sábado, 04 de abril de 2009

Domingo 05 – DE RAMOS E LA PASIÓN DEL SEÑOR – Rojo / Misa: del Propio. Credo. Prefacio Propio – Liturgia de las horas: del Propio 2ª semana para el Salterio.  

Procesión

Lectura del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (11, 1-10)

Bendito el que viene en nombre del Señor

1Cuando se aproximaban a Jerusalén, estando ya al pie del monte de los Olivos, cerca de Betfagé y de Betania, Jesús envió a dos de sus discípulos, 2diciéndoles: "Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo; 3y si alguien les pregunta: "¿Qué están haciendo?", respondan: "El Señor lo necesita y lo va a devolver en seguida". 4Ellos fueron y encontraron un asno atado cerca de una puerta, en la calle, y lo desataron. 5algunos de los que estaban allí les preguntaron: "¿Qué hacen? ¿Por qué desatan ese asno?". 6Ellos respondieron como Jesús les había dicho y nadie los molestó. 7Entonces le llevaron el asno, pusieron sus mantos sobre él y Jesús se montó. 8Muchos extendían sus mantos sobre el camino; otros, lo cubrían con ramas que cortaban en el campo. 9Los que iban delante y los que seguían a Jesús, gritaban: "¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 10¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas!".

Palabra de Dios

 

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta Isaías (50, 4-7)

No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado

4El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. 5El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. 6Ofrecí mi espalda a los que golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. 7Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Salmo 22 (21), 8-9. 17-18ª. 19-20. 23-24 (R.: 2a)

RDios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

8Los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: 9"Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto". R.

17Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. 18Yo puedo contar todos mis huesos. R.

19Se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. 20Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.

23Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: 24"Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel. R.

 

Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2, 6-11)

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo

6El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: 7al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, 8se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. 9Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, 10para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, 11y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: "Jesucristo es el Señor".

Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio: Filipenses 2, 8-9

“Cristo se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre”

Evangelio

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 15, 1–39 (versión larga: Mar 14, 1-15, 47)

Pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte

1En cuanto amaneció, los sumos sacerdotes se reunieron en Consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín. Y después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. 2Este lo interrogó: "¿Tú eres el rey de los judíos?". Jesús le respondió: "Tú lo dices". 3Los sumos sacerdotes multiplicaban las acusaciones contra él. 4Pilato lo interrogó nuevamente: "¿No respondes nada? ¡Mira de todo lo que te acusan!". 5Pero Jesús ya no respondió a nada más, y esto dejó muy admirado a Pilato. 6En cada Fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo. 7Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición. 8La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado. 9Pilato les dijo: "¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?". 10El sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. 11Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás. 12Pilato continuó diciendo: "¿Qué debo hacer, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?". 13Ellos gritaron de nuevo: "¡Crucifícalo!". 14Pilato les dijo: ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: ¡Crucifícalo! 15Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado. 16Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. 17lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. 18Y comenzaron a saludarlo: "¡Salud, rey de los judíos!". 19Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje. 20Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo. 21Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. 22Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: "lugar del Cráneo". 23Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. 24Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno. 25Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. 26La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: "El rey de los judíos". 27Con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda. 28(Y se cumplió la Escritura que dice: "Fue contado entre los malhechores") 29Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían: ¡"Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, 30sálvate a ti mismo y baja de la cruz!". 31De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí: "¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! 32Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!". También lo insultaban los que habían sido crucificados con él. 33Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; 34y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: "Eloi, Eloi, lamá sabactani", que significa: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". 35Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: "Está llamando a Elías". 36Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña le dio de beber, diciendo: "Vamos a ver si Elías viene a bajarlo". 37Entonces Jesús, dando un grito, expiró.

Palabra del Señor.

Comentario:

En la primera lectura, La perseverancia y docilidad del discípulo se expresan vivamente (vv. 4-5). Lo que tiene que vivir es duro, de mucha violencia (v. 6). Pero él sabe que Dios no abandona, el Señor está presente y defiende la vida del que lo sirve: “endurecí mi rostro como el pedernal”, es la actitud de aquel que confía y, en el peligro, se pone firme y aguanta todo, porque “el Señor viene en mi ayuda” y “sé muy bien que no seré defraudado” (v. 7).

Contrasta el evangelio de la procesión de Ramos con el relato de la pasión. De una manera fuerte, la Iglesia, al seleccionar estos dos relatos, nos marca la paradoja del aclamado que luego es asesinado. Pero sobre todo, los relatos nos marcan actitudes. La actitud de Jesús, de seguir adelante sabiendo que nos hace el bien, la de los discípulos que temerosos lo abandonan, la de sus contrarios que asumen la desaparición de Jesús como su victoria, sin saber que en su propia muerte Él los está salvando a ellos. La Semana Santa nos llevará al encuentro del más profundo drama humano: qué hacer con la propia vida y para qué (con qué sentido) vivirla.

Meditemos:

  1. ¿En qué cosas Jesús todavía no rompió la caña quebrada de nuestras vidas? ¿De qué necesito su perdón?
  2. ¿Qué servicio gratuito y sin sentido de utilidad, como el de María, hago para Jesús? ¿Adoración, contemplación, etc.?

 

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Tags: lectura diaria

Publicado por Desconocido @ 18:04
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