Domingo 06 – 23° DURANTE EL AÑO – Verde / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 3da semana para el Salterio. 23va semana.
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías 35, 4–7a
Se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos
4Digan a los que están desalentados: "¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: él mismo viene a salvarlos". 5Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; 6entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo. Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la estepa; 7el páramo se convertirá en un estanque y la tierra sedienta en manantiales.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 146 (145), 7–10 (R.: 1a)
R. ¡Alaba, alma mía, al Señor!
7El Señor hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos. El Señor libera a los cautivos, 8abre los ojos de los ciegos y endereza a los que están encorvados. R.
El Señor ama a los justos y entorpece el camino de los malvados. 9El Señor protege a los extranjeros y sustenta al huérfano y a la viuda. R.
10El Señor reina eternamente, reina tu Dios, Sión, a lo largo de las generaciones. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1–7
¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino?
1Hermanos, ustedes que creen en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no hagan acepción de personas. 2Supongamos que cuando están reunidos, entra un hombre con un anillo de oro y vestido elegantemente, y al mismo tiempo, entra otro pobremente vestido. 3Si ustedes se fijan en el que está muy bien vestido y le dicen: "Siéntate aquí, en el lugar de honor", y al pobre le dicen: "Quédate allí, de pie", o bien: "Siéntate a mis pies", 4¿no están haciendo acaso distinciones entre ustedes y actuando como jueces malintencionados? 5Escuchen, hermanos muy queridos: ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman? 6Y sin embargo, ¡ustedes desprecian al pobre! ¿No son acaso los ricos los que los oprimen a ustedes y los hacen comparecer ante los tribunales? 7¿No son ellos los que blasfeman contra el Nombre tan hermoso que ha sido pronunciado sobre ustedes?
Palabra de Dios.
Aleluya: Mateo 4, 23
“Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 7, 31–37
Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos
31Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. 32Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. 33Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. 34Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y dijo: "Efatá", que significa: "Ábrete". 35Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. 36Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban 37y, en el colmo de la admiración, decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos".
Palabra del Señor.
Comentario:
El Evangelio según san Marcos nos presenta a un Jesús tierno, cercano, que se compadece del sufrimiento humano. Es así como lo hemos visto en este pasaje que acabamos de meditar. Le trajeron a un hombre sordomudo y Jesús lo separó de la multitud, lo llevó aparte. Lo trata personalmente, se ocupa especialmente de él. Y esto es lo que hace Jesús con nosotros: aunque seamos muchos, aunque nos “masifiquen” o “nos masifiquemos”, Él nos trata individual y personalmente, Él se ocupa de todos y de cada uno. Para Jesús somos especiales, somos únicos e irrepetibles, Él obra en cada uno de manera distinta. Acerquémonos a Él con confianza, pasemos tiempo con Él en oración, no dejemos pasar lo oportunidad de tener un trato íntimo con Jesús.
Cuando Jesús apartó de la multitud al hombre sordomudo, le puso los dedos en la orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: “Efatá”, que significa: “Ábrete”. Es una curación en la que están presentes los gestos y las palabras. Como ocurre en los siete sacramentos instituidos por Jesús, en cada uno hay un gesto que se completa con las palabras. Y esto debería ser así en todas nuestras relaciones humanas.
A veces tenemos muchos gestos de cariño hacia los demás pero nos cuesta decirles que los amamos. Todos necesitamos que nos digan que nos quieren. Pero también suele ocurrir lo contrario, decimos mucho que queremos a alguien y no lo demostramos con nuestro actuar. Las dos situaciones son causas de tristeza, de malos entendidos, de distanciamientos y, en el peor de los casos, de enfermedad. Enfermamos por falta de amor. Nos hacemos incapaces de recibir y dar cariño y afecto. Jesús quiere sanarnos, quiere darnos la capacidad de expresar el amor a los demás con gestos y palabras. Y lo hace justamente con ese trato íntimo y tierno con cada uno de nosotros. A nosotros nos queda hacer lo mismo con los demás.
Jesús nos ayuda a abrirnos a los demás, aunque muchas veces nos fue mal por hacerlo. A muchos les hemos cerrado los oídos porque nos venían con engaños, con mentiras, con malos tratos. A muchos les hemos negado el habla porque no supieron valorarnos, porque nos malinterpretaban, porque nos hicieron daño. Así, nos fuimos encerrando en nuestro mundo porque tenemos miedo de que vuelvan a herirnos.
Pero Jesús viene en nuestro auxilio, nos toca y nos cura. Nos llena de su ternura y su amor, de manera que ya nada nos puede afectar ni lastimar en la relación con los demás porque ya lo tenemos todo, lo tenemos a Jesús, al Amor de los amores. Con Él ya no podemos tener miedo a abrirnos a los demás, al contrario, salimos al encuentro del hermano para escucharlo y tratar de comprenderlo, le hablamos con palabras de amor, de ternura, palabras de vida, porque es así como nos trata Jesús.
Acerquémonos a nuestros hermanos, especialmente a aquellos a quienes hace mucho hemos cerrado las puertas de nuestro corazón, a aquellos que sufren la soledad por temor a ser lastimados, busquemos a nuestros hermanos para darles ese amor y ternura que Jesús nos da a nosotros. Seamos otros “Jesús” para quienes conviven con nosotros. No temamos, ya que Jesús se ocupa de cada uno de nosotros.
Meditemos:
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