Domingo 26 – 3° DOMINGO DE PASCUA – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 3ra semana para el Salterio.
Primera Lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (3, 13-15. 17-19)
Mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos
13El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad. 14Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, 15mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. 17Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes. 18Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer. 19Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 4, 2. 7. 9 (R.: cf. 7)
R. ¡Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor!
2Respóndeme cuando te invoco, Dios, mi defensor, tú, que en la angustia me diste un desahogo: ten piedad de mí y escucha mi oración. R.
7Hay muchos que preguntan: "¿Quién nos mostrará la felicidad, si la luz de tu rostro, Señor, se ha alejado de nosotros?". R.
9Me acuesto en paz y en seguida me duermo, porque sólo tú, Señor, aseguras mi descanso. R.
Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2, 1-5a)
El que ha nacido de Dios, vence al mundo
1El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él, 2La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. 3El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, 4porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe. 5¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? 6Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu es la verdad.
Palabra de Dios.
Versículo antes del Evangelio: Lucas 24, 32
“¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (24, 35-48)
Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día
35Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 36Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". 37Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, 38pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? 39Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo". 40Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. 41Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen aquí algo para comer?". 42Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; 43él lo tomó y lo comió delante de todos. 44Después les dijo: "Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos". 45Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, 46y añadió: "Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, 47y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. 48Ustedes son testigos de todo esto.
Palabra del Señor.
Comentario:
El gran pecado de la humanidad no está en portarse bien o mal, está en aceptar o no la presencia de un Dios tan bueno, misericordioso y santo que todo lo puede hacer en aquellos que creemos en él. Se trata de no “matar”, eliminar, a Dios de nuestra vida, de que nuestra existencia sea una constante presencia divina de Dios para los demás. La ignorancia en la fe es, a juicio de Pedro, la razón más fuerte de porqué matamos a Jesús, no solo los hombres de su época, sino también nosotros. De todas maneras, Dios hace bien lo que nosotros nos empeñamos en hacer mal: el padecimiento del Mesías nos salvó la vida. La penitencia y la conversión hacen que nuestros innumerables pecados sean perdonados.
En el evangelio Jesús se les aparece a sus discípulos. Cuando les invita a ver sus manos y pies, a tocarlo (Lc 24, 39) se nos expresa de modo palmario que de verdad ha resucitado el Señor. No hay duda, Jesús está vivo. Por eso les recuerda que lo que pasó no fue obra de la casualidad, sino de un proyecto incomprensible de amor divino, todo debía cumplirse como estaba escrito, porque el plan de Dios era salvar desde hace muchos siglos a toda la humanidad (v. 44). Ahora necesitan que su inteligencia se despierte, que abran su mente (v. 45), para poder apropiarse de todo esto que los supera tremendamente. El anuncio de la pasión, visto en términos de pasado, ahora se vuelve entendible y exigente: hay que predicar para que todos se conviertan de su pecado, los testigos serán los que lo hagan (vv. 47-48).
Meditemos:
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