viernes, 12 de junio de 2009

 Viernes 12 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. Día penitencial.

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 4, 7-15

Quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con ustedes

7Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios. 8Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; 9perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados. 10Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12De esa manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida. 13Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: Creí, y por eso hablé, también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos. 14Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos reunirá a su lado junto con ustedes. 15Todo esto es por ustedes: para que al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo responsorial 116 (115), 10-11.15-16. 17-18

R¡Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza!

10Tenía confianza, incluso cuando dije: "¡Qué grande es mi desgracia!". 11Yo, que en mi turbación llegué a decir: "¡Los hombres son todos mentirosos!". R.

15¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos! 16Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas. R.

17Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor. 18Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo. R.

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5, 27-32

El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero

27Ustedes han oído que se dijo: "No cometerás adulterio". 28Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. 29Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. 30Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti; es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. 31También se dijo: "El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio". 32Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

Palabra del Señor.

Comentario:

En la vida de San Antonio de Padua se cuenta un hecho que sucedió a raíz de este evangelio: un joven que le dio un puntapié a su madre oyendo hablar al santo sobre este pasaje evangélico se desesperó y se cortó el pie. La madre del muchacho acudió desesperada al predicador, éste vino y puso el pie en su lugar, y el joven milagrosamente fue curado.

Este evangelio no es para tomarlo al pie de la letra en lo que respecta a la integridad física, debemos tomarlo al pie de la letra en lo que atañe al bien espiritual.

Cristo es muy sabio al darnos estos consejos, porque no quiere el mal de nuestro cuerpo, quiere el bien del alma. Así como es doloroso cortarse un miembro sin anestesia, así más dolor causa al alma el perder un miembro por utilizarlo en el pecado.

Cuando hay verdadero amor de un hombre por una mujer, de una mujer por un hombre, de los enamorados entre sí, de los adolescentes a la vida,... de todos a Dios, no se puede mirar a una mujer deseándola.

Todos somos hijos del Padre Eterno, y como hijos de un mismo Padre debemos mirar no lo que llevamos encima, sino más bien lo que hay en el corazón del hombre: un pequeño reflejo del fuego del amor de Dios. Autor: Juan Jesús Riveros – Fuente: www.Catholic.net, vista el 31-05-09.

 

Meditemos:

  1. ¿Qué nos dice este evangelio a nosotros?
  2. ¿Por qué Jesús plantea el extremo de “córtatela”?

 


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