jueves, 13 de agosto de 2009

Jueves 13 – Feria (o Memoria Libre: San Ponciano, papa, e Hipólito, presbítero, mártires – Rojo) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.

Primera lectura

Lectura del libro de Josué 3, 7-10a. 11. 13-17

El Arca de la Alianza del Señor va a pasar el Jordán delante de ustedes

7Entonces el Señor dijo a Josué: "Hoy empezaré a engrandecerme a los ojos de todo Israel, para que sepan que yo estoy contigo como estuve con Moisés. 8Ahora ordena a los sacerdotes que llevan el Arca de la Alianza: "Cuando lleguen al borde del Jordán, deténganse junto al río". 9Josué dijo a los israelitas: "Acérquense y escuchen las palabras del Señor, su Dios". 10Y añadió: "En esto conocerán que el Dios viviente está entre ustedes: 11el Arca de la Alianza del Señor de toda la tierra va a cruzar el Jordán delante de ustedes. 13Y apenas los sacerdotes que llevan el Arca del Señor de toda la tierra apoyen sus pies sobre las aguas del Jordán, estas se abrirán, y las aguas que vienen de arriba se detendrán como contenidas por un dique". 14Cuando el pueblo levantó sus carpas para cruzar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza iban al frente de él. 15Apenas llegaron al Jordán y sus pies tocaron el borde de las aguas -el Jordán se desborda por sus dos orillas durante todo el tiempo de la cosecha- 16las aguas detuvieron su curso: las que venían de arriba se amontonaron a una gran distancia, cerca de Adam, la ciudad que está junto a Sartán; y las que bajaban hacia el mar de la Arabá -el mar de la Sal - quedaron completamente cortadas. Así el pueblo cruzó a la altura de Jericó. 17Los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza del Señor permanecían inmóviles en medio del Jordán, sobre el suelo seco, mientras todo Israel iba pasando por el cauce seco, hasta que todo el pueblo terminó de cruzar el Jordán.  

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 114 (113ª), 1-2. 3-4. 5-6

R. Aleluya.

1Cuando Israel salió de Egipto, la familia de Jacob, de un pueblo extranjero, 2Judá se convirtió en su Santuario, la tierra de Israel fue su dominio. R.

3El Mar, al verlos, huyó, el Jordán se volvió atrás; 4los montes saltaron como carneros y las colinas, como corderos. R.

5¿Qué tienes, Mar? ¿Por qué huyes? Y tú, Jordán, ¿por qué te vuelves atrás? 6Montes, ¿por qué saltan como carneros, y ustedes, colinas, como corderos? R.

 

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 18, 21-19, 1

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete

1821Entonces se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". 22Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 23Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. 24Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. 25Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. 26El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". 27El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. 28Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: "Págame lo que me debes". 29El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: "Dame un plazo y te pagaré la deuda". 30Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. 31Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. 32Este lo mandó llamar y le dijo: "¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. 33¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?". 34E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. 35Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos". 191Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

Palabra del Señor.

Comentario:

El perdón es la regla de oro a través de la cual llegamos a conectar con nuestro ser. Es lo único que de verdad alivia y que de verdad sana. Muchas enfermedades mortales tienen que ver con el resentimiento, con la culpa. El perdón genera una sensación de absoluta libertad, porque nos permite desprendernos de esos sentimientos. Todas las enfermedades del aparato digestivo, tienen mucho que ver con la actitud de soltar, de desprendernos de las cosas, y no lo sabemos hacer. La verdadera posibilidad de redescubrirnos en términos de absoluta libertad, vienen a través del perdón. Perdonar es un verbo, indica acción. Pero el hombre siempre se ha preguntado: ¿Cómo perdonar? Hay mucha gente que te dice «Yo ya perdoné», pero se encuentra con la persona perdonada, o se enfrenta de nuevo a la misma situación, y se eriza. No ha perdonado nada. El sentimiento permanece ahí, te lo dice tu cuerpo, tu sentimiento, el recuerdo. He conocido a muchas personas que en un momento determinado de su vida tuvieron mucho dinero, se asociaron con alguien que provocó su ruina y que a continuación se pasaron veinte años lamentándolo. ¿Qué significa esto? Que prefirieron quedarse con el papel de víctima impotente y arruinada y no con el de persona emprendedora con potencial para hacer dinero que fueron antes de asociarse. Asumieron el papel de víctimas, se arruinaron y a partir de entonces el mensaje que transmiten es: «Te voy a demostrar el daño que me hiciste, y puedo llegar hasta lo último en mi vida, hasta la muerte para castigarte». Y resulta que la otra persona está disfrutando con el dinero; es gente que se daña a sí misma por el miedo a perdonar. No se trata de la falsa noción de que perdón es presentarse de rodillas ante la otra persona. Es común esa noción de que perdonar es volver a meter en nuestra casa a la persona que a lo mejor nos sacó de ella. Pero no es eso. La idea real del perdón es llegar a sentir que nunca pasó, que nunca te hicieron daño porque en realidad nadie tiene capacidad de hacerte para hacerte daño. Si alguien te hiere es porque has puesto tu poder en sus manos, y ese alguien no sabe qué hacer con ese poder y te agrede. Tu ser no puede sufrir ataques, y toda defensa que hagas en tu vida va en contra de tu paz. La paz comienza cuando dejamos de querer tener la razón. (Tomado de http://usuarios.lycos.es/elbenz/perdonar.htm).

Meditemos:

  1. ¿Cómo actúo cuando me ofenden o dañan?
  2. ¿Me cuesta mucho perdonar? ¿Por qué?

 


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