Domingo 18 – 29° DURANTE EL AÑO – Verde / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 1ra semana para el Salterio. 29va semana.
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías 53, 10–11
Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días
10El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. 11A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 33 (32), 4–5. 18–20. 22 (R.: 22)
R. ¡Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti!
4Porque la palabra del Señor es recta y él obra siempre con lealtad; 5él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor. R.
18Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, 19para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.
20Nuestra alma espera en el Señor; él es nuestra ayuda y nuestro escudo. 22Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14–16
Vayamos confiadamente al trono de la gracia
14Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. 15Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado. 16Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.
Palabra de Dios.
Aleluya: Marcos 10, 45
“Aleluya. Aleluya. El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 35–45
35Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir". 36El les respondió: "¿Qué quieren que haga por ustedes?". 37Ellos le dijeron: "Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria". 38Jesús le dijo: "No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?". 39"Podemos", le respondieron. Entonces Jesús agregó: "Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. 40En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados". 41Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. 42Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. 43Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; 44y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. 45Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".
Palabra del Señor.
Comentario:
“Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Que no nos sorprenda la petición de estos muchachos. ¿No nos imaginábamos distinto a Juan? – Hijo, aquí tienes a tu madre – le dijo Jesús en la Cruz. Pareciera que estamos delante de una persona suave, acogedora, humilde, hogareña. En realidad el relato de hoy lo presenta buscando el poder, quiere sentarse al lado del Dios todopoderoso. De todos modos este lado oscuro de Juan no debe atraparnos desprevenidos, porque ¿a quién de nosotros no le seduce el poder? ¿Quién de nosotros puede decir: a mi no me interesa mandar? Esta es la parte negativa de Juan y su hermano, el Señor se encarga de ayudarles para que puedan sanarla, porque se trata de eso: una enfermedad. Son hombres enfermos que buscan la gloria, la fama, el poder, por que no pueden aceptar ser, tan sólo, seres humanos como los demás. Cuando Jesús llegue a la Cruz, Juan estará listo para servir y no, como ahora, querer mandar.
¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré? Jesús está hablando de su propia muerte. En Marcos 10, 33-34 había anunciado por tercera vez su pasión. San Juan Crisóstomo nos dice: “Él llama aquí cáliz y bautismo a su cruz y a su muerte; cáliz porque se dirige hacia la cruz con ganas, y bautismo, porque, con su muerte, purificaba la tierra entera” (Homilía sobre la incomprensibilidad de Dios, 8. 5). En este sentido leamos la hermosa oración de San Policarpo de Esmirna al momento de entregar su vida al Señor por medio del martirio (Martirio de Policarpo, 14, 1-3):
Señor, Dios todopoderoso,
Padre de tu amado y bendito siervo Jesucristo,
Por el que te hemos conocido,
Dios de los ángeles, de las potencias, de toda la creación
Y de todo el pueblo de los justos que viven en tu presencia.
Te bendigo porque me has juzgado digno de este día y de esta hora,
De tomar parte en el número de los mártires,
En el cáliz de tu Cristo,
Para la resurrección de la vida eterna en alma y cuerpo,
En la incorruptibilidad del Espíritu Santo.
Que hoy sea yo recibido con ellos en tu presencia,
En sacrificio generoso y grato,
Tal como Tú, el Dios verdadero que no engaña,
Lo has preparado de antemano,
Lo anunciaste y lo has cumplido.
Por ello y por encima de todas las cosas te alabo,
Te bendigo, te glorifico,
Por medio de Jesucristo, Sumo Sacerdote eterno y celeste,
Tu amado siervo,
Por el cual la gloria a Ti junto a Él y al Espíritu Santo,
Ahora y en los siglos venideros. Amén.
Esta oración tan bonita puede servirnos a nosotros mismos para entregar, cada mañana, nuestra vida en ofrenda al Señor. Es una oración de martirio. De testimonio de vida entregada hasta las últimas consecuencias, aunque estas sean mortales. Nosotros también, al igual que Juan, Santiago y Policarpo podemos beber el cáliz y recibir el bautismo del Señor.
El que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes, y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. La situación es simple, la grandeza y la primogenitura espiritual viene tomadas de la mano del servicio. En la Iglesia los verdaderamente grandes, sirven. Jesús dio el ejemplo, nosotros nos hemos habituado al mundo donde los grandes mandan. En la Iglesia los grandes sirven. Nunca nos cansemos de repetirlo: en la Iglesia los grandes sirven. Una Iglesia grande se construye con la grandeza de cada uno de sus miembros. ¿Cómo va a crecer la Iglesia si sus miembros seguimos anoréxicos de grandeza espiritual? El único camino posible para la grandeza cristiana es el servicio. Si no lo hacemos así estamos perdiendo el tiempo. En vez de cargar la cruz y entregar la vida en martirio, somos un martirio para los demás que cargan con la pesada cruz de nuestra pequeñez de espíritu.
Meditemos:
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