jueves, 08 de octubre de 2009

Jueves 08 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Malaquías 3, 13–20a  

Llega el día, abrasador como un horno

13Ustedes hablan duramente contra mí, dice el Señor, 14y todavía preguntan: "¿Qué hemos dicho contra ti?". Ustedes dicen: "Es inútil servir a Dios, ¿y qué ganamos con observar sus mandamientos o con andar enlutados delante del Señor de los ejércitos? 15Por eso llamamos felices a los arrogantes: ¡prosperan los que hacen el mal; desafían a Dios, y no les pasa nada!". 16Entonces se hablaron unos a otros los que temen al Señor. El Señor prestó atención y escuchó: ante él se escribió un memorial, en favor de los que temen al Señor y respetan su Nombre. 17Ellos serán mi propiedad exclusiva, dice el Señor de los ejércitos, en el Día que yo preparo. Yo tendré compasión de ellos, como un hombre tiene compasión de su hijo que lo sirve. 18Ustedes volverán a ver la diferencia entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no lo sirve. 19Porque llega el Día, abrasador como un horno. Todos los arrogantes y los que hacen el mal serán como paja; el Día que llega los consumirá, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles raíz ni rama. 20Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 1, 1–2. 3. 4 y 6 (R.: 40, 5a)

R. ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!

1¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, 2sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! R.

3El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. R.

4No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento, 6porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal. R.

Aleluya: Cf. Hechos 16, 14b

“Aleluya. Aleluya. Señor, toca nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aleluya.”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11, 5–13

Pidan y se les dará

5Jesús agregó: "Supongamos que algunos de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: "Amigo, préstame tres panes, 6porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle", 7y desde adentro él le responde: "No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos". 8Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. 9También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. 10Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. 11¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? 12¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? 13Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan".

Palabra del Señor.

Comentario:

La insistencia. Jesús pone ejemplos claros para hablar de la oración. Para Él, se trata de plantear, con sinceridad lo que necesitamos, y perseverar en la insistencia de la misma. Dicen, por ahí, que la oración no debe ser ni larga, ni corta; ni bella, ni fea; ni complicada, ni simple… debe ser SINCERA. ¿Cuándo la oración es sincera? Cuando plantea de verdad lo que le pasa al orante: le brota del corazón (ver Salmo 45, 2). Jesús se refiere de modo especial a la oración de PETICIÓN: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre” (vv. 9–10). De eso se trata, de saber que enfrente del orante se encuentra siempre Dios. Pedir, buscar y llamar, son los tres verbos que Jesús usa para describir lo que es orar.

Al final, la expresión de la respuesta del Padre Dios, a la oración confiada del creyente, es dar el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el don más grande que Dios nos puede dar: Juan 14, 17; Hechos 2, 33; 5, 32; Efesios 1, 17.

Meditemos:

  • ¿Oramos de manera sincera o buscando “agradar” a Dios?
  • ¿Qué cosas necesitamos pedirle a nuestro Padre Del Cielo?

 


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