sábado, 29 de agosto de 2009

Sábado 29 – Memoria Obligatoria: El martirio de san Juan Bautista – Blanco / Misa: de la  memoria – Liturgia de las horas: de la memoria. 1as vísperas del 22º domingo durante el año.

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 1, 17–19

Diles todo lo que yo te ordené. No te dejes intimidar por ellos

17En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo te ordene. No te dejes intimidar por ellos, no sea que te intimide yo delante de ellos. 18Mira que hoy hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes de Judá y a sus jefes, a sus sacerdotes y al pueblo del país. 19Ellos combatirán contra ti, pero no te derrotarán, porque yo estoy contigo para librarte –oráculo del Señor –.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 71 (70), 1–4ª. 5–6b. 15. 17

R¡Mi boca anunciará tu salvación!

1Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca tenga que avergonzarme! 2Por tu justicia, líbrame y rescátame, inclina tu oído hacia mí, y sálvame. R.

3Sé para mí una roca protectora, tú que decidiste venir siempre en mi ayuda, porque tú eres mi Roca y mi fortaleza. 4¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío! R.

5Porque tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud. 6En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre; desde el seno materno fuiste mi protector. R.

15Mi boca anunciará incesantemente tus actos de justicia y salvación, 17Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud, y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.

Aleluya: Mateo 5, 10

“Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 6, 17–29

Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista

17Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. 18Porque Juan decía a Herodes: “No te es lícito tener a la mujer de tu hermano”. 19Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, 20porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. 21Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. 22La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: “Pídeme lo que quieras y te lo daré”. 23Y le aseguró bajo juramento: “Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”. 24Ella fue a preguntar a su madre: “¿Qué debo pedirle?”. “La cabeza de Juan el Bautista”, respondió esta. 25La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: “Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”. 26El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. 27En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. 28El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre. 29Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

Palabra del Señor.

Comentario:

El martirio de Juan es, no solo el final “adecuado” a quién se animó a servir a Dios antes que a los hombres; sino también, una manifestación más de la torpeza e incapacidad del ser humano. Que el rey se emborrache y prometa hasta la mitad de su reino porque le gustó un baile, indica claramente las motivaciones que a veces tienen quienes nos gobiernan. La decisión de Salomé y su madre, es también un despropósito propio de la insatisfacción que tienen los que todo lo tienen. La excesiva abundancia de bienes le provoca a estas mujeres desear solo cosas que les permitan sentirse seguras en sí mismas: la venganza, o la muestra violenta de poder, son algunas. Ellos son los que sesgan la vida de Juan el Bautista, en este mundo; pero los planes de Dios se cumplen inexorablemente, y Juan entregó su vida (a lo largo de toda su vida y no solo en el momento dramático del martirio) para que esto fueras así: el no miró sus intereses personales, vio los de Dios y los de toda la humanidad.

Meditemos:

  1. ¿En qué cosas me parezco a Herodes, Herodías y su hija? ¿Por qué?
  2. ¿Soy parecido a Juan el Bautista? ¿En qué se nota?

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

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