miércoles, 22 de julio de 2009

 Miércoles 22 – Memoria Obligatoria: Santa María Magdalena – Blanco / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria.

Primera lectura

Lectura del libro del Cantar de los Cantares 3, 1-4a

Encontré al amor de mi alma

1En mi lecho, durante la noche, busqué al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré! 2Me levantaré y recorreré la ciudad; por las calles y las plazas, buscaré al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré! 3Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad: "¿Han visto al amado de mi alma?". 4Apenas los había pasado, encontré al amado de mi alma.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Sal 63 (62), 2-6. 8-9.

R. ¡Señor, mi alma tiene sed de ti!

2Oh Dios, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua. R.

3Sí, yo te contemplé en el Santuario para ver tu poder y tu gloria. 4Porque tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán. R.

5Así te bendeciré mientras viva y alzaré mis manos en tu Nombre. 6Mi alma quedará saciada como con un manjar delicioso, y mi boca te alabará con júbilo en los labios. R.

8veo que has sido mi ayuda y soy feliz a la sombra de tus alas. 9Mi alma está unida a ti, tu mano me sostiene. R.

Aclamación antes del Evangelio:

“Aleluya, aleluya. ¿Qué has visto de camino, María, en la mañana? A mi Señor glorioso, la tumba abandonada. Aleluya”

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1-2. 11-18

Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?

1El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. 2Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". 11María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro 12y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. 13Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". 14Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. 15Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo". 16Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!". 17Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: "Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes". 18María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Palabra del Señor.

Comentario:

Su nombre era María, que significa "preferida por Dios", y era natural de Magdala en Galilea; de ahí su sobrenombre de Magdalena. Magdala, ciudad a la orilla del Mar de Galilea, o Lago de Tiberiades. Jesús, al dar su Espíritu a sus apóstoles, les dijo que perdonasen los pecados conforme se lo habían visto a Él hacer: y la liturgia nos recuerda hoy un ejemplo, que será siempre famoso, de la misericordia del Salvador con los que se duelen de sus pasados extravíos.

María, hermana de Marta y Lázaro, era pública pecadora, hasta que tocada un día por la gracia, vino a rendirse a los pies del Señor.  “No te acerques a mí, porque estoy puro”, le dirían los soberbios; pero el Señor, al contrario, la recibe y perdona. Por eso Jesús, “acoge bondadoso la ofrenda de sus servicios”, y le ofrece para siempre un sitial de honor en su corte real. La contrición transforma su amor. “Por haber amado mucho, se le perdonan muchos pecados”. Movido por sus ruegos resucita Jesús a Lázaro, su hermano, y cuando Jesús es crucificado, le asiste, más muerta que viva; preguntando, como la esposa de los Cantares, a dónde han puesto su esposo Divino, Cristo la llama por su propio nombre, y mándale llevar a los discípulos la nueva de su Resurrección.

A imitación de la gran Santa María Magdalena, vengamos en espíritu de amor y de compunción, a ofrecer a Jesús, presente en la santa Misa, el tesoro de nuestras alabanzas. Hagámosle compañía, como las dos hermanas Marta y María; adornemos su altar, con ese recio espíritu de fe que no teme el escándalo farisaico, con todo el esplendor que conviene a la casa de Dios. Imitémosla sobre todo en su acendrado amor a Jesús, seguros de que haciéndolo así, lograremos la remisión entera de nuestras pasadas culpas, elevándonos, desde el fondo de nuestra miseria a la cima de la santidad. Al que busca a Dios con gemidos, pronto le abre la puerta de su misericordia y de sus ricos tesoros.  Tomado de www.EWTN.com.

Meditemos:

  1. ¿Tenemos el espíritu de conversión de María Magdalena?
  2. ¿En qué cosas debo cambiar para “amar” como María Magdalena amó a Jesús?

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 0:00
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios