jueves, 02 de abril de 2009

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 17, 1-9

Serás el padre de una multitud de naciones

3Abram cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo: 4“Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones. 5Y ya no te llamarás más Abram: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones. 6Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes. 7Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tú Dios y el de tus descendientes. 8Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios”. 9Después, Dios dijo a Abraham: “Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones”.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 105 (104), 4-9 (R.: 8a)

REl Señor se acuerda eternamente de su alianza.

4¡Recurran al Señor y a su poder, busquen constantemente su rostro; 5recuerden las maravillas que él obró, sus portentos y los juicios de su boca! R.

6Descendientes de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido: 7el Señor es nuestro Dios, en toda la tierra rigen sus decretos. R.

8El se acuerda eternamente de su alianza, de la palabra que dio por mil generaciones, 9del pacto que selló con Abraham, del juramento que hizo a Isaac. R.

 

Versículo antes del Evangelio: Salmo 95 (94), 8a

“No endurezcan su corazón como en Meribá”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 51-59

Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día

51Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás. 52Los judíos le dijeron: “Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: “El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás”. 53¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?” 54Jesús respondió: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman “nuestro Dios”, 55y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: “No lo conozco”, sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. 56Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría”. 57Los judíos le dijeron: “Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham”. 58Jesús respondió: “Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”. 59Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

Palabra del Señor.

Comentario:

En la primera lectura, Dios, cambia de nombre a Abram… ahora ya no es Abram, es Abraham. El cambio de nombre significa una nueva vida, una vocación más plena que la llamada anterior. Dios lo quiere para ser Padre de una multitud de naciones. Lo único que pide es fidelidad a la alianza que hace el hombre con su Dios. Es decir: respetar el pacto de amor entre Dios y nosotros.

En el evangelio, Jesús empieza a mostrar con toda su plenitud quién es él. Ya no hay parábolas o expresiones veladas: ahora es el tiempo de la verdad más plena. La revelación es progresiva, ahora estamos al final de los tiempos, de la entrega total, por eso todo ha de decirse. Nadie ignora quién es Jesús, nadie puede decir que no sabía. Por eso Cristo dice “les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”. Dios se ha manifestado, el hombre decide. La alianza de Dios dada a Abraham, padre en la fe, que pedía fidelidad a la misma, hoy se renueva y se hace más grande y profunda. Ahora Dios se hizo carne (Jn 1, 14) y habita en nosotros, nos pide que nos juguemos por él, que aceptemos, con fe, su presencia salvadora. Ellos deciden “apedrearlo” y Jesús debe “esconderse”. Su hora no ha llegado todavía.

Meditemos:

  1. Dios también tiene una misión para mí: ¿Cuál será?
  2. ¿acepto a Jesucristo como Dios salvador de mi persona? ¿Me juego por él?

 


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