Viernes 17 – DE LA OCTAVA DE PASCUA – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Prefacio de Pascua – Liturgia de las horas: del Propio
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (4, 1-12)
No existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos alcanzar la salvación
1Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos, 2irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús. 3Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde. 4Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil. 5Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas, 6con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes. 7Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?". 8Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos, 9ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado, 10sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos. 11El es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. 12Porque no existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos alcanzar la salvación".
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 118 (117), 1-2. 4. 22-27a (R.: 22)
R. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular.
1¡Aleluya! ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! 2Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! 4Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor! R.
22La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular 23Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. 24Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. R.
25Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad. 26¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor: 27el Señor es Dios, y él nos ilumina. "Ordenen una procesión con ramas frondosas hasta los ángulos del altar". R.
Versículo antes del Evangelio: Salmo 118 (117), 24.
“Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 21, 1-14
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado
1Después de esto, Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: 2estaban junto Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. 3Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. 4Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. 5Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". 6el les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. 7El discípulo al que Jesús amaba dio a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. 8Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. 9Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. 10Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". 11Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. 12Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor. 13Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. 14Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.
Palabra del Señor.
Comentario:
Al verdadero predicador no tarda en llegarle la persecución. A los poderosos no les gusta que les hagan sombra, ellos, y solo ellos, deben ser los protagonistas. Exigen pruebas de lo irrefutable, que se les explique lo que hasta un niño entendería. No lo hacen de malos, o tal vez sí, lo hacen de ignorantes y ciegos. Pedro no duda, habla de Jesús. El que ellos mataron colgándolo de la cruz, ha resucitado y tiene tal poder que a través de la mediación de sus apóstoles puede seguir sanando. Le clavaron las manos en la cruz para que no curara, ahora tiene muchas manos que multiplican las suyas para sanar no solo a Israel, sino a toda la humanidad. Le sujetaron sus pies, para que no caminara por el país hablando de Dios, ahora tiene muchos pies que caminan por él por todo el mundo. Lo rechazaron, ahora es la piedra angular, el que da la salvación si invocamos su nombre con fe.
Los pescadores son encontrados por Jesús. Ya no hay confusión, no es un fantasma, no es un espíritu, no es la sombra de lo que fue. Es Jesús, es el maestro… más que eso, es el SEÑOR. Pedro, siempre tan impulsivo, se lanza al agua para llegar antes, ya no quiere que Juan llegue primero que él, como en el sepulcro. Jesús está presente, como antes, ellos lo rodean y comparten la humilde comida. Nadie pregunta nada, ¿para qué callar al silencio con preguntas que ya tienen respuesta antes de ser pronunciadas? La tercera es la vencida, todos saben que el SEÑOR ha resucitado y esperan sus órdenes, porque para eso también ha venido.
Meditemos:
Tags: lectura diaria