martes, 01 de septiembre de 2009

Martes 01 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 5, 1–6. 9–11  

Murió por nosotros para que vivamos con él

1Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. 2Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche. 3Cuando la gente afirme que hay paz y seguridad, la destrucción caerá sobre ellos repentinamente, como los dolores de parto sobre una mujer embarazada, y nadie podrá escapar. 4Pero ustedes, hermanos, no viven en las tinieblas para que ese Día los sorprenda como un ladrón: 5todos ustedes son hijos de la luz, hijos del día. Nosotros no pertenecemos a la noche ni a las tinieblas. 6No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios. 9Porque Dios no nos destinó para la ira, sino para adquirir la salvación por nuestro Señor Jesucristo, 10que murió por nosotros, a fin de que, velando o durmiendo, vivamos unidos a él. 11Anímense, entonces, y estimúlense mutuamente, como ya lo están haciendo.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 27 (26), 1. 4. 13–14

R. ¡Contemplaré la bondad del Señor!

1El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R.

4Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. R.

13Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. 14Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor. R.

Aleluya:

“Aleluya. Aleluya. El que me ama cumplirá mi Palabra, dice el Señor; y mi Padre lo amará y vendremos a Él. Aleluya”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 4, 31–37

Ya sé quién eres: el Santo de Dios

31Jesús bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. 32Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. 33En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza; 34"¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". 35Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. 36El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: "¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!". 37Y su fama se extendía por todas partes en aquella región.

Palabra del Señor.

Comentario:

Dos elementos de combinan en el relato del Evangelio: el “secreto mesiánico” y el poder de la Palabra de Jesús. Cuando Jesús dice “cállate y sal de este hombre” está marcando estas dos situaciones: su deseo de que no se hable de él y el poder de la Palabra de Dios. ¿Por qué Jesús no quiere que se hable de Él?: los estudiosos han llamado a ese imperativo de silencio “SECRETO MESIÁNICO”. ¿Por qué Jesús no quiere que se lo reconozca como Mesías? ¿No era justamente eso lo que venía a hacer: a mostrarse como el ungido de Dios? La razón fundamental, entre otras, es que Jesús quiere ser reconocido como MESÍAS, pero no como el MESIAS que sus connacionales esperaban: un mesías guerrero, que tomaría las armas y destruiría a los pueblos que dominaban al suyo y pondría al pueblo elegido a gobernar sobre las naciones, que Jesús no quería esto está muy claro en el evangelio de san Juan 18, 36: “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”. El secreto mesiánico es la expresión de esa búsqueda de Jesús de que todos comprendan que su Mesianismo es celestial y no terrenal. No vino a armar una “revolución” armada contra los opresores de Israel, al revés, su búsqueda es no–violenta. Los “demonios” deben callarse porque su “predicación” del mesianismo de Jesús está manchada de maldad y sería nada más que el deseo de confundir a la gente sobre lo que es Jesucristo.

El poder de la Palabra de Cristo que manda con autoridad, es el mismo poder de Dios. Así como Dios creó el mundo por su Palabra (Génesis 1, 1–2, 4ª), Jesús lo salva por la suya (ver Mateo 8, 5-13). Dios sigue obrando en Jesús de Nazareth y, con su Palabra, sigue salvando el mundo.

Nosotros hoy tenemos la posibilidad de ser otros Cristos para el mundo, de ser los ungidos de Dios que, con Poder y Autoridad, enseñan la “verdad” sobre el Señor Resucitado, sin falsos mesianismos, sin falsas seguridades. Nosotros tenemos la posibilidad de transmitir la verdadera fe a todos los que quieran liberarse de los “demonios” que los atormentan, a todos los que quieran ser verdaderos discípulos y testigos, a todos los que busquen el rostro auténtico del Señor. Nuestra tarea es transmitir la fe, tal como la recibimos, sin mesianismos equivocados, sin búsquedas de poder violento; y, con fe y confianza en Dios, dejar que su Palabra, que es como la lluvia, cumpla su misión (ver Isaías 55, 10–11)     

Meditemos:

  • ¿Sigo el proyecto del Mesías, o quiero que Él siga mi proyecto? ¿En qué cosas debo cambiar mi visión sobre Jesús?
  • ¿Dejo actuar a la Palabra de Dios en mi vida? ¿Ella tiene “autoridad” sobre mis acciones?

 


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