miércoles, 02 de septiembre de 2009

Miércoles 02 – Feria – Verde / Misa: A elección – Liturgia de las horas: de la feria.

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 1, 1–8

Ustedes oyeron la Buena Noticia, que se extiende y fructifica en el mundo entero

1Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo 2saludan a los santos de Colosas, sus fieles hermanos en Cristo. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre. 3Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando sin cesar por ustedes, 4desde que nos hemos enterado de la fe que tienen en Cristo Jesús y del amor que demuestran a todos los santos, 5a causa de la esperanza que les está reservada en el cielo. Ustedes oyeron anunciar esta esperanza por medio de la Palabra de la verdad, de la Buena Noticia 6que han recibido y que se extiende y fructifica en el mundo entero. Eso mismo sucede entre ustedes, desde que oyeron y comprendieron la gracia de Dios en toda su verdad, 7al ser instruidos por Epafras, nuestro querido compañero en el servicio de Dios. El es para ustedes un fiel ministro de Cristo, 8y por él conocimos el amor que el Espíritu les inspira.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Salmo 52 (51), 10–11

R. ¡Confiamos en tu misericordia, Señor!

10Yo, como un olivo frondoso en la Casa de Dios, he puesto para siempre mi confianza en la misericordia de Dios. R.

11Te daré gracias eternamente por lo que has hecho, y proclamaré la bondad de tu Nombre delante de tus fieles. R.

Aleluya:

“Aleluya. Aleluya. Por tu bondad dame vida, para que observe los preceptos de tu boca. aleluya”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 4, 38–44

También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado

38Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. 39Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos. 40Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. 41De muchos salían demonios, gritando: "Tú eres el Hijo de Dios!". Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías. 42Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. 43Pero él les dijo: "También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado". 44Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.

Palabra del Señor.

Comentario:

Este pasaje del evangelio de Lucas nos muestra a Jesús en una jornada de su vida. Sin duda no está ordenado de esa manera, pero si nos fijamos bien, veremos que prácticamente es un día en la vida del Señor. ¿Qué hace Jesús en un día de su vida entre nosotros?: sana enfermos (v. 39 y 40), libera endemoniados (lucha contra el mal imperante en el mundo: v. 40), aprecia los tiempos de soledad (v. 42), lleva el mensaje a todos, buscando incansablemente saciar el hambre de Dios de la humanidad (v. 43-44).

Esa es la tarea del Señor, ese es un día en la vida de Cristo. La liturgia nos ilumina para que nos orientemos a leer, desde la clave de las palabras de Cristo “También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado” (v. 43), el relato que se nos presenta. “anunciar la Buena Noticia del reino de Dios” esa es la búsqueda más profunda de Jesús, ni sus milagros y sanaciones superan esa búsqueda, ese norte. Pareciera como que Jesús nos invita, con su ejemplo, a predicar incansablemente, a predicar sin dilaciones, a predicar sin respiro (ver 1° Corintios 9, 16: “Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!”; 2° Timoteo 4, 2: “Proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar”).  

Meditemos:

  • ¿Cómo es un día en nuestra vida? ¿Qué cosas buenas hacemos en él?
  • ¿Predicamos la Palabra de Dios? ¿Lo hacemos “con ocasión o sin ella”, arguyendo, reprendiendo, exhortando, con paciencia incansable y con afán de enseñar?

 


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