuerte, que todos los evangelios recalcan: hay un solo Padre. Jesús apunta a destruir la imagen familiar de su época donde el “padre” (Jefe de familia) era el que hacía y deshacía entre sus “hijos”. La imagen del padre en la concepción de la época de Jesús era muy fuerte y este patriarcado era el que sostenía y daba identidad a la familia (no la “familia” pequeñita que hoy conocemos de papá, mamá y los hijos; sino la “familia” como clan y casi podríamos decir “empresa familiar”). Por eso era importante la figura del “padre”, ya que era la base de la institución familiar y el que congregaba a todos. Jesús descarta esta estructura y disuelve esa identidad familiar de clanes o tribus para traspasar las estructuras y divisiones sociales, con la idea de una sola “familia”: la familia de Dios, que nos hace a todos “hermanos”, hijos de un mismo y único “Padre”. Es no entender el sentido de la frase decir que no hay que llamar “padre” a los presbíteros, ya que con ese criterio no se tendría que decir padre al papá biológico (y ni siquiera pastor a los pastores evangélicos, ya que el “único” pastor es Jesús). V. 10. La palabra doctor viene de “docto”, es decir, un doctor es “alguien que sabe mucho sobre alguna cosa”, por eso existen los “doctorados”, por ejemplo: Doctor en Psicología, Doctor en Filosofía, Doctor en Química, etc. Nuestra costumbre es llamar “doctor” al médico, pero el médico es eso, un “médico”, ya que existen los “doctores en Medicina”. De este modo vemos a Jesús como el Mesías que no solo sabe de las cosas de Dios, porque las aprendió de los libros (¡Jesús leía la Biblia!), sino porque es el ungido, el enviado por Dios para salvar a la humanidad. Entre los “doctorados” de Jesús descuellan los de “Misericordia” y “Salvación”. Cualquiera, de entre nosotros, que se precie de saber mucho, de ser “doctor”, tendrá que esforzarse en “estudiar” el “doctorado” en “misericordia”, para ser un verdadero “doctor”, como Jesús. De hecho, es lo que nos mandó aprender: “Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios” (Mt 9, 13). V. 11. La culminación de este pasaje se encuentra encerrada en estos dos versículos (el 11 y el 12). Es la enseñanza definitiva de Jesús sobre las actitudes que tenemos que tener en la comunidad. Las apariencias de los fariseos, sus grandes “ostentaciones”, quedan puestas en ridículo por el Señor que nos indica que nuestra actitud de todos los días no es la de mostrarnos como grandes personajes, grandes sabios, sino, como “grandes” servidores. El servicio es la mayor expresión de grandeza a la cual debe aspirar un verdadero cristiano. Cualquier otra grandeza, que no sea el servicio “de los otros” es perder la vida haciendo “pequeñeces”. Si usted quiere ser “grande”, sirva, porque si no “sirve” es como algo bello pero inutilizable, es buen adorno, pero no sirve para nada. Aquí se podrían aplicar las palabras del refrán popular: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. V. 12. Sin duda es una expresión popular: Job 22, 29; Prov 15, 33; 29, 23; Eclo 1, 27. Jesús la utiliza para cerrar su reflexión sobre el mundo de las apariencias, “fashion”, de los fariseos. En la “pasarela” de la vida, los fariseos eran los “modelos top”. Para Jesús estos “desfiles de moda” religiosa son de una inutilidad grandísima. Para él, lo importante es no perder contacto con la propia esencia, no se trata de lo que mostramos, de lo que aparentamos, del vestido; se trata de lo que somos, de lo que vivimos en realidad, de nuestra interioridad que se expresa, tal cual es, en lo que hacemos. Por eso, cita el aforismo del “ensalzamiento y humillación”. La enseñanza es clara, sin ningún tipo de refutación: “Mostremos lo que somos y seamos lo que mostramos”.
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Primera lectura
Lectura del libro del Daniel 9, 4b-10
Nosotros hemos pecado, hemos fallado
4"¡Ah, Señor, Dios, el Grande, el Temible, el que mantiene la alianza y la fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos! 5Nosotros hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos. 6No hemos escuchado a tus servidores los profetas, que hablaron en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país. 7¡A ti, Señor, la justicia! A nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como les sucede en este día a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los que están cerca y a los que están lejos, en todos los países adonde tú los expulsaste, a causa de la infidelidad que cometieron contra ti. 8¡A nosotros, Señor, la vergüenza reflejada en el rostro, y también a nuestros reyes, a nuestros jefes y a nuestros padres, porque hemos pecado contra ti! 9¡Al Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón, porque nos hemos rebelado contra él! 10Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, para seguir sus leyes, que él puso delante de nosotros por medio de sus servidores los profetas.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 79 (78), 8-9. 11. 13 (R.: 103, 10a)
R. Señor, no nos trates según nuestros pecados.
8No recuerdes para nuestro mal las culpas de otros tiempos; compadécete pronto de nosotros, porque estamos totalmente abatidos. R.
