Lunes 15 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria. 3° semana para el Salterio.
Primera lectura
Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 6, 1-10
Damos prueba de que somos servidores de Dios
1Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. 2Porque él nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación. 3En cuanto a nosotros, no damos a nadie ninguna ocasión de escándalo, para que no se desprestigie nuestro ministerio. 4Al contrario, siempre nos comportamos como corresponde a ministros de Dios, con una gran constancia: en las tribulaciones, en las adversidades, en las angustias, 5al soportar los golpes, en la cárcel, en las revueltas, en las fatigas, en la falta de sueño, en el hambre. 6Nosotros obramos con integridad, con inteligencia, con paciencia, con benignidad, con docilidad al Espíritu Santo, con un amor sincero, 7con la palabra de verdad, con el poder de Dios; usando las armas ofensivas y defensivas de la justicia; 8sea que nos encontremos en la gloria, o que estemos humillados; que gocemos de buena o de mala fama; que seamos considerados como impostores, cuando en realidad somos sinceros; 9como desconocidos, cuando nos conocen muy bien; como moribundos, cuando estamos llenos de vida; como castigados, aunque estamos ilesos; 10como tristes, aunque estamos siempre alegres; como pobres, aunque enriquecemos a muchos; como gente que no tiene nada, aunque lo poseemos todo.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo responsorial Sal 98 (97), 1. 2-3ab. 3cd-4
R. ¡El Señor da a conocer su victoria!
1Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.
2El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: 3se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.
Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. 4Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5, 38-42
Yo les digo que no hagan frente al que les hace mal
38Ustedes han oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente". 39Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 40Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; 41y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. 42Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.
Palabra del Señor.
Comentario:
Mucho antes de Moisés, la ley del talión ya había sido formulada por el código de Hammurabi. Mientras que el cántico de Lámec, el descendiente de Caín, no ponía límites a la venganza (Yo maté a un hombre por una herida y a un muchacho por una contusión, Gén 4, 23), la ley del talión establecía un principio de equidad: Ojo por ojo, diente por diente (Éx 21, 23-25; Lev 24, 19-20; Dt 19, 21). Por tanto, no propiciaba la venganza, sino que trataba de moderar los impulsos desenfrenados de la persona ofendida y determinaba la justa medida del castigo, sin excesos ni defectos. En tiempos de Jesús, algunos defendían este principio al pie de la letra, pero en general se tendía a sustituir el daño físico por una reparación o compensación económica.
En contraposición con este principio, Jesús invita a sus discípulos a no enfrentarse al que les hace mal (es decir, a no responder con violencia a la violencia y a evitar cualquier forma de represalia). Para Jesús no basta con evitar la falta de proporción entre la ofensa y el castigo, como lo requería la ley del talión. El rechazo de la violencia puede exigir, llegado el caso, la renuncia a lo que podría considerarse un legítimo derecho.
La enumeración de las ofensas infligidas y recibidas sigue una escala descendente. La gradación comienza con la agresión física (el golpe en la mejilla derecha); luego viene el recurso a los tribunales, después la coacción, y por último una petición probablemente inoportuna y molesta.
El agravio más humillante es el golpe recibido en la mejilla derecha, no en la izquierda. Esto quiere decir que se trata de una bofetada dada no con el interior de la mano, sino con el revés. Un golpe tal era considerado en Oriente una ofensa extremadamente grave.
Luego viene el intento de quitarle a uno la túnica. No se detalla la situación concreta, pero se trata indudablemente de un pleito entablado en los tribunales contra un pobre que poseía una sola túnica y un solo abrigo. La invitación a entregar también el manto implicaba renunciar a un legítimo derecho, ya que la ley prohibía despojar del manto al pobre que tenía necesidad de él para protegerse del frío nocturno (Éx 22, 25-26).
La coacción a que se refiere el v. 41 hace pensar en la extorsión ejercida por las cohortes romanas, que se atribuían el derecho de obligar a un judío a caminar con ellos para servirles de guía o para llevar una carga gratuitamente (cf. Mc 15, 21).
La enumeración concluye con una doble exhortación: no volver la espalda al que requiere un préstamo y dar al que pide. Esta última exhortación es tanto más apremiante si se tiene en cuenta cuán numerosos e insistentes eran los mendigos en Oriente.
Es importante notar que esta renuncia a la acción violenta, a las represalias y a la sanción jurídica no implica quedarse inactivo frente a la injusticia. Habría que pensar, más bien, en el texto de Prov 25, 21-22, citado por Pablo en Rom 12, 20: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto, amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza. Es decir, al devolverle bien por mal harás que su rostro se ponga rojo de vergüenza y lo moverás al arrepentimiento. De ahí la exhortación que Pablo añade inmediatamente después: No te dejes vencer por el mal, sino vence al mal haciendo el bien (Rom 12, 21).
Cuando se trata de llevar a la práctica las exigencias expresadas en esta antítesis, no se puede ignorar el carácter hiperbólico de muchas expresiones de Jesús (cf. 18, 6-9). Pero al recurrir con tanta frecuencia a la hipérbole, él lanzaba un desafío a la imaginación de sus oyentes. En el tono profético y provocador de tales expresiones radica precisamente la eficacia de sus palabras. Tomado de Comentario Bíblico Internacional (Navarra, 2003), Armando J. Levoratti, pág. 308-9.
Meditemos:
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