Martes 14 – DE LA OCTAVA DE PASCUA – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Prefacio de Pascua – Liturgia de las horas: del Propio.
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 36-41)
Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo
36Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías". 37Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?". 38Pedro les respondió: "Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. 39Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar". 40Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. 41Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 33 (32), 4-5. 18-20. 22 (R.: 5b)
R. La tierra está llena del amor del Señor.
4Porque la palabra del Señor es recta y él obra siempre con lealtad; 5él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor. R.
18Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, 19para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.
20Nuestra alma espera en el Señor; él es nuestra ayuda y nuestro escudo. 22Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.
Versículo antes del Evangelio: Salmo 118 (117), 24.
“Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 11-18
He visto al Señor
11María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro 12y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. 13Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". 14Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. 15Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo". 16Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!". 17Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes". 18María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.
Palabra del Señor.
Comentario:
¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que los oyentes le hacen a Pedro y sus compañeros apóstoles (primera lectura). Es una pregunta interesante, porque implica capacidad de decisión y acción. Estos hombres saben lo que se les dice y quien cambiar (convertirse) su historia personal. Ellos intentan un vuelco personal hacia Jesús, el resucitado. "Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil”, nos dice el relato de Hechos de los Apóstoles. El evangelio nos dará más elementos para que la conversión y la entrada a la vida eterna sea más efectiva y real: “Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes". María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras”. No solo importa convertirse, es necesario predicar a Jesús vivo: “ve a decir a mis hermanos”, esa es la tarea para todo aquel que ya recibió el bautismo y entró en el “camino” del Señor. Como María Magdalena debemos anunciar que nosotros también vimos a Jesús.
Meditemos:
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