Viernes 25 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria. Día Penitencial.
Lectura del libro del profeta Ageo 1, 15b–2, 9
Dentro de poco tiempo, llenaré de gloria esta casa
115En el segundo año del rey Darío. 21El día veintiuno del séptimo mes, la palabra del Señor llegó, por medio del profeta Ageo, en estos términos: 2Di a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, a Josué, hijo de Iehosadac, el Sumo Sacerdote, y al resto del pueblo: 3¿Queda alguien entre ustedes que halla visto esta Casa en su antiguo esplendor? ¿Y qué es lo que ven ahora? ¿No es como nada ante sus ojos? 4¡Animo, Zorobabel! -oráculo del Señor-. ¡Animo, Josué, hijo de Iehosadac, Sumo Sacerdote! ¡Animo, todo el pueblo del país! -oráculo del Señor-. ¡Manos a la obra! Porque yo estoy con ustedes -oráculo del Señor de los ejércitos 5según el compromiso que contraje con ustedes cuando salieron de Egipto, y mi espíritu permanece en medio de ustedes. ¡No teman! 6Porque así habla el Señor de los ejércitos: Dentro de poco tiempo, yo haré estremecer el cielo y la tierra, el mar y el suelo firme. 7haré estremecer a todas las naciones: entonces afluirán los tesoros de todas las naciones y llenaré de gloria esta Casa dice el Señor de los ejércitos. 8¡Son míos el oro y la plata! -oráculo del Señor de los ejércitos 9la gloria última de esta Casa será más grande que la primera, dice el Señor de los ejército, y en este lugar yo daré la paz -oráculo del Señor de los ejércitos-.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo Responsorial 43 (42), 1–4
R. ¡Espero en Dios, le daré gracias!
1Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa contra la gente sin piedad; líbrame del hombre falso y perverso. R.
2Si tú eres mi Dios y mi fortaleza, ¿por qué me rechazas? ¿Por qué tendré que estar triste, oprimido por mi enemigo? R.
3Envíame tu luz y tu verdad: que ellas me encaminen y me guíen a tu santa Montaña, hasta el lugar donde habitas. R.
4Y llegaré al altar de Dios, el Dios que es la alegría de mi vida; y te daré gracias con la cítara, Señor, Dios mío. R.
Aleluya: Marcos 10, 45
“Aleluya. Aleluya. El Hijo del hombre vino para servir y dar su vida en rescate por una multitud. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 18–22
Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del hombre debe sufrir mucho
18Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?". 19Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado". 20"Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios". 21Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. 22"El hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".
Palabra del Señor.
Comentario:
La oración de Cristo está en el principio de este texto de hoy. La pregunta sobre su propia persona nos hará continuar el interrogante que Herodes tenía en el evangelio leído ayer: ¿quién es Jesús? Pedro dará la respuesta correcta: "Tú eres el Mesías de Dios". Recordemos lo dicho el domingo, 24 durante el año, en estos mismos comentarios:
Mesías / Cristo. Este título de Mesías (hebreo mashiaj) / Cristo (griego (Christós), se puede traducir al castellano por “Ungido”. Es un término que aparece frecuentemente en la Antigua Alianza, con referencia, principal, a los reyes de Israel. Sabemos que David fue el gran rey de Israel, el “ungido” de Dios (ver 1Sam 16, 3. 12-13; 2Sam 2, 4. 7; Salmo 89, 20ss), a imagen de él debían ser los grandes reyes del pueblo… pero no siempre fue así. Entonces se empezó a esperar al “Rey” que no hiciera su voluntad, sino la de Dios; que no sirviera a sus propias ambiciones, sino a las necesidades del pueblo; que no buscara su bien, sino el bien común: el Mesías, el Cristo, el Ungido. Era el “Rey” enviado por Dios, para hacer las cosas definitivamente bien. Isaías 11 nos muestra cómo será ese “Rey ungido celestial”. Comentando a Isaías 11, la Biblia Latinoamericana dice:
“El Emmanuel, más que un descendiente de David, será un nuevo David (se lo llama hijo de Jesé como David). Será el hombre del “espíritu”, como los profetas y más que ellos. Estos eran impulsados por la fuerza misteriosa llamada “Espíritu de Dios”, pero no constantemente. En cambio, él tendrá el Espíritu permanentemente en sí: Espíritu de sabiduría e inteligencia, como Salomón. Espíritu de prudencia y de fuerza, como David. Espíritu para conocer y respetar a Yahvé, como Moisés y los Patriarcas. Hacer justicia a los débiles era y continúa siendo la principal función de los gobernantes. El Mesías-Rey será el enviado de Dios, atento a los pobres; debe recibir “el Espíritu”, el soplo de Dios para esa misión”.
Jesús es el ungido para ser rey. Por eso es el Rey del Universo, el Rey Ungido de todo lo creado.
Meditemos:
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