Miércoles 06 – Feria – Blanco / Misa: del Propio del tiempo – Liturgia de las horas: del Propio del tiempo.
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (12, 24-13, 5)
Resérvenme a Saulo y a Bernabé
1224Mientras tanto, la Palabra de Dios se difundía incesantemente. 25Bernabé y Saulo, una vez cumplida su misión, volvieron de Jerusalén a Antioquía, llevando consigo a Juan, llamado Marcos. 131En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo. 2Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: "Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado". 3Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. 4Saulo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo, fueron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre. 5Al llegar a Salamina anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, y Juan colaboraba con ellos.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 67 (66), 2-3. 5-6. 8 (R.: 4)
R. ¡Que los pueblos te den gracias, oh Dios, que todos los pueblos te den gracias!
2Que Dios tenga piedad y nos bendiga, haga brillar su rostro sobre nosotros, 3para que en la tierra se reconozca su dominio, y su victoria entre las naciones. R.
5Que canten de alegría las naciones, porque gobiernas a los pueblos con justicia y guías a las naciones de la tierra. R.
6¡Que los pueblos te den gracias, oh Dios, que todos los pueblos te den gracias! 8Que Dios nos bendiga, y lo teman todos los confines de la tierra. R.
Versículo antes del Evangelio: Juan 8, 12b.
“Yo soy la luz del mundo –dice el Señor–; el que me sigue tendrá la luz de la vida”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan (12, 44-50)
Yo he venido al mundo como luz
44Jesús exclamó: "El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió. 45Y el que me ve, ve al que me envió. 46Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. 47Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. 48El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. 49Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; 50y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó".
Palabra del Señor.
Comentario:
Estos versículos que cierran el capítulo 12 del evangelio de Juan son una bella síntesis de todo su contenido. Creer en Jesús es creer en el Padre. Jesús se declara como Luz del mundo; y queda claro que la finalidad de la Encarnación no es juicio y condenación, sino salvación y vida plena. A manera de epílogo, Jesús declara la fidelidad de su palabra a la Palabra del Padre. Queda abierta la puerta para que el creyente acepte o rechace la oferta salvífica del Padre por medio de su Hijo. Ahí radica el juicio y condenación. Dios no condena; siempre ofrece salvación y amor. Los seres humanos estamos en plena libertad para aceptar o rechazar este maravilloso ofrecimiento. Es indudable que la aceptación de la oferta salvífica tiene consecuencias y genera compromisos. La salvación es gratuita, pero no barata; por más que parezca paradojal. Una vez que alguien se ha decidido por Jesús, hay que aceptar con libertad y gozo todas las implicaciones que ello implica: éticas, sociales, políticas, religiosas... Abrirse a la luz produce deslumbramiento, pero en forma progresiva se va asimilando el torrente luminoso. Aceptar a Jesús, Luz del mundo, es dejarse penetrar por sus rayos vitalizadores y, al mismo tiempo, convertirse en luz para los demás.
Tomado de http://servicioskoinonia.org/biblico/090503.htm#MIER.
Meditemos:
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