9Ayúdanos, Dios salvador nuestro, por el honor de tu Nombre; líbranos y perdona nuestros pecados, a causa de tu Nombre. R.
11Llegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos, preserva con tu brazo poderoso a los que están condenados a muerte. R.
13Y nosotros, que somos tu pueblo y las ovejas de tu rebaño, te daremos gracias para siempre, y cantaremos tus alabanzas por todas las generaciones. R.
Versículo antes del Evangelio: Cf. Juan 6, 63c. 68c
“Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 36-38
Perdonen y serán perdonados
36Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. 37No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. 38Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes".
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: v. 4 La exclamación de Daniel es el prólogo a su oración arrepentida y suplicante. En esta exclamación él se dirige a Dios en términos de engrandecimiento. La grandeza de Dios es puesta de relieve, marcada como totalmente notoria, y esa grandeza será usada por Dios para mantener “la alianza y la fidelidad”, no con todo, sino “con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos”. Es decir, Dios usa su poder para proteger a sus amigos obedientes a su palabra, a aquellos que se dicen amigos de Dios y actúan como tales. v. 5. La confesión de culpa muestra la situación de Daniel y su pueblo, se apartaron de Dios, decían ser sus amigos, peor actuaron como extraños, o peor, como enemigos. “hacer el mal, revelarse, apartarse” son sinónimos de una vida fuera de Dios, de una existencia al margen del creador. El poder de Dios se terminó apartando de aquellos que eligieron otra senda distinta a la de su protector. ¿Acaso pensaban que Dios lo seguiría a ellos? v. 6 Pero reconoce Daniel que no fue Dios quien se fue, ellos se apartaron. El pueblo se alejó de la mano del creador, de la mano del salvador. Ni siquiera quisieron escuchar a sus profetas, a sus servidores. Con lo cual deducimos que a Dios no le tuvo sin cuidado que su pueblo se hiciera a un lado de su camino… no, al revés, le mandó profetas que no fueron escuchados, servidores que no fueron tenidos en cuenta. v. 7. Las consecuencias están a la luz. La “vergüenza reflejada en el rostro” marca la situación después del alejamiento. Aquellos que creían poderlo todo solos, desamparados, sin la ayuda de Dios, se quedaron sin nada, fueron “expulsados”. Abandonaron a su Dios, Dios los abandonó a ellos. La gran causa del fracaso del pueblo es la infidelidad al camino de Dios, el Creador marcó la senda hacia la felicidad y ellos la despreciaron, la consecuencia lógica es “vergüenza reflejada en el rostro”. v. 8 Daniel es consciente de que todos merecen el sufrimiento por el cual están pasando. Desde el más alto dignatario, el rey, hasta el último de los ciudadanos de Israel, merecen estar así. El nombrar a “nuestros padres”, implica valorar que las decisiones actuales involucran a las generaciones que vienen después. Al decir de Ortega y Gasset: “Patria no es la tierra de los padres; es la de los hijos”. Como indicando que lo que hoy hacemos involucra a quienes vienen detrás de nosotros, son ellos los que sufren nuestras incapacidades. v. 9 Como complemento del v.8, en ese versículo se rescata que Dios no es culpable de lo que le pasa al pueblo: “porque nos hemos rebelado contra él”. No solo no tiene culpa o responsabilidad en la situación actual, sino que, por la “misericordia y el perdón”, Dios puede resolver favorablemente aquellos que el pueblo se encargó de estropear. v. 10 Un último lamento: no supimos aprovechar los “signos” que Dios marcaba en el camino a través de sus “profetas”. La luz que ellos echaban sobre la vida del pueblo no fue aprovechada por nadie, así estamos, por no escuchar “la voz del Señor”.
Salmo: El Salmo 79 nos hace pedir perdón, orar por la misericordia de Dios sobre nosotros. Hay urgencia en recurrir a Dios a quién se le dice: “compadécete pronto de nosotros, porque estamos totalmente abatidos”. Se sabe que nadie más que Dios puede ayudar en una situación extremadamente difícil, pedir el perdón divino es similar a pedir que nos de una mano, que nos ayude en la situación imposible de solucionar por nosotros mismos. El v. 13 termina diciendo el propósito del salmista luego del perdón inmerecido y generoso de parte de Dios: “te daremos gracias para siempre, y cantaremos tus alabanzas por todas las generaciones”.
