Miércoles 04 – Memoria Obligatoria: san Carlos Borromeo, obispo – Blanco / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria.
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 13, 8–10
El amor es la única plenitud de la ley
8Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley. 9Porque los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10El amor no hace más al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 112 (111), 1–2. 4–5. 9
R. Feliz el que se compadece y da prestado.
1Feliz el hombre que teme al Señor y se complace en sus mandamientos. 2Su descendencia será fuerte en la tierra: la posteridad de los justos es bendecida. R.
4Para los buenos brilla una luz en las tinieblas: es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo. 5Dichoso el que se compadece y da prestado, y administra sus negocios con rectitud. R.
9El da abundantemente a los pobres: su generosidad permanecerá para siempre, y alzará su frente con dignidad. 1Feliz el hombre que teme al Señor. R.
Aleluya: 1° Pedro 4, 14
“Aleluya. Aleluya. Felices si son ultrajados por el Nombre de Cristo, porque el Espíritu de Dios, reposa sobre ustedes. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 14, 25–33
El que no enuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo
25Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: 26"Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. 28¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? 29No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 30"Este comenzó a edificar y no pudo terminar". 31¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? 32Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. 33De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Palabra del Señor.
Comentario:
Sin duda, hoy como ayer, “un gran gentío” va con Jesús, son muchos los que se proclaman sus seguidores, los que se inspiran en su vida y doctrina, los que se llaman cristianos. Pero, a lo largo del “camino”, vemos que los autoproclamados seguidores de Cristo, lo son solo a medias. Muchos solo tienen interés en “cumplir” con Él, como un seguro de que todo les irá bien. Otros solo lo buscan cuando están necesitados de la ayuda divina, y si no se les satisface en su “necesidad” le abandonan. Otros le siguen por costumbre, los hay que por interés, los otros porque no conocen otra cosa.
Para Jesús el “seguimiento” implica renuncia. La renuncia es una palabra que suena a exabrupto en nuestro lenguaje. Hoy las personas se asustan y retroceden espantadas cuando se les pide que renuncien a algo. Pareciera que, en el mundo de hoy, debemos tenerlo todo, debemos probarlo todo, debemos satisfacer todas nuestras ambiciones y tendencias. Sin embargo, la vida es renuncia, en cada decisión que tomamos estamos renunciando a hacer otras miles de cosas. Al decidir ir a tal parte, renuncio a ir a otras miles de partes. Si acepto hacer alguna cosa, renuncio a hacer todas las miles de cosas que podría estar haciendo en ese momento es decir, la renuncia forma parte de la vida, es más, es la vida. Renunciamos a muchas más cosas que las que aceptamos.
Jesús pone el ejemplo del edificador y el del Rey que va a la batalla. Ambos tienen que tomar decisiones. Ambos pueden hacer una u otra cosa. Pero deberán ver cual les conviene, cual es la mejor para ellos y para los demás. Jesús nos pone de frente a las opciones de la vida cristiana. O lo seguimos hasta el extremo de renunciar hasta a la propia vida, o nos conformamos con no construir nada, o aceptar las condiciones de otro (como en el caso del rey). Si somos cristianos, de veras, y no solo de nombre, nuestra RENUNCIA será total y le seguiremos adonde el vaya.
Meditemos:
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