Miércoles 11 – Memoria Obligatoria: san Martín de Tours, obispo – Blanco / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria.
Primera lectura
Lectura del libro de la sabiduría 6, 1–11
Escuchen reyes, para que aprendan la Sabiduría
1¡Escuchen, reyes, y comprendan! ¡Aprendan, jueces de los confines de la tierra! 2¡Presten atención, los que dominan multitudes y están orgullosos de esa muchedumbre de naciones! 3Porque el Señor les ha dado el dominio, y el poder lo han recibo del Altísimo: él examinará las obras de ustedes y juzgará sus designios, 4Ya que ustedes, siendo ministros de su reino, no han gobernado con rectitud ni han respetado la Ley ni han obrado según la voluntad de Dios 5él caerá sobre ustedes en forma terrible y repentina, ya que un juicio inexorable espera a los que están arriba. 6Al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán examinados con rigor. 7Porque el Señor de todos no retrocede ante nadie, ni lo intimida la grandeza: él hizo al pequeño y al grande, y cuida de todos por igual, 8Pero los poderosos serán severamente examinados. 9A ustedes, soberanos, se dirigen mis palabras, para que aprendan la Sabiduría y no incurran en falta; 10porque los que observen santamente las leyes santas serán reconocidos como santos, y los que se dejen instruir por ellas, también en ellas encontrarán su defensa. 11Deseen, entonces, mis palabras; búsquenlas ardientemente, y serán instruidos. Encuentro con la Sabiduría.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 82 (81), 3–4. 6–7
R. ¡Levántate, Señor, y juzga a la tierra!
3¡Defiendan al desvalido y al huérfano, hagan justicia al oprimido y al pobre; 4libren al débil y al indigente, rescátenlos del poder de los impíos! R.
6Yo había pensado: “Ustedes son dioses, todos son hijos del Altísimo”. 7Pero morirán como cualquier hombre, caerán como cualquiera de los príncipes. R.
Aleluya: 1° Tesalonicenses 5, 18
“Aleluya. Aleluya. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 17, 11–19
Ninguno volvió a dar gracias, sino este extranjero
11Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pesaba a través de Samaría y Galilea. 12Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia 13y empezaron a gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!". 14Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y en el camino quedaron purificados. 15Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta 16y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. 17Jesús le dijo entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? 18¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?". 19Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado".
Palabra del Señor.
Comentario:
Dar las gracias. Cuando éramos niños se nos enseñó que había dos palabras “mágicas”: “por favor” y “gracias”. Con ellas en la boca podíamos conseguir cualquier cosa de los demás. A los leprosos de hoy las cosas les salieron a medias: pidieron por favor, pero no dieron las gracias.
Jesús se goza en resaltar que son los judíos los que no agradecen el milagro, solo el samaritano es el que vuelve agradecido. Llama la atención que los otros nueve, provenientes del pueblo que busca “signos”, como diría san Juan, sean los que no agradezcan a Dios el “signo” milagroso de la curación que los restituye a la comunidad de la cual había sido expulsados por motivos obvios.
¿Qué le pasa a la gente que busca milagros? ¿Por qué no es agradecida? Cuando la búsqueda se hace solo desde el propio interés, desde la propia necesidad, del ego que nos amontona en la ingratitud, se producen estas cosas: nos volvemos desagradecidos. Pedimos mucho, suplicamos un montón, pero no le damos gracias a Dios por lo que hace “con” y “en” nosotros.
Meditemos:
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