lunes, 05 de octubre de 2009

Lunes 05 – Feria – Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.

Primera lectura

Lectura del libro del profeta Jonás 1, 1 – 2, 1. 11 

Jonás partió para huir lejos de la presencia del Señor

11La palabra del Señor se dirigió a Jonás, hijo de Amitai, en estos términos: 2"Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha llegado hasta mí". 3Pero Jonás partió para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor. Bajó a Jope y encontró allí un barco que zarpaba hacia Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Señor. 4Pero el Señor envió un fuerte viento sobre el mar, y se desencadenó una tempestad tan grande que el barco estaba a punto de partirse. 5Los marineros, aterrados, invocaron cada uno a su dios, y arrojaron el cargamento al mar para aligerar la nave. Mientras tanto, Jonás había descendido al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente. 6El jefe de la tripulación se acercó a él y le preguntó: "¿Qué haces aquí dormido? Levántate e invoca a tu dios. Tal vez ese dios se acuerde de nosotros, para que no perezcamos". 7Luego se dijeron unos a otros: "Echemos suertes para saber por culpa de quién nos viene este desgracia". Así lo hicieron, y la suerte recayó sobre Jonás. 8Entonces le dijeron: "Explícanos por qué nos sobrevino esta desgracia. ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿A qué pueblo perteneces?". 9El les respondió: "Yo soy hebreo y venero al Señor, el Dios del cielo, el que hizo el mar y la tierra". 10Aquellos hombres sintieron un gran temor, y le dijeron: "¡Qué has hecho!", ya que comprendieron, por lo que él les había contado, que huía de la presencia del Señor. 11Y como el mar se agitaba cada vez más, le preguntaron: "¿Qué haremos contigo para que el mar se nos calme?". 12Jonás les respondió: "Levántenme y arrójenme al mar, y el mar se les calmará. Yo sé muy bien que por mi culpa les ha sobrevenido esta gran tempestad". 13Los hombres se pusieron a remar con fuerza, para alcanzar tierra firme; pero no lo consiguieron, porque el mar se agitaba cada vez más contra ellos. 14Entonces invocaron al Señor, diciendo: "¡Señor, que no perezcamos a causa de la vida de este hombre! No nos hagas responsables de una sangre inocente, ya que tú, Señor, has obrado conforme a tu voluntad". 15Luego, levantaron a Jonás, lo arrojaron al mar, y en seguida se aplacó la furia del mar. 16Los hombres, llenos de un gran temor al Señor, le ofrecieron un sacrificio e hicieron votos. 21  El Señor hizo que un gran pez se tragara a Jonás, y este permaneció en el vientre el pez tres días y tres noches. 11Luego el Señor dio una orden al pez, y este arrojó a Jonás sobre la tierra firme.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Jonás 2, 3–5. 8 (R.: 7)

R. ¡Tú me hiciste salir vivo de la fosa, Señor!

3Desde mi angustia invoqué al Señor, y él me respondió; desde el seno del Abismo, pedí auxilio, y tú escuchaste mi voz. R.

4Tú me arrojaste a lo más profundo, al medio del mar: la corriente me envolvía, ¡todos tus torrentes y tus olas pasaron sobre mí! R.

5Entonces dije: “He sido arrojado lejos de tus ojos, pero yo seguiré mirando hacia tu santo Templo”. R.

8Cuando mi alma desfallecía, me acordé del Señor, y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo Templo. R.

 

Aleluya: Juan 13, 34

“Aleluya. Aleluya. Dice el Señor: Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, así como yo los he amado. Aleluya”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 10, 25–37

¿Quién es mi prójimo?

25Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?". 26Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?". 27El le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo". 28"Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida". 29Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?". 30Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. 31Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. 32También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. 33Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. 34Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. 35Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: "Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver" 36¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?" 37"El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera".

Palabra del Señor.

Comentario:

Esta es la pregunta primera que hace el maestro de la Ley: ¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna? Jesús contesta con otra pregunta, el sabe que el hombre conoce muy bien lo que tiene que hacer. El maestro de la ley le responde con la Palabra de Dios: Deuteronomio 6, 5: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” y Levítico 19, 18: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Ya está escrito, forma parte del universo religioso de los judíos. Amor a Dios y al prójimo.

Marcos dice que, ante esto, el doctor de la Ley quiere justificar su intervención con otra pregunta, ésta más delicada (v. 29): ¿Quién es mi prójimo? De esta pregunta nacerá la formidable respuesta de Cristo. Mi prójimo no es quien es mi igual, sino el que está necesitado y cerca de mí. Aquel que está próximo y necesita mi ayuda.

Pero Jesús no se queda en el hecho de que el próximo sea el necesitado, al revés ubica como “prójimo” al que ayuda. En vez de ser, yo, el “SOL”, ante el cual giran los “planetas”, de mi “prójimo” necesitado…. Soy el “prójimo” que gira, como “planeta”, ante el “sol” que es, justamente, el necesitado. No hay que ayudar al que me cruzo en el camino, hay que salir a los caminos a cruzarme con los necesitados.

Dentro del esquema de Jesús, los “dos denarios” significan: “no te conformes con hacer lo necesario y lo que está a tu alcance… muévete más y dalo todo por amor, por ser PRÓJIMO de los que te necesitan.

“Ve, y procede tú de la misma manera” (v. 37), a quien busca se le da… el maestro recibe la enseñanza que quería, para “justificar su intervención”, y, como regalo, una invitación a ser igual que el “samaritano” que se comportó como prójimo del golpeado en el camino. La comparación, para un judío de la época de Jesús, es odiosa, es decirle que imite a alguien, que para él, es poca cosa, a quién considera un ser inferior. No solo recibió una lección de amor y misericordia, sino que la iluminación también lo invita a dejar sus actitudes racistas y xenófobas.

Meditemos:

  • ¿De quién soy prójimo? ¿En qué se nota?
  • ¿Estoy haciendo lo necesario o también algo demás por los más necesitados?

 


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Publicado por Desconocido @ 0:05
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