viernes, 29 de mayo de 2009

Miércoles 03 – Memoria Obligatoria: San Carlos Lwanga y compañeros, mártires – Rojo / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria.

Primera lectura

Lectura del libro de Tobías 3, 1-11a. 16-17a

Tobías no se abatió a causa de la ceguera

1Con el alma llena de aflicción, suspirando y llorando, comencé a orar y a lamentarme, diciendo: 2"Tú eres justo, Señor, y todas tus obras son justas. Todos tus caminos son fidelidad y verdad, y eres tú el que juzgas al mundo. 3Y ahora, Señor, acuérdate de mí y míreme; no me castigues por mis pecados y mis errores, ni por los que mis padres cometieron delante de ti. 4Ellos desoyeron tus mandamientos y tú nos entregaste al saqueo, al cautiverio y a la muerte, exponiéndonos a las burlas, a las habladurías y al escarnio de las naciones donde nos has dispersado. 5Sí, todos tus juicios son verdaderos, cuando me tratas así por mis pecados, ya que no hemos cumplido tus mandamientos ni hemos caminado en la verdad delante de ti. 6Trátame ahora como mejor te parezca: retírame el aliento de vida, para que yo desaparezca de la tierra y quede reducido a polvo. Más me vale morir que vivir, porque he escuchado reproches injustos y estoy agobiado por la tristeza. Líbrame, Señor, de tanta opresión, déjame partir hacia la morada eterna y no apartes de mí tu rostro, Señor. Es preferible para mí la muerte, antes que ver tanta opresión en mi vida y seguir escuchando insultos". 7Ese mismo día sucedió que Sara, hija de Ragüel, que vivía en Ecbátana, en Media, fue insultada por una de las esclavas de su padre. 8Porque Sara se había casado siete veces, pero el malvado demonio Asmodeo, había matado a sus maridos, uno después de otro, antes de que tuvieran relaciones con ella. La esclava le dijo: "¡Eres tú la que matas a tus maridos! ¡Te has casado con siete y ni uno solo te ha dado su nombre! 9 Que tus maridos hayan muerto no es razón para que nos castigues. ¡Ve a reunirte con ellos y que jamás veamos ni a un hijo ni a una hija tuyos!". 10Aquel día, Sara se entristeció mucho, se puso a llorar y subió a la habitación de su padre, con la intención de ahorcarse. Pero luego pensó: "¿Y si esto da motivo a que insulten a mi padre y le digan: "Tú no tenías más que una hija querida, y ella se ha ahorcado por sus desgracias"? No quiero que por culpa mía mi anciano padre baje a la tumba lleno de tristeza. Mejor será que no me ahorque, sino que pida al Señor que me haga morir. Así no oiré más insultos en mi vida". 11Entonces, extendiendo los brazos hacia la ventana, Sara oró de este modo: "¡Bendito seas, Dios misericordioso, y bendito sea tu Nombre para siempre! 16A un mismo tiempo, fueron acogidas favorablemente ante la gloria de Dios las plegarias de Tobit y de Sara, 17y fue enviado Rafael para curar a los dos.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Salmo responsorial 25 (24), 2-3a.4-5ab. 6-7bc. 8-9 (R.: 1)

R. ¡A ti, Señor, elevo mi alma!

2Dios mío, yo pongo en ti mi confianza; ¡que no tenga que avergonzarme ni se rían de mí mis enemigos! 3Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse. R.

4Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. 5Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

6Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos. 7Por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad. R.

8El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; 9él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 18-27

No es Dios de muertos, sino de vivos

18Se le acercaron unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caos: 19"Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: "Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda". 20Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. 21El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero; 22y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer. 23Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?". 24Jesús les dijo: "¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios? 25Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo. 26Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? 27El no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error".

Palabra del Señor.

Comentario:

El Evangelio de este día nos habla de la resurrección de los muertos. Algunas estadísticas indican que muchos cristianos no son conscientes de esta verdad de fe. Yo mismo he comprobado, hablando con adolescentes y jóvenes, que consideran la resurrección de la carne como algo metafórico. En los primeros tiempos pasaba algo parecido. San Pablo, cuando anuncia en Atenas que los muertos resucitarán, ve con sorpresa que todos dejan de escucharle. Encontraban aquella doctrina extravagante.

Al decir que resucita la carne, lo cual es posible gracias a la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, afirmamos también el valor de todo lo humano. La Iglesia siempre ha huido del angelismo. En la historia han existido muchos movimientos, nacidos en el seno del cristianismo, que despreciaban lo material. Daban tanta importancia a lo espiritual que negaban el valor del cuerpo. Era el caso, por ejemplo, de los maniqueos. Sin embargo, Jesús, con su encarnación asume todo lo humano y, en primer lugar el cuerpo y el alma. Muere verdaderamente y resucita.

La resurrección de la carne nos ayuda a relacionarnos con todo lo material sabiendo que lo mejor de ello será recuperado en la vida eterna. Por ello tienen sentido las emociones estéticas, escuchar una música bella o paladear un buen vino. El mundo no es malo y nuestro cuerpo tampoco. El hecho de que la vida humana no se agote en su corporeidad no significa que debamos despreciarlo.

Ahora bien, la resurrección señala también un estado de plenitud. Nuestro cuerpo, entonces glorificado, no estará sujeto a las necesidades que ahora experimentamos ni tampoco se resistirá a las mociones del alma. Resplandecerá con la plenitud de vida que Dios le comunica. Pensar en la resurrección no nos lleva a idolatrar lo corporal sino a tomarnos la vida en serio y con esperanza. De hecho, si no hubiera esperanza tampoco habría seriedad y todo parecería un juego.

San Pedro de Alcántara tiene unas sugerentes meditaciones sobre la muerte. Para algunos pueden resultar tremebundas, pero dice cosas muy interesantes. Señala, por ejemplo, y a mí me ayuda, el dolor que deben sentir alma y cuerpo al separarse en el momento de la muerte. Lo han compartido todo durante tantos años y, de repente, emprenden viajes separados. Ese es un punto muy misterioso de nuestra existencia. De ahí que nosotros aceptemos alegres la noticia del Señor de que la muerte ha sido vencida y el hombre, después de esta vida, podrá alcanzar en plenitud la unidad por la que lucha en esta vida.

Porque la resurrección de la carne nos habla también de la unidad del hombre y nos impulsa a buscarla. Precisamente uno de nuestros dramas es el vivir escindidos. Jesús nos da una clave para esa unidad: “No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos”. La pregunta de los saduceos escondía una trampa. Con su ejemplo absolutamente inverosímil pretendían separar lo que hacemos en este mundo de nuestro destino definitivo. Pero estamos en manos de Dios y sólo en Él se entiende todo.

Tomado de http://homiletica.org/arquidiocesisdemadrid0270.htm, vista el 28/05/2009.

 

Meditemos:

  1. ¿Cuál es mi opinión sobre la muerte y la resurrección?
  2. ¿Cómo me impacta la muerte de mis seres queridos?

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 15:38
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