Sábado 10 – Feria (o Memoria Libre: Santa María en Sábado – Blanco) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. 1as vísperas del 28° domingo durante el año.
Lectura del libro de la profecía de Joel 4, 12–21
Pongan mano a la hoz: la mies está madura
12¡Que despierten y suban las naciones al valle de Josafat! Porque allí me sentaré para juzgar a todas las naciones de alrededor. 13Pongan mano a la hoz: la mies está madura; vengan a pisar: el lagar está lleno; las cubas desbordan: ¡tan grande es su maldad! 14¡Multitudes innumerables en el valle de la Decisión! Porque se acerca el Día del Señor en el valle de la Decisión. 15El sol y la luna se oscurecen, las estrellas pierden su brillo. 16El Señor ruge desde Sión y desde Jerusalén hace oír su voz: ¡tiemblan el cielo y la tierra! ¡Pero el Señor será un refugio para su pueblo, un resguardo para los israelitas! 17Así ustedes sabrán que yo soy el Señor, su Dios, que habito en Sión, mi santa Montaña. Jerusalén será un lugar santo, y los extranjeros no pasarán más por ella. 18Aquel día, las montañas destilarán vino nuevo y manará leche de las colinas; por todos los torrentes de Judá correrán las aguas, y brotará un manantial de la Casa del Señor, que regará el valle de las Acacias. 19Egipto se convertirá en una desolación y Edom en un desierto desolado, a causa de la violencia cometida contra las hijos de Judá, cuya sangre inocente derramaron en su país. 20Pero Judá será habitada para siempre y Jerusalén por todas las generaciones. 21Yo vengaré su sangre, no la dejaré impune, y el Señor tendrá su morada en Sión.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 97 (96), 1–2. 5–6. 11–12 (R.: 12ª)
R. Alégrense, justos, en el Señor.
1¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables. 2Nubes y Tinieblas lo rodean, la Justicia y el Derecho son la base de su trono. R.
5Las montañas se derriten como cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra. 6Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. R.
11Nace la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. 12Alégrense, justos, en el Señor y alaben su santo Nombre. R.
Aleluya: Lucas 11, 28
“Aleluya. Aleluya. Felices los que escuchan la palabra de Dios y la practican. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 11, 27–28
¡Feliz el seno que te llevó! Felices más bien los que escuchan la palabra de Dios
27Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: "¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!". 28Jesús le respondió: "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".
Palabra del Señor.
Comentario:
Lo que aquí se dice está en íntima relación con lo que se expresaba en Lucas 11, 15-26. Ahora se hace hincapié en los “honores” familiares, en la exaltación de la madre de Jesús por haber sido madre de un gran hombre. Para el señor, todo es motivo de predicación. “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”, es decir, dejen de alabar a mi madre y crean en mí.
No es la carne lo que nos liga a Jesús, es la fe y la fe puesta en práctica. El cristiano es aquel que se esfuerza en dejar que la Palabra llene su corazón y desborde plenamente en “prácticas” de amor desde ella. Practicar la Palabra no es una tarea sin riesgo, el libro del Apocalipsis nos dice: “vi las almas de los que habían sido decapitados a causa del testimonio de Jesús y de la Palabra de Dios” (Ap 20, 4; también 6, 9). Implica decisión de “hacer” según, lo que aprendimos en la fe. San Juan lo dice con claridad: “Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad” (1 Juan 3, 18). Es que no puede ser de otra manera, escuchar la Palabra, aceptarla en el corazón… y no dar fruto, no vivirla, es algo que no tiene sentido, o es mentira: “El que dice: "Yo lo conozco", y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado verdaderamente a su plenitud. Esta es la señal de que vivimos en él” (1 Juan 2, 4–5).
Por eso, más que alabar a quienes hicieron bien las cosas, se trata de experimentar la “felicidad” de hacerlas bien nosotros. Es tratar de escuchar y vivir lo escuchado, de ponerlo en práctica sin dilación, sin mezquindades.
Meditemos:
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