Sábado 03 – Feria (o Memoria Libre: Santa María en Sábado – Blanco) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. 1as vísperas del 27° domingo durante el año. Primer sábado.
Lectura del libro del profeta Baruc 4, 5–12. 27–29
El que atrajo sobre ustedes estos males les traerá la eterna alegría
5¡Animo, pueblo mío, memorial viviente de Israel! 6Ustedes fueron vendidos a las naciones, pero no para ser aniquilados; es por haber excitado la ira de Dios, que fueron entregados a sus enemigos. 7Ustedes irritaron a su Creador, ofreciendo sacrificios a los demonios y no a Dios; 8olvidaron al Dios, eterno, el que los sustenta, y entristecieron a Jerusalén, la que los crió. 9Porque ella, al ver que la ira del Señor se desencadenaba contra ustedes, exclamó: "Escuchen, ciudades vecinas de Sión: Dios me ha enviado un gran dolor. 10Yo he visto el cautiverio que el Eterno infligió a mis hijos y a mis hijas. 11Yo los había criado gozosamente y los dejé partir con lágrimas y dolor. 12Que nadie se alegre al verme viuda y abandonada por muchos. Estoy desolada por los pecados de mis hijos, porque se desviaron de la Ley de Dios. 27¡Animo, hijos, clamen a Dios, porque aquel que los castigó se acordará de ustedes! 28Ya que el único pensamiento de ustedes ha sido apartarse de Dios, una vez convertidos, búsquenlo con un empeño diez veces mayor. 29Porque el que atrajo sobre ustedes estos males les traerá, junto con su salvación, la eterna alegría".
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 69 (68), 33–37 (R.: 34ª)
R. ¡El Señor escucha a los pobres!
33Que lo vean los humildes y se alegren, que vivan los que buscan a Dios: 34porque el Señor escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos. 35Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar, y todos los seres que se mueven en ellos.R.
36Porque Dios salvará a Sión y volverá a edificar las ciudades de Judá: 37el linaje de sus servidores la tendrá como herencia, y los que aman su nombre morarán en ella. R.
Aleluya: Cf. Mateo 11, 25
“Aleluya. Aleluya. Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 17–24
Alégrense de que sus nombres estén escritos en el cielo
17Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". 18El les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19Les he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. 20No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo". 21En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. 22Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar". 23Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! 24¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!".
Palabra del Señor.
Comentario:
Los discípulos vuelven contentos con Jesús, le cuentan, como emocionados como niños lo que lograron con el poder de Dios. Jesús confirma con sus propias visiones que todo ha salido según Dios, reafirma los dones y poderes que les ha dado. Es que una bendición de Dios siempre que es bien utilizada, atrae más bendiciones. La fidelidad en lo poco hace que Dios confíe mucho más en nosotros, trayendo bendiciones en abundancia (ver Mateo 25, 21).
En el versículo 20, Jesús marca donde debe estar puesta la alegría discipular, donde la esperanza de los creyentes: “alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo” (v. 20). La alegría no nace del éxito de la misión, sino de que somos la familia de Jesús con nuestro nombre grabado en las palmas de las manos de Dios (ver Isaías 49, 16).
La oración de alabanza, que brota del corazón estremecido de Jesús, recoge, en esencia, el pensamiento de Jesucristo sobre quiénes son sus discípulos (los pequeños) y que las cosas de Dios han sido reveladas por el Padre a Él, y por Él a sus “pequeños”, nos da la confianza que necesitamos de saber que no somos nosotros los que llevamos la dura carga de idear que predicar, o inventar que decir… ya está todo dicho, ya está todo enseñado por el Señor… los discípulos, los “pequeños”, solo ponen su voz al mensaje divino, que con la gracia de Dios, en el Espíritu Santo, muestran al mundo aquello que sus ojos ven (vv. 23-24).
Meditemos:
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