sábado, 31 de octubre de 2009

Sábado 31 – Feria (o Memoria libre: Santa María en sábado – Blanco) Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. 1as vísperas de la solemnidad.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 11, 1–2ª. 11–12. 25–29

Si la exclusión de Israel trajo consigo la reconciliación del mundo, su reintegración, ¿no será un retorno a la vida?

1Entonces me pregunto: ¿Dios habrá rechazado a su Pueblo? ¡Nada de eso! Yo mismo soy israelita, descendiente de Abraham y miembro de la tribu de Benjamín. 2Dios no ha rechazado a su Pueblo, al que eligió de antemano. 11Yo me pregunto entonces: ¿El tropiezo de Israel significará su caída definitiva? De ninguna manera. Por el contrario, a raíz de su caída, la salvación llegó a los paganos, a fin de provocar los celos de Israel 12Ahora bien, si su caída enriqueció al mundo y su disminución a los paganos, ¿qué no conseguirá su conversión total? 25Hermanos, no quiero que ignoren este misterio, a fin de que no presuman de ustedes mismos: el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya entrado la totalidad de los paganos. 26Y entonces todo Israel será salvado, según lo que dice la Escritura: "De Sión vendrá el Libertador. El apartará la impiedad de Jacob. 27Y esta será mi alianza con ellos, cuando los purifique de sus pecados". 28Ahora bien, en lo que se refiere a la Buena Noticia, ellos son enemigos de Dios, a causa de ustedes; pero desde el punto de vista de la elección divina, son amados en atención a sus padres. 29Porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 94 (93), 12–13a. 14–15. 17–18 (R.: 14a)

R. El Señor no abandona a su pueblo.

12Feliz el que es educado por ti, Señor, aquel a quien instruyes con tu ley, 13para darle un descanso después de la adversidad. R.

14Porque el Señor no abandona a su pueblo ni deja desamparada a su herencia: 15la justicia volverá a los tribunales y los rectos de corazón la seguirán. R.

17Si el Señor no me hubiera ayudado, ya estaría habitando en la región del silencio. 18Cuando pienso que voy a resbalar, tu misericordia, Señor, me sostiene. R.

Aleluya: Mateo 11, 29ab

“Aleluya. Aleluya. Dice el Señor: Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón. Aleluya.”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 14, 1. 7–11

El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado

1Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. 7Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola: 8"Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, 9y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: "Déjale el sitio", y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar. 10Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: "Amigo, acércate más", y así quedarás bien delante de todos los invitados. 11Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".

Palabra del Señor.

Comentario:

No nos extraña la actitud de los invitados a la mesa del fariseo. Querer ser los primeros, los más importantes, los más reconocidos, los que ocupan los mejores lugares… es una cosa que todo el mundo experimenta. La sencilla razón detrás de la búsqueda de los primeros puestos es que estar en el lugar donde “se corta el queso”, en la primera fila, da la ocasión de acceder a todas las oportunidades que la relación con las personas más importantes del grupo humano al que pertenecemos nos puede dar. Estar ahí, para aprovechar la ocasión, para codearnos con los “grandes”, es lo que, de un modo u otro, buscamos todos. No importa el medio en donde estemos, siempre nos gustará la “primera fila” de las personas que queremos cerca.

Pero Jesús, sin pretender cambiar esto, reflexiona sobre la actitud de cómo debe hacerse esto. Con humildad. Buscar lo que quiero, lo que me conviene, lo que es importante para mí… pero con ubicación y humildad. Saber donde estoy parado, no creerme más que los demás, ser humilde y colocarme “en el último sitio”. Esa es la clave. La soberbia de los creídos, de los inflados en su propio yo, es “pinchada” por la realidad de la vida, el humilde, en cambio, se encuentra, quizá, en los mejores lugares, pero no haciendo ostentación de ello, no maltratando a los demás, no ocupando “lugares” que no le corresponden.

Meditemos:

  • ¿Soy una persona humilde o soberbia?
  • ¿De qué manera trabajo la virtud de la humildad en mi vida? ¿Qué estoy haciendo?

 


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