Sábado 20 – Feria (o Memoria Libre: San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia – Blanco / Santa María en Sábado – Blanco) / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. 1as vísperas del 13° domingo durante el año.
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis 18, 1-15
¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte Sara habrá tenido un hijo
1El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor. 2Alzando los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el suelo. 3diciendo: "Señor mío, si quieres hacerme un favor, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor. 4Yo haré que les traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del árbol. 5Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!". Ellos respondieron: "Está bien. Puedes hacer lo que dijiste". 6Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara y le dijo: "¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas". 7Después fue corriendo hasta el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo. 8Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol. 9Ellos le preguntaron: "¿Dónde está Sara, tu mujer?". "Ahí en la carpa", les respondió. 10Entonces uno de ellos le dijo: "Volveré a verte sin falta en el año entrante, y para ese entonces Sara habrá tenido un hijo". Mientras tanto, Sara había estado escuchando a la entrada de la carpa, que estaba justo detrás de él. 11Abraham y Sara eran ancianos de edad avanzada, y los períodos de Sara ya habían cesado. 12Por eso, ella rió en su interior, pensando: "Con lo vieja que soy, ¿volveré a experimentar el placer? Además, ¡mi marido es tan viejo!". 13Pero el Señor dijo a Abraham: "¿Por qué se ha reído Sara, pensando que no podrá dar a luz, siendo tan vieja? 14¿Acaso hay algo imposible para el Señor? Cuando yo vuelva a verte para esta época, en el año entrante, Sara habrá tenido un hijo". 15Ella tuvo miedo, y trató de engañarlo, diciendo: "No, no me he reído". Pero él le respondió: "Sí, te has reído".
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo responsorial Lucas 1, 46-47. 48-49. 50 y 53. 54-55
R. ¡El Señor se acuerda de su misericordia!
46Mi alma canta la grandeza del Señor, 47y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador. R.
48Porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, 49porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! R.
50Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. 53Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. R.
54Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, 55como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre. R.
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 8, 5-17
Vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, lsaac y Jacob
5Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, rogándole 6"Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente". 7Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo". 8Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. 9Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: "Ve", él va, y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer esto", él lo hace". 10Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. 11Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; 12en cambio, los herederos del reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar los dientes". 13Y Jesús dijo al centurión: "Ve, y que suceda como has creído". Y el sirviente se curó en ese mismo momento. 14Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. 15Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. 16Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, 17para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: "El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades".
Palabra del Señor.
Comentario:
La curación del siervo del centurión (8,5-13): El “centurión” era, probablemente, un oficial al mando de cien soldados de infantería que mantenían una presencia romana en Cafarnaún. Mateo da pocos detalles; lo que le interesa realmente es que un gentil puede ser introducido en el reino. “Señor” (v. 6) no es más que un tratamiento respetuoso de cortesía, pero, referido a Jesús, acabó por expresar esa “autoridad” de 7, 29. La parálisis del siervo le ha hecho sufrir grandes dolores, y el centurión actúa movido por una honda preocupación. Según la tradición rabínica, entrar en la casa de un gentil equivalía a hacerse impuro. La respuesta del centurión, “di una sola palabra, y mi criado quedará sano” (v. 8), puede que tuviera eso en cuenta. Es mediante una palabra como Dios cura (p.ej., Sal 107,20; Sabiduría 16, 12) y como realizará la redención de todas las naciones (Isaías 45, 23; 55, 11).
Jesús “se asombró”, y dijo a la gente: “jamás he encontrado en Israel una fe tan grande”, porque la fe del centurión era de sincera resolución y total confianza en la autoridad de Jesús y en su poder de curar. “Vendrán muchos de oriente y de occidente” (v. 11) repite la promesa de que parte de la restauración consistiría en que las naciones vendrían al esplendor de la salida de Israel y celebrarían con reconocimiento que Dios es el único Señor (Is 49, 12; 60, 3-7; 66, 18-23; Zac 8, 20-23). Esta venida de los gentiles fue anticipada ya en Mateo con el viaje de los magos. “Comer” o “sentarse a la mesa” significa celebrar la restauración del reino de Dios con Israel en un banquete mesiánico (cf. Is 25, 6; 55, 2).
Los herederos, “hijos”, del reino (v. 12) son aquí los que esperaban heredado como descendientes de Abraham, Isaac y Jacob. Se rechaza así a quienes pretenden ser miembros del reino por la raza, y no por la fe. El evangelista podría estar anticipando aquí el banquete de los publicanos en el capítulo siguiente. “Las tinieblas de fuera, donde será el llanto y el rechinar de dientes” es el rechazo en el juicio final: quedar totalmente apartado de la presencia resplandeciente de Dios. Ésta es una frase por la que Mateo siente predilección (3, 42. 50; 22, 13; 24, 51; 25, 30), Y que alude al acto de los malvados que rechinan sus dientes con malicia contra el justo (Sal 35, 16; 112, 10; Job 16,9).
Jesús cura a la suegra de Pedro y a otros: Como hombre casado, Pedro tiene su propia casa en Cafarnaún. Su suegra está en cama ardiendo de fiebre. Jesús le toca la mano lo mismo que había tocado al leproso (v. 3) y a otros al curarlos (9, 29; 20, 34), y con ese toque la suegra de Pedro recupera completamente su salud. Resulta significativo que la palabra griega que se traduce por “se levantó” sea el término utilizado principalmente en el NT para indicar la resurrección de entre los muertos. Restablecida en la plenitud de vida, responde inmediatamente con actos de servicio. La posesión demoníaca (v. 16) abarcaba toda reacción involuntaria reiterada, psíquica o física, que se creía provocada por fuerzas espirituales distintas de Dios. Estos espíritus son expulsados con una palabra, lo que recuerda la profesión de fe del centurión y las referencias isaianas a la “palabra” salvadora de Dios que realiza el designio divino (cf. v. 8). La cita tomada de Isaías 53, 4 hace referencia a todos los milagros mencionados hasta ahora. Jesús, como verdadero representante del Israel Siervo, trae la curación y la restauración a Israel. La consecuencia es que Jesús, en cuanto es el verdadero Siervo, está cumpliendo la vocación de Israel como Siervo de Dios en el reino. Tomado de Comentario Bíblico Internacional, Adrian Leske.
Meditemos:
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