Jueves 10 –Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 3, 12–17
Tengan caridad que es la síntesis de la perfección
12Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. 13Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. 14Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección. 15Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias. 16Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros. Canten a Dios con gratitud y de todo corazón salmos, himnos y cantos inspirados. 17Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 150, 1–6
R. ¡Que todos los seres vivientes alaben al Señor!
1Alaben a Dios en su Santuario, alábenlo en su poderoso firmamento; 2 alábenlo por sus grandes hazañas, alábenlo por su inmensa grandeza. R.
3Alábenlo con toques de trompeta, alábenlo con el arpa y la cítara; 4alábenlo con tambores y danzas, alábenlo con laudes y flautas. R.
5Alábenlo con platillos sonoros, alábenlo con platillos vibrantes, 6¡Que todos los seres vivientes alaben al Señor! R.
Aleluya:
“Aleluya. Aleluya. Quien cumple la Palabra de Cristo, ciertamente el amor de Dios, ha llegado en él a su plenitud. Aleluya”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 27–38
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso
27Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. 28Bendigan a los que los maldicen, rueguen por lo que los difaman. 29Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. 30Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames. 31Hagan por lo demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. 32Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. 33Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. 34Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo. 35Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. 36Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. 37No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. 38Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes".
Palabra del Señor.
Comentario:
La centralidad del perdón. El eje por donde pasa toda la enseñanza de Jesús es el perdón. Ya lo decía el profeta Oseas, capítulo 11, versículo 9: “no daré libre curso al ardor de mi ira, no destruiré otra vez a Efraím. Porque yo soy Dios, no un hombre: soy el Santo en medio de ti, y no vendré con furor”. Para Dios “perdonar” es “divino”. Jesús baja la “Divinidad” al hombre común, al hombre de la calle. Nos enseña, con su propio ejemplo, además de las palabras, que el único camino para la realización de una humanidad nueva es el camino del perdón. Perdonar es regalar la oportunidad al otro de volver a ser capaz de tener actos humanos. Quien perdona permite, al que se equivoca, que vuelva atrás y subsane su error, y si no puede arreglar, que corrija su actitud. En el camino de múltiples aciertos y equivocaciones, todos podemos ser víctimas y victimarios, Jesús invita al perdón mutuo. En los vers. 37-38 se nos marca a fuego “no juzguen y no serán juzgados”, “perdonen y serán perdonados”. Dios le da al hombre la “medida” con la cual será medido: según trates, así serás tratado: “Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes” (v. 38). Para pedir el trato que merecemos, primero hay que tratar a los demás del modo en que queremos ser tratados. Si así lo hiciéramos, no necesitaríamos leyes que garanticen nuestra convivencia: solo el amor bastaría.
Meditemos:
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