Viernes 26 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la Feria. Día penitencial.
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis 17, 1. 9-10. 15-22
Circuncidad a todos sus varones en señal de mi pacto. Sara te va a dar un hijo
1Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: "Yo soy el Dios Todopoderoso. Camina en mi presencia y sé irreprochable. 9Después, Dios dijo a Abraham: "Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones. 10Y esta es mi alianza con ustedes, a la que permanecerán fieles tú y tus descendientes; todos los varones deberán ser circuncidados. 15También dijo Dios a Abraham: "A Sarai, tu esposa, no la llamarás más Sarai, sino que su nombre será Sara. 16Yo la bendeciré y te daré un hijo nacido de ella, al que también bendeciré. De ella suscitaré naciones, y de ella nacerán reyes de pueblos". 17Abraham cayó con el rostro en tierra, y se sonrió, pensando: "¿Se puede tener un hijo a los cien años? Y Sara, a los noventa, ¿podrá dar a luz?". 18Entonces Abraham dijo a Dios: "Basta con que Ismael viva feliz bajo tu protección". 19Pero Dios le respondió: "No, tu esposa Sara te dará un hijo, a quien pondrás el nombre de Isaac. Yo estableceré mi alianza con él y con su descendencia como una alianza eterna. 20Sin embargo, también te escucharé en lo que respecta a Ismael: lo bendeciré, lo haré fecundo y le daré una descendencia muy numerosa; será padre de doce príncipes y haré de él una gran nación. 21Pero mi alianza la estableceré con Isaac, el hijo que Sara te dará el año próximo, para esta misma época". 22Y cuando terminó de hablar, Dios se alejó de Abraham.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 128 (127), 1-2. 3. 4-5
R. ¡Esta es la bendición del hombre que teme al Señor!
1¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos! 2Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien. R.
3Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. R.
4¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor! 5¡Que el Señor te bendiga desde Sión todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén. R.
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 8, 1-4
Si quieres, puedes limpiarme
1Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. 2Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes purificarme". 3Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante quedó purificado de su lepra. 4Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie, pero ve a presentarse al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio".
Palabra del Señor.
Comentario:
La lepra era considerada contagiosa, y todo el que la padecía quedaba sometido a una estricta cuarentena (cf. 2 Cr 26, 19-21), y se le exigía que advirtiera a cualquiera que se le acercara (Lv 13, 45). Debido a la seriedad con que era considerada esta enfermedad, existían regulaciones detalladas respecto a ella (Lv 13-14). El hecho de que el leproso se aproximara a Jesús y se arrodillara ante él, en lugar de gritar “impuro”, era prueba de su convicción de que Jesús podía curarlo. El leproso da a Jesús el tratamiento de “Señor”, “maestro”, como quien enseña “con autoridad” (7, 29). Jesús responde a esta fe tocándolo, aun cuando se consideraba que tal contacto dejaba impuro (Lv 5, 3), y el hombre queda inmediatamente limpio de la lepra.
Según la Ley, el leproso primero tenía que conseguir de un sacerdote el reconocimiento oficial de que estaba limpio, y hasta que se hacía esa declaración seguía siendo oficialmente impuro. Jesús le aconseja que haga lo que las regulaciones estipulan (Lv 14, 4. 10) como testimonio ante el pueblo antes que él les hable. Para Mateo, esta afirmación no significa simplemente que presente una prueba de que está sano, como indica su cita de Is 53, 4 al final de este primer bloque de milagros (v. 17). La purificación del leproso es una ilustración excelente del restablecimiento del pueblo de Dios en la integridad; quien fue “despreciado, rechazado por los hombres” se ve rehecho (Is 53, 3). En el Talmud de Babilonia se indica que Isaías 53 se entendía a veces como la descripción de un leproso. Tomado de Comentario Bíblico Internacional, Adrian Leske.
Meditemos:
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