Martes 26 – Memoria Obligatoria – Blanco / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria.
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (20, 17-27)
Cumplo mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús
17Desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. 18Cuando estos llegaron, Pablo les dijo: "Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia. 19He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos. 20Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil; les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado, 21instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús. 22Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí. 23Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan. 24Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios. 25Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino, no volverán a verme. 26Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes. 27Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 68 (67), 10-11. 20-21 (R.: 33a)
R. ¡Canten al Señor, reinos de la tierra!
10Tú derramaste una lluvia generosa, Señor: tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste; 11allí es estableció tu familia, y tú, Señor, la afianzarás por tu bondad para con el pobre. R.
20¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación! El carga con nosotros día tras día; 21él es el Dios que nos salva y nos hace escapar de la muerte. R.
Versículo antes del Evangelio: Juan 14, 16.
“Yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes”
Evangelio
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan (17, 1-11a)
Padre, glorifica a tu Hijo
1Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: "Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, 2ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. 3Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. 4Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. 5Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera. 6Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. 7Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, 8porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. 10Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. 11Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti.
Palabra del Señor.
Comentario:
Esta oración del Señor, con los ojos al cielo (v. 1), marca fuertemente la entrega de Jesús y su duro trabajo, aquí, en la tierra. Contrariamente a lo que nosotros imaginamos sobre la “glorificación”, sea humana o divina, Jesús la vivirá como “pasión”. Para los evangelistas el término “hora” implica el “tiempo designado por Dios para que se realice tal o cual cosa”, la “hora” de Jesús es el tiempo establecido por Dios para su sacrificio en la cruz: el que tanto ama a la humanidad, lo expresa entregándose totalmente por ella, muriendo por ella, dejándose aniquilar para que nosotros vivamos. La “gloria” de Dios reside en “dar la vida” por todos, en morir por la creación para que esta no muera. En vez de destrozar lo malo de la humanidad, o romper su obra creacional, Dios decide hacer lo contrario: morir por nosotros. Esta decisión, porque es una decisión libre, no impuesta por la necesidad, ni marcada por ningún “destino” o “karma”, es tomada por Dios con total libertad. El autor de la criatura se hace criatura y comparte el destino de la criatura para, en esa mixtura de lo divino hecho creación, elevarla a la presencia celestial sin los condicionamientos negativos de lo creado: es decir, la finitud y la muerte. Por eso se habla de la Vida eterna, que es accesible para aquellos que “crean”, para aquellos que “decidan” libremente “adherirse” a lo divino, al creador hecho creatura. La fidelidad a “tu palabra” es el eje por el cual pasa la claridad y certeza de que son dignos de la vida eterna, en definitiva, lo importante no es la “aceptación” formal, aunque sea explícita, de la fe… sino “vivir” en fidelidad a esa fe aceptada. Dios, en un modo más sencillo de decirlo, no valora tanto mis palabras, sino mis gestos. No es lo que digo, sino lo que hago. Jesús terminará su oración (v. 9) orando fervorosamente por “los que me diste, porque son tuyos”. No es que Jesús se desentienda de toda la creación, sino que sabe que, así como él fue la concentración del amor divino para el mundo, en ellos está la primera expansión de ese amor, la primera caja de resonancia del amor redentor de Dios para toda la creación. Los discípulos son aquellos que tienen el peso de llevar la enseñanza y el modo de vivir de los cristianos a todo el universo.
Meditemos:
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