miércoles, 30 de septiembre de 2009

Miércoles 30 – Memoria Obligatoria: San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia – Blanco / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria.

Primera lectura

Lectura del libro del profeta Nehemías 2, 1–8

Si es del agrado del rey y tú estás contento con tu servidor, envíame a Judá, a la ciudad donde están las tumbas de mis padres, para que yo la reconstruya

1En el mes de Nisán, el vigésimo año del reinado de Artajerjes, siendo yo el encargado del vino, lo tomé y se lo ofrecí al rey. Como nunca había estado triste en su presencia, 2el rey me preguntó: "¿Por qué tienes esa cara tan triste? Tú no estás enfermo. Seguramente hay algo que te aflige". Yo experimenté una gran turbación, 3y dije al rey: "¡Viva el rey para siempre! ¿Cómo no voy a estar con la cara triste, si la ciudad donde están las tumbas de mis padres se encuentra en ruinas y sus puertas han sido consumidas por el fuego?". 4El rey me dijo: ¿Qué es lo que quieres? Yo me encomendé al Dios del cielo, 5y le respondí: "Si es del agrado del rey y tú estás contento con tu servidor, envíame a Judá, a la ciudad donde están las tumbas de mis padres, para que yo la reconstruya". 6El rey, que tenía a la reina sentada a su lado, me dijo: "¿Cuánto tiempo durará tu viaje y cuándo estarás de regreso?". Al rey le pareció bien autorizar mi partida, y yo le fijé un plazo. 7Luego dije al rey: "Si el rey lo considera conveniente, se me podrían dar cartas para los gobernadores del otro lado del Eufrates, a fin de que me faciliten el viaje a Judá. 8También podrían darme una carta para Asaf, el supervisor de los parques del rey, a fin de que me provea de madera para armar las puertas de la ciudadela del Templo, para las murallas de la ciudad y para la casa donde voy a vivir". El rey me concedió todo eso, porque la mano bondadosa de mi Dios estaba sobre mí.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Salmo 137 (136), 1–6

R. ¡Que la lengua se me pegue al paladar si no me acordara de ti!

1Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión. 2En los sauces de las orillas teníamos colgadas nuestras cítaras. R.

3Allí nuestros carceleros nos pedían cantos, y nuestros opresores, alegría: "¡Canten para nosotros un canto de Sión!". R.

4¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor en tierra extranjera? 5Si me olvidara de ti, Jerusalén, que se paralice mi mano derecha. R.

6Que la lengua se me pegue al paladar si no me acordara de ti, si no pusiera a Jerusalén por encima de todas mis alegrías. R.

Aleluya: Filipenses 3, 8–9

“Aleluya. Aleluya. Considero todas las cosas como desperdicio, con tal de ganar a Cristo y estar unido a Él. Aleluya.”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 9, 57–62

Te seguiré a donde vayas

57Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!". 58Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". 59Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". 60Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios". 61Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos". 62Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".

Palabra del Señor.

Comentario:

No hay tiempo. Lo primero que surge de estas tres pequeñas escenas es eso, no hay tiempo. No hay tiempo que perder, hay que apurarse, hay que ir a lo urgente, aunque todo lo demás sea importante. Seguir a Jesús no acepta dilación, demoras, altos en el camino, paradas (aunque sea por razones importantísimas). Jesús tiene una tarea imperiosa, salvar el mundo. El discípulo debe jugarse por él, seguirlo adonde vaya y… rápido.

Monseñor Santiago Olivera –agradeciendo a Dios sus 25 años sacerdotales–, obispo de Cruz del Eje, Córdoba, Argentina, decía al final de la Santa Misa celebrada en Villa Cura Brochero, Córdoba, el 18 de septiembre de 2009, con respecto a la llamada a seguir a Jesús:

“…quiero decirles que mi vocación (al sacerdocio) surge de alguna manera con la claridad del llamado por una necesidad.

Es importante que los jóvenes de las comunidades, que los sacerdotes, descubramos que la vocación sin duda es una respuesta al llamado de Dios pero que a veces se presenta el llamado haciendo hincapié al propio gusto, al propio proyecto, al propio deseo y la vocación también (la vocación del  llamado) surge cuando hay necesidades.

Cuando hay una necesidad, un cristiano tiene que decir –si no hay impedimento para hacerlo–: “Aquí estoy, envíame”.

Esa experiencia mía, vocacional, es la que marcó mi vida porque –sin duda– uno busca la felicidad. Pero no es lo que uno tiene que buscar. Uno descubre y encuentra la felicidad y se olvida de sí mismo. No es que buscamos el ciento por uno, pero experimentamos que cuando damos todo… ¡y damos todo de verdad!, sin duda recibimos y experimentamos el ciento por uno”.

Se trata de que algo urge, que no hay tiempo para proyectos personales, que hay que dejar lo particular para servir a lo general, que se necesitan hombres y mujeres abnegados, magnánimos, que se atrevan a “dejarlo todo” por Jesús, aún lo bueno, lo lícito, la “vocación” humana… en aras de esta llamada al servicio de la humanidad. La generosidad en la entrega tiene que ser generosa, tiene que ser muy generosa… es más, tiene que ser generosa hasta el extremo de la heroicidad, ¡qué digo! De la SANTIDAD.

Monseñor Santiago Olivera nos decía: “…cuando damos todo… ¡y damos todo de verdad!, sin duda recibimos y experimentamos el ciento por uno”. En esta concepción moderna, donde todo llamado vocacional responde “…al propio gusto, al propio proyecto, al propio deseo…”, la “necesidad” y la “urgencia” que plantean Jesús nos llevan a una conversión radical (radical viene de raíz, la conversión debe llegar hasta la raíz de nuestra vida) y profunda de nuestra mentalidad, de nuestro modo de encarar la vida. Es cambiar las expectativas de vida que tenemos y regularla por las expectativas y necesidades, las de Cristo y de su Iglesia.

Si eres cristiano, si vives como creyente, si la iglesia Católica es tu hogar y tu comunidad de discípulos seguidores de Cristo… pon tu mano en el arado y no mires para atrás (ver Lucas 9, 62), pero hay que poner la mano siempre, hay que “arar” respondiendo a las urgencias del momento, no “encontremos” la vocación, sino “recibamos” el llamado. John F. Kennedy dijo en un discurso “hoy no pensemos en lo que mi Patria puede hacer por mí… sino ¿qué puedo hacer yo por mi Patria?”. Esa es la conversión a la que Jesús llamó y llama siempre: ¡cubrir las necesidades con entrega urgente y generosa!

Meditemos:

  • ¿En qué cosas estoy dilatando mi “servicio vocacional” a Cristo y la Iglesia? ¿Por qué?
  • ¿Miro “para atrás” cuando pongo la mano en el “arado”? ¿Qué cosas me provocan esa contradicción?

 


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