lunes, 12 de octubre de 2009

Lunes 12 – Feria (o Memoria Libre: Nuestra Señora del Pilar – Blanco) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.

Primera lectura

Principio de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 1, 1–7 

Por Cristo hemos recibido la gracia y la misión apostólica a fin de conducir a la obediencia de la fe a todos los pueblos paganos

1Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado el Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios, 2que él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, 3acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nacido de la estirpe de David según la carne, 4y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador por su resurrección de entre los muertos. 5Por él hemos recibido la gracia y la misión apostólica, a fin de conducir a la obediencia de la fe, para la gloria de su Nombre, a todos los pueblos paganos, 6entre los cuales se encuentran también ustedes, que han sido llamados por Jesucristo. 7A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos, llegue la gracia y la paz, que proceden de Dios, nuestro Padre, y el Señor Jesucristo.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 98 (97), 1–3b. 3c–4 (R.: 2a)

R. El Señor manifestó su victoria.

1Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.

2El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: 3se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. 4Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.

 

Aleluya: Cf. Salmo 95, 8ab

“Aleluya. Aleluya. No endurezcan hoy su corazón, sino escuchen la voz del Señor. Aleluya”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 11, 29–32

A esta generación no le será dado otro signo que el de Jonás

29Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. 30Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. 31El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. 32El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.

Palabra del Señor.

Comentario:

Hablar de “signos” para los judíos de la época de Jesús, era pedir milagros. Piden milagros, signos evidentes de que Dios está en este hombre. Jesús insistirá que el único signo que mostrará es el de Jonás, ¿en qué consiste este signo? Jonás predicó en Nínive, y logró la conversión de toda esa población; pero el “signo” más grande de Jonás fue que “el Señor hizo que un gran pez se tragara a Jonás, y este permaneció en el vientre el pez tres días y tres noches” (Jonás 2, 1). Es el gran “signo” de Jesús, ser “elevado” (Juan 3, 14-15) y estar tres días muerto y resucitar (Cf. Hechos 2, 16-36).

Jesús asume un lenguaje escatológico, vinculándonos al “día del Juicio” y haciendo referencia a “la Reina del Sur” (Cf. 1 Reyes 10, 1-10) que se tomó el trabajo de viajar desde el extremo del mundo conocido en esa época (se cree que el reino de Saba quedaba en la actual Yemen) para conocer y agasajar a Salomón… Jesús remata la comparación con el fulminante “y aquí hay alguien que es más grande que Salomón”. Al final, la comparación con Nínive y Jonás, nos marca el nivel de frustración que el Salvador tiene con respecto a sus coetáneos: al revés de los ninivitas, ellos no se convirtieron. También el fulminante “y aquí hay alguien que es más grande que Jonás” marca el tono fuerte del reclamo Jesuánico.

El sentido más profundo de este relato tal vez lo tendremos que encontrar en la capacidad de asombrarnos ante la novedad constante de la Buena Noticia de Jesucristo. No son los grandes “signos” externos, sino los pequeños “milagros” de conversión en nuestro corazón. Al final, desde la Iglesia y la Palabra de Dios, siempre se nos exhorta que el gran “milagro”, el gran “signo”, es la “conversión” del corazón. Buscar otros signos, será, como siempre que se busca afuera lo que debe encontrarse adentro, errar el camino.

Meditemos:

  • ¿Soy de los que buscan signos externos, milagros?
  • Mi conversión al Reino de Dios: ¿Va lenta? ¿Va por buen camino?

 


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