Evangelio: Ante tanta miseria por el camino mal andado de la primera lectura, desde la búsqueda de la misericordia divina, el evangelio nos presenta el camino correcto: ejercer lo que pedimos para nosotros. “En cinco verbos pasivos nos indican que el verdadero protagonista es el Padre: “no serán juzgados… no serán condenados… serán perdonados… se les dará… les volcarán sobre el regazo una buena medida”. Es un crescendo en bondad, un don en superlativo (per-dón): así es la misericordia que usa el Padre con nosotros, y la usará plenamente” (LD 3, 136). v. 36 El deseo de Jesús es que todos alcancemos el estado de “misericordia” de Dios, este título clásico referido a Dios, el de “misericordioso” aparece en muchos textos del AT, por ejemplo: “El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad” (Éxodo 34, 6); “porque el Señor, tu Dios, es un Dios misericordioso, que no te abandonará” (Deuteronomio 4, 31); “El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia” (Salmo 145, 8). En Mateo lo que se debe alcanzar es perfección, Lucas entiende que la perfección es en la MISERICORDIA. v. 37 Juicio y perdón: son los dos elementos que aquí se presentan. Dejar el juicio a Dios, no ponernos por encima de la ley, por creernos jueces, sino entregar perdón: “no condenar / perdonar”, de modo negativo y positivo lo expresa el Señor. Según Cesar Mora Paz y Armando Levoratti (CBL III, 517): El modelo del comportamiento cristiano es el modo de actuar paradigmático de Dios, “que es bueno con los desagradecidos y los malos” (Lc 6, 35). Los seguidores de Jesús deberán amar a los demás en un grado heroico, para llegar a ser de ese modo, junto con él, “hijos del Altísimo”. v. 38 Alonso Schökel (BP III, 172) expresa que: “La imagen de la recompensa se refiere a un recipiente de medir grano, que al ser agitado recibe más y al que después no se le pasa el rasero. Dios es compasivo y generoso” (Prov 19, 17). En cambio para Cesar Mora Paz y Armando Levoratti (CBL III, 517): “La “medida” mencionada en el v. 38 es la que se recibía en el pliegue del vestido encima del cinturón y que servía como bolsa para las provisiones”. Sea como fuere, lo importante es que rebalsará de bienes, ¡Dios supera nuestra mezquina medida a la hora de ser generoso!
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Primera Lectura
Lectura del libro del Génesis (22, 1-2. 9-13. 15-18)
El sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe
1Después de estos acontecimientos, Dios puso a prueba a Abraham: “¡Abraham!”, le dijo. El respondió: “Aquí estoy”. 2Entonces Dios le siguió diciendo: “Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré”. 9Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. 10Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. 11Pero el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: “¡Abraham, Abraham!”. “Aquí estoy”, respondió él. 12Y el Ángel le dijo: “No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único”. 13Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 15Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, 16y le dijo: “Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, 17yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, 18y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz”.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 116 (115), 10. 15-19 (R.: cf. 9)
R. Yo caminaré en la presencia del Señor, en la tierra de los vivientes.
10Tenía confianza, incluso cuando dije: “¡Qué grande es mi desgracia!”. 15¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos! R.
16Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. 17Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor. R.
18Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo, 19en los atrios de la Casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén. ¡Aleluya!. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma (8, 31b-34)
Dios no perdonó a su propio hijo
31Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? 33¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. 34¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros?
Palabra de Dios.
Versículo antes del Evangelio: Mc 9, 7
“Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 9, 2–10
Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo
2Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevo a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. 3Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. 4Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. 5Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. 6Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor. 7Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: “Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo”. 8De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. 9Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. 10Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significará “resucitar de entre los muertos”.
Palabra del Señor.
Comentario:
Primera Lectura: Este relato es muy fuerte, ya que el hombre involucrado es un anciano a quién se le ha negado la paternidad durante toda su vida y, recién al final de ella, el hijo ansiado y esperado –Isaac–, llega de la mano de un milagro divino; cuando ambos, Abraham y Sara, no podían engendrar a causa de la edad, Dios obra el milagro de darles el descendiente. Ahora Dios le pide lo imposible a Abraham, que le entregue a su hijo único en sacrificio, que se lo dé, que anule su descendencia. Dos contrasentidos llevan la escena hasta la sinrazón: es hijo único, es decir que se le pide a Abraham que lo entregue todo, que lo de todo, que se quede sin nada… Y el otro contrasentido es que Dios había intervenido específicamente para que ese niño viniera a la vida, para que naciera. Posiblemente no haya otro niño más deseado por sus padres y también más querido por Dios. Ahora debe morir.
Lejos de dialogar con Dios sobre la conveniencia de este sacrificio, Abraham obedece ciegamente la orden dada por el Señor. El relato resalta que, una vez atado y