Domingo 19 – Octava de la Pascua – 2° DOMINGO DE PASCUA (O DE LA DIVINA MISERICORDIA) – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Secuencia (optativa). Credo – Liturgia de las horas: del Propio. Con la celebración de vísperas concluye la octava de la Pascua.
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 42-47)
Los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común
42Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. 43Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. 44Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: 45vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. 46Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; 47ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 118 (117), 2-4. 13-15. 22-24 (R.: 1)
R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
2Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! 3Que lo diga la familia de Aarón: ¡es eterno su amor! 4Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor! R.
13Me empujaron con violencia para derribarme, pero el Señor vino en mi ayuda. 14El Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. 15Un grito de alegría y de victoria resuena en las carpas de los justos: "La mano del Señor hace proezas”. R.
22La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular 23Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. 24Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. R.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (5, 1-6)
El que ha nacido de Dios, vence al mundo
1El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él, 2La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. 3El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, 4porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. 5¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? 6Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu es la verdad.
Palabra de Dios.
Versículo antes del Evangelio: Juan 20, 29
“Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (20, 19-31)
A los ocho días, llegó Jesús
19Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". 20Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. 21Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". 22Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió "Reciban al Espíritu Santo. 23Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". 24Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. 25Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". 26Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". 27Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". 28Tomas respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” 29Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!". 30Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. 31Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor.
Comentario:
Esta imagen ideal de la primera comunidad cristiana nos enseña cómo debemos ser hoy nosotros. Los tres elementos principales de la vida en comunidad para los cristianos son: aprender la palabra y vivir en comunidad, compartir la eucaristía y orar juntos. Esta cercanía fraternal lleva a que todos hagan su “aporte inicial”, que vendan sus bienes y se arriesguen a compartir lo propio con los hermanos que menos tienen en la comunidad. El fruto es estar “juntos con alegría y sencillez de corazón”. Cuando leemos este relato no sólo tiene que ser una llamada a la conciencia de cada uno y de cada comunidad, sino también tiene que ser una fuerte invitación a la utopía, a la búsqueda de esa comunidad “ideal” aquí en la tierra de la mano del Señor. No podemos claudicar, sabemos que ese es el camino para seguir a Jesús.
Ocho días después de su resurrección, Jesús se aparece de nuevo a sus discípulos. El evangelio se detiene a contarnos que Tomás no se encontraba allí. Cuando en el v. 25 sus compañeros le digan que vieron al Señor, él pedirá pruebas, pedirá no solo palabras, sino hechos. Tomás no le cree a la comunidad, no le cree a sus amigos. Él es un hombre valiente, estaba en la calle cuando los demás se encerraban por miedo a los judíos. Pero es un hombre terco. No les cree a sus amigos, ni le cree a Jesús. Pero el Señor aparece de nuevo, y Tomás está presente. El incrédulo queda con la boca abierta, no tiene palabras ante lo que ha ocurrido: ¡Todo era verdad! Por eso su respuesta: “¡Señor mío y Dios mío!”, manifiesta no solo su estado de ánimo, sino también nuestra propia respuesta ante la verdad de que Jesús ha vuelto a la vida. El Señor se refiere a nosotros cuando dice: “¡Felices los que creen sin haber visto!”. Esa es la verdad, nosotros somos los bienaventurados, los bien encaminados, cuando creemos sin ver, cuando nos adherimos a la fe con decisión y confianza, aunque nada nos hace saber hoy que las cosas son como las creemos. En Tomás vemos reflejadas esas personas que necesitan milagros, signos, prodigios, para creer, para confiar en Dios. En él están reflejados los incrédulos, los faltos de fe, en suma, toda la humanidad, en mayor o menor medida.
Meditemos:
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