Domingo 25 – 30° DURANTE EL AÑO – Verde / Misa: del Propio. Gloria. Credo – Liturgia de las horas: del Propio. 1ra semana para el Salterio. 30va semana.
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Jeremías 31, 7–9
Traigo a ciegos y lisiados llenos de consuelo
7Porque así habla el Señor: ¡Griten jubilosos por Jacob, aclamen a la primera de las naciones! Háganse oír, alaben y digan: "¡El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel!". 8Yo los hago venir del país del Norte y los reúno desde los extremos de la tierra; hay entre ellos ciegos y lisiados, mujeres embarazadas y parturientas: ¡es una gran asamblea la que vuelve aquí! 9Habían partido llorando, pero yo los traigo llenos de consuelo; los conduciré a los torrentes de agua por un camino llano, donde ellos no tropezarán. Porque yo soy un padre para Israel y Efraím es mi primogénito.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 126 (125), 1–2b. 2c–3. 4–5. 6 (R.: 3)
R. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría!
1Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: 2nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones. R.
Hasta los mismos paganos decían: "¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!". 3¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! R.
4¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb! 5Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. R.
6El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1–6
Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec
1Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. 2El puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana. 3Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por los propios pecados. 4Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón. 5Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy". 6Como también dice en otro lugar: "Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec".
Palabra de Dios.
Aleluya: Cf. 2 Timoteo 1, 10b
“Aleluya. Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte e hizo brillar la vida, mediante la Buena Noticia. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 46–52
Maestro, que yo pueda ver
46Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. 47Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!". 48Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!". 49Jesús se detuvo y dijo: "Llámenlo". Entonces llamaron al ciego y le dijeron: "¡Animo, levántate! El te llama". 50Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. 51Jesús le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti? Él le respondió: "Maestro, que yo pueda ver". 52Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado". En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.
Palabra del Señor.
Comentario:
San Marcos presenta en la escena del ciego de Jericó, la imagen de lo que es la Iglesia: tirada al costado del camino, sin ver a su salvador, desesperanzada de la vida, mendiga, carente de todo, poseedora de nada.
Bartimeo “se puso a gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!” (v. 47). Nuestra Iglesia también grita y suspira por la ayuda que tarda en llegar desde el cielo, sus manos se extienden mendigando a Dios, pidiendo la atención del Señor. Pareciera que pasa de largo, parece que no la escucha, encima “muchos lo reprendían para que se callara” (v. 48), la violencia de la represión es grande, no sólo quieren una Iglesia ciega, al costado del camino, que reciba la limosna que ellos le quieran dar, sino también la quieren muda, que no grite, que no hable, que se acomode a los “gobernantes, (que) dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y (a) los poderosos (que) les hacen sentir su autoridad” (v. 42).
Pero Bartimeo no se calla, la Iglesia tampoco, y grita más fuerte: Hijo de David, ten piedad de mí. Y es allí donde termina la historia y comienza el misterio. La vocación se abre paso, como un nuevo sol que se levanta después de la oscuridad, “Jesús se detuvo y dijo: Llámenlo” (v. 49). ¡Jesús ha escuchado, ha respondido, ha llamado! ¡Como a los doce que fueron llamados aunque no comprendían, la Iglesia de hoy es llamada, para que comprenda y pueda ver! “Entonces llamaron al ciego y le dijeron: ¡Ánimo, levántate! Él te llama” (v. 49). En este punto, la comunidad tiene que estar animada, la hora de las tinieblas ha pasado, la luz de la fe brilla refulgente, traspasando las tinieblas, y el ánimo vuelve a los corazones de la comunidad. “El Señor te llama”, significa también: “te ha escuchado y sabe que tú también le escuchas. Él te entiende, y sabe que tú también lo entiendes”.
En el v. 50, el relato se convierte al mismo tiempo en lento y apresurado, avanza vertiginosamente y en cámara lenta. Con una capacidad absolutamente brillante, Marcos nos cambia el estado de ánimo, y, de ese mendigo suplicante abandonado al costado del camino, nos encontramos con un hombre que aprendió a dejarlo todo por el Señor. ¿Podríamos decir que este versículo es un resumen pascual? ¿Podríamos ver en este “arrojar el manto” algo así como el domingo de Ramos? ¿Podríamos captar en este “ponerse de pie de un salto” la resurrección del Señor y de todo creyente? ¿Podríamos, por último, ver en ese “fue hacia Él” lo que dice Marcos 16, 7: “Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que Él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como Él se lo había dicho”?
La pregunta de Jesús “¿Qué quieres que haga por ti?”, demora la escena, pero al mismo tiempo es obligada. En esta manera de ser del evangelio de San Marcos, de explicar lo obvio, de ir con pie de plomo, conocedor de sus lectores, sabe de la necesidad de no dar nada por supuesto, y de que, formalmente se dé el consentimiento a la fe. La respuesta de Bartimeo: “Maestro, que yo pueda ver”, es la expresión formal de lo que la comunidad necesita. En medio de las tinieblas, se necesita ver. En medio de la oscuridad, hace falta la luz. Ver sin milagros, ver sólo por fe...
En el v. 52, Jesús le dice: “Vete, tu fe te ha salvado”. Es la confirmación de que el creyente estaba en lo cierto, hacía falta gritar y llamar la atención para ser escuchado, hacía falta el oído atento para enterarse de que pasaba Jesús. La catequesis de Marcos termina de manera lógica: la conversión a la cual se llamaba (Mc 1, 15) se ha hecho realidad y “tu fe te ha salvado”.
Nos dice el relato que “enseguida comenzó a ver”, enseguida, al momento, al instante, y “lo siguió por el camino”.
Recobrada la visión, el que “estaba sentado junto al camino” (10, 46) sigue ahora a Jesús “por el camino”. Tal seguimiento consiste en algo más que en la integración de Bartimeo en el grupo de peregrinos que marcha a las fiestas. El verbo “seguir” se emplea casi siempre en relación con gente bien dispuesta hacia Jesús (2, 15; 3, 7; 5, 24; 11, 9) o, más frecuentemente, en conexión con los discípulos o el discipulado (1, 18; 2, 14; 6, 1; 8, 34; 9, 38; 10, 21.28.32; 15, 41). ...Mediante Bartimeo se intenta presentar un ejemplo de persona con capacidad “de ver”, y esa persona sigue a Jesús hacia su pasión.
La gran virtud de Bartimeo fue dejarse ayudar por el Señor, él no hizo nada (aparte de solicitar ayuda). La Iglesia, y nosotros dentro de ella, también hoy necesita ser dócil a la gracia salvadora de Jesús que nos da el milagro de poder “ver”. Así, y solo así, podremos saber cuál es nuestro lugar en el mundo y seguiremos al Señor como verdaderos discípulos suyos.
Meditemos:
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