Domingo 12 – MISA DEL DÍA– Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Secuencia. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. Hoy y durante la octava se dice una u otra de las completas del domingo. En lugar del responsorio breve se dice la antífona propia con la oración de resurrección.
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (10, 34ª. 37-43)
Nosotros comimos y bebimos con él, después de su resurrección
34Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo: 37Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: 38cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él. 39Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. 40Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, 41no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección. 42Y nos envió a predicar al pueblo, y atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. 43Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre".
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 118 (117), 1-2. 16-17. 22-23 (R.: 24)
R. Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él.
1¡Aleluya! ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! 2Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! R.
16La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas". 17No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.
22La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. 23Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3, 1-4)
Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra
1Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. 2Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. 3Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. 4Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.
Palabra de Dios.
Versículo antes del Evangelio: 1 Corintios 5, 7b-8a
“Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua en el Señor”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 1-9
Él había de resucitar de entre los muertos
1El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. 2Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". 3Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 4Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. 5Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. 6Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, 7y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. 9Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.
Comentario:
En mi país, antes de la Perestroika (Doi moi), en cada una de las dos diócesis de Langson y Bac Ninh, en Vietnam del norte, quedaron sólo dos sacerdotes, que no podían salir libremente de su residencia. Cuenta el cardenal José Trinh Nhu Khue: “Grupitos de dos o más vivían el Evangelio en la vida diaria y se ayudaban de todas las maneras; y en el don recíproco experimentaban la presencia de Aquel que dijo: “¡Animo!, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33)”.
La Iglesia en mi país ha sobrevivido, sobre todo, gracias a estos pequeños grupos que experimentaban y testimoniaban en la vida diaria la presencia de Cristo. Por todas partes, de hecho, se podía palpar esta presencia de Cristo. Entre dos cristianos que se encontraban en el mercado o entre dos hombres que trabajaban codo a codo en el campo de reeducación. No hacía falta hablarse. No hacía falta un contexto especial. Basta unirse “en su nombre”, es decir, en su amor. Y se experimentaba la presencia del Resucitado, que iluminaba y confortaba.
En la presencia de Cristo en medio de nosotros encontrábamos la esperanza: esa esperanza que “no defrauda” (cf. Rom 5, 5). Y gracias a ella irradiábamos el Evangelio a nuestro alrededor. Justamente cuando todo decaía, Jesús volvió a caminar por las calles de nuestro país. Salió de los sagrarios y se hizo presente en los colegios y en las fábricas, en las oficinas y en las prisiones. (Card. F. S. Nguyen Van Thuan, O.C.)
Meditemos:
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