sábado, 24 de octubre de 2009

Sábado 24 – Feria (o Memoria libre: San Antonio María Claret, obispo – Blanco / Santa María en sábado – Blanco) Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. 1as vísperas del 30° domingo durante el año.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 1–11

El Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes

1Por lo tanto, ya no hay condenación para aquellos que viven unidos a Cristo Jesús. 2Porque la ley del Espíritu, que da la Vida, me libró, me libró, en Cristo Jesús, de la ley del pecado y de la muerte. 3Lo que no podía hacer la Ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios lo hizo, enviando a su propio Hijo, en una carne semejante a la del pecado, y como víctima por el pecado. Así él condenó el pecado en la carne, 4para que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que ya no vivimos conforme a la carne sino al espíritu. 5En efecto, los que viven según la carne desean lo que es carnal; en cambio, los que viven según el espíritu, desean lo que es espiritual. 6Ahora bien, los deseos de la carne conducen a la muerte, pero los deseos del espíritu conducen a la vida y a la paz, 7porque los deseos de la carne se oponen a Dios, ya que no se someten a su Ley, ni pueden hacerlo. 8Por eso, los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. 9Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. 10Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 24 (23), 1–6

R. Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.

1Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes 2porque él la fundó sobre los mares, él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

3¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado? 4El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente. R.

5Él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su Salvador. 6Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 13, 1–9

Si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera

1En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios. 2El respondió: "¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? 3Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. 4¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 5Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera". 6Les dijo también esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y nos encontró. 7Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y nos encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?". 8Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. 9Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás"".

Palabra del Señor.

Comentario:

Mucha gente liga las situaciones de dolor que vive a una actitud deliberada de Dios por hacerles sufrir. Dios te está probando, nos dicen. Es la voluntad de Dios, reflexionan otros. “¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás?”, es la pregunta retórica, que Él mismo contesta, que hace Jesús. “Les aseguro que no”, responde el mismo Cristo. La naturaleza no es cruel, dicen los científicos, es consecuente, explican. Sin duda estamos dentro de un sistema, natural, donde, por ser parte de esa naturaleza, podemos sufrir consecuencias, lógicas por otro lado, como cualquier otro ser natural. Es decir, si un auto nos atropella, puede matarnos, dañarnos sin duda, porque las “leyes” de la naturaleza son así. Es la consecuencia de ser humanos. Lo real es que, por ser humanos, “tenemos” otras consecuencias que nos agradan, cosas que nos pasan, por vivir en este mundo, que nos encantan… Ahí nadie se queja, ni agradece, lo “aceptamos” como una consecuencia lógica de estar vivos.

Pero Jesús, fiel a su estilo, lleva las consecuencias al extremo. La vida puede ser buena o mala (en realidad, generalmente, tiene de las dos cosas); pero, la vida no termina en este mundo, por eso la necesaria conversión que exige el Salvador. La parábola final invita a ver que Dios lejos de “probarnos”, alejado del “castigarnos” que le adjudican… Dios tiene paciencia, espera la conversión, frena el “castigo”. ¿Razón? Nos ama. El final de la historia es en el cielo, es en la eternidad. Por eso, pese a las “consecuencias” lógicas de la justicia divina, lo que impera en el pensamiento de Dios es la MISERICORDIA.

Meditemos:

  • ¿Aceptamos las cosas dolorosas que nos pasan? ¿Por qué?
  • ¿Experimento la inmensa MISERICORDIA y paciencia que Dios me tiene?

 


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