Domingo 12 – 15° DURANTE EL AÑO – Verde / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 3ra semana para el Salterio. 15ra semana.
Primera Lectura
Lectura de la profecía de Amós 7, 12-15
Ve y profetiza a mi pueblo
12Después, Amasías dijo a Amós: "Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. 13Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino". 14Amós respondió a Amasías: "Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros; 15pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: "Ve a profetizar a mi pueblo Israel".
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 85 (84), 9ab-10. 11-12. 13-14 (R.: 8)
R. ¡Manifiéstanos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación!
9Voy a proclamar lo que dice el Señor: el Señor promete la paz, la paz para su pueblo y sus amigos. 10Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria habitará en nuestra tierra. R.
11El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; 12la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo. R.
13El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. 14La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-14
Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo
3Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, 4y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. 5El nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, 6para alabanza de al gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido. 7En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, 8que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento. 9El nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, 10para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo. 11En él hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano -según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad- 12a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria. 13En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de la verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello por el Espíritu Santo prometido. 14Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su gloria.
Palabra de Dios.
Aleluya: Confrontar. Efesios 1, 17-18
“El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama”
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 7-13
Los fue enviando
7Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. 8Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; 9que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. 10Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. 11Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". 12Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.
Palabra del Señor.
Comentario:
Llamó a los doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Por todos es conocido el relato que, en el libro del Génesis, nos cuenta el asesinato de Abel por su hermano Caín. La actitud egoísta y egocéntrica de Caín es la culminación del proceso de corrupción que generaron sus padres, Adán y Eva, al oponerse al proyecto de amor de Dios. Adán y Eva se dejan seducir por el espíritu impuro, es él quien los instiga a obrar el mal, a desobedecer el camino del Señor. Ahora deben ganarse el sustento diario con el sudor de su frente y perder la vida en el intento, destinado al fracaso, de una felicidad que no se acaba. Caín y Abel heredan esto, si bien no heredan el pecado de sus padres, sí heredan las consecuencias. Abel rompe ataduras con las consecuencias del pecado y decide obedecer la voluntad de Dios consagrando su vida y sus bienes a Él. Caín se deja absorber, atar, manipular por las consecuencias del pecado y, siguiendo casi una tendencia genética heredada de sus padres, cae en el egoísmo, la envidia, la maldad. Él mata a su hermano y, así como Adán y Eva rompieron los lazos de unidad entre Dios y la humanidad, Caín, con ese acto horroroso de matar a su hermano, rompe los lazos de los hombres entre sí. Ya no somos hermanos unidos por la sangre, somos enemigos divididos por el odio y la envidia.
Jesús sabe bien esto. Por eso envía a sus discípulos de dos en dos. Los doce son símbolo de toda la comunidad, de todo el pueblo elegido, doce tribus de Israel, doce discípulos. De dos en dos, significa que Caín y Abel están de nuevo hermanados, ya no por la sangre, sino por el amor al Dios verdadero que viene a salvarnos a todos. La primera cadena se ha roto, la cadena de la desunión entre semejantes, entre iguales, ya no tiene poder para atarnos al mal.
Al darles poder sobre los espíritus impuros, Jesús rompe las ataduras. Lo que Adán y Eva, como arquetipo de la humanidad, varón y mujer, no supieron defender, desde el poder de Jesús, los discípulos sí sabrán hacerlo. Tener poder sobre los espíritus impuros es tener poder sobre la muerte, nacida del pecado; es tener poder sobre la división, nacida del egoísmo; es tener poder sobre la enfermedad, nacida de la separación de Dios.
Ni pan, ni provisiones, ni dinero. En otro pasaje dice Jesús, no se puede tener dos señores, o amas a Dios o amas el dinero. El dinero sirve para intercambiar bienes, hemos suplantado el trueque por el manejo de dinero, hasta inclusive se compra dinero (los famosos arbolitos que “venden” dólares). El dinero se ha convertido en signo de poder, de dominación sobre los demás. Muchos, por amor al dinero y al poder, cambiaron sus nombres personales por el genérico de Caín, se volvieron asesinos de sus hermanos. Por dinero, asesinamos de hambre a gran parte de nuestra población. Por dinero, asesinamos conciencias. Inclusive, por dinero, se matan familias enteras al pelearse por la herencia de los padres que sólo querían que sus hijos vivieran bien y felices. ¡Maldito dinero! Pareciera que hablar de provisiones es un nexo, porque lo importante ni siquiera es llevar lo mínimo para la supervivencia: el pan. El discípulo debe confiar plenamente en Dios, entregarse totalmente a Él, pues, lo que está por hacer es totalmente para Dios. Nosotros, desde el Evangelio de Mateo y Lucas, hemos aprendido en el “Padrenuestro” a decir “danos nuestro pan de cada día”. Asegurándonos así no caer en la tentación de llevar para el camino pan, provisiones o dinero. ¡Es la confianza en la Providencia!
Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión. Sí, leyó bien, eso es lo que predicaban, exhortaban a la conversión. Nuestra predicación, debe ser siempre una exhortación, una llamada fuerte de atención para que las personas se conviertan al Dios de la vida. Llamar, invitar, exhortar, casi obligar a la conversión es lo que cada uno de nosotros y la iglesia toda debe predicar siempre.
Expulsaron a muchos demonios y sanaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo. Si no lo hubiésemos leído tanto, si no oyéramos sin escuchar, si meditáramos lo que leemos, nos daríamos cuenta qué rara es esta conclusión: La predicación expulsa demonios, la predicación sana a los enfermos. No sólo se vence la división del hombre con el hombre, del hombre con Dios, sino también se logra la unión de la vida con la eternidad, de la gracia con la felicidad. Un hombre sano, no puede morir, un hombre sano, es feliz. El poder de Dios lleva a la vida eterna, que el poder del mal había troncado. El poder de Dios con su gracia lleva a la felicidad, que el poder del mal había enfermado suplantándola por la tristeza y la depresión. En todo enfermo siempre hay una gran cuota de tristeza. No nos fijemos en el final, lo que tiene que pasar, fijémonos en nuestra tarea, lo que hay que hacer. Usted predique e insista en esa predicación, “con ocasión o sin ella” (2Tim 4, 2), si lo escuchan o no…, las sanaciones y las liberaciones vendrán por obra del Señor. Si hacemos bien nuestra tarea, las cosas terminan como las dice Jesús.
Seamos nosotros, de dos en dos, en comunidad, artífices de esta predicación, protagonistas conscientes del movimiento de Jesús que lleva a la hermandad entre todos y a la unidad perfecta de las criaturas con el Creador. Prediquemos la conversión, vayamos confiados en la providencia y expulsemos los demonios de la división y la enfermedad sanando a todos con el óleo del arrepentimiento, con el óleo de la fraternidad nacida del poder de Jesús en nuestros corazones. Amén.
Meditemos:
Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio