viernes, 16 de octubre de 2009

Viernes 16 – Feria (o Memoria Libre: Santa Eduviges, religiosa – Blanco / Santa Margarita María Alacoque, virgen – Blanco) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. Día Penitencial

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 4, 1–8   

Abraham creyó en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación

1¿Y qué diremos de Abraham, nuestro padre según la carne? 2Si él hubiera sido justificado por las obras tendría de qué gloriarse, pero no delante de Dios. 3Porque, ¿qué dice la Escritura?: Abraham creyó en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación. 4Ahora bien, al que trabaja no se le da el salario como un regalo, sino como algo que se le debe. 5Pero al que no hace nada, sino que cree en aquel que justifica al impío, se le tiene en cuenta la fe para su justificación. 6Por eso David proclama la felicidad de aquel a quien Dios confiere la justicia sin las obras, diciendo: 7"Felices aquellos a quienes fueron perdonadas sus faltas y cuyos pecados han sido cubiertos. 8Feliz el hombre a quien Dios no le tiene en cuenta su pecado".  

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 32 (31), 1–2. 5. 11 (R.: cf. 7)

R. Señor, tu eres mi refugio y me colmas con la alegría de la salvación.

1¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! 2¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

5Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: "Confesaré mis faltas al Señor". ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

11¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.

 

Aleluya: Salmo 33 (32), 22

“Aleluya. Aleluya. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti. Aleluya.”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 1–7

Tienen contados todos sus cabellos

1Mientras tanto se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: "Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. 2No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. 3Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas. 4A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. 5Yo les indicaré a quién deben matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese. 6¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. 7Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros.

Palabra del Señor.

Comentario:

Jesús insiste en “cuidarse” y dice él, de la levadura de los fariseos. La comparación con la “levadura” apunta a cuidarse de todo aquello que “infla”, de lo que nos vuelve soberbios, de todo lo que nos quiere “agrandar”. La “levadura” levanta, engrandece huecamente, hace creer que uno es lo que en realidad no se es.

El Señor indica la clave para salir del círculo vicioso de solo hacer las cosas por apariencia, por creernos los mejores. Decir a gritos la verdad, en semilla, que Él nos enseña. Lo que Él dice “en secreto”, místicamente (la palabra mística, como mito, tiene como base el término sanscrito mÿ, que significa en “voz baja”, “susurrar”). Es así, el discípulo escucha en el interior de su corazón, lo madura, deja crecer aquello que se sembró en él; y, con la fuerza de los convertidos, lo predica, lo enseña, se convierte en aquel que “proclama desde lo alto de las casas”.

No tener temor, vencerlo a fuerza de la verdad, saber ver con claridad las cosas como son, no las apariencias, sino las claridades de lo simple. Jesús nos alerta contra los poderosos que pueden matar, pero lo hace de manera en que nos invita a ser discípulos y no héroes, hijos y no soldados en una batalla. Valemos más que muchos pájaros, no somos peones de un tablero de ajedrez, no somos soldados en una batalla… somos hijos amados. Eso es importante, eso es claro, eso es simple. La “levadura de los fariseos” nos querrá llevar a satisfacer nuestro ego, inspirándonos actitudes que no son cristianas, sino solo buscadoras de auto afirmación. Jesús nos lleva a encontrarnos filialmente con el Padre, a no temer, porque la “casa de Dios” es nuestra. No somos héroes, ni soldados de Cristo; somos hijos de Dios, que confían en él.

Meditemos:

  • ¿Proclamo “desde lo alto de las casas” la Buena Noticia que Jesús “susurró” en mis oídos?
  • ¿A qué le tengo miedo? ¿En qué cosas confío, filialmente, en mi Padre Dios?

 


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