jueves, 12 de noviembre de 2009

Jueves 12 – Memoria Obligatoria: San Josafat, obispo y mártir – Rojo / Misa: de la memoria – Liturgia de las horas: de la memoria.

Primera lectura

Lectura del libro de la sabiduría 7, 22 – 8, 1  

La sabiduría es reflejo de la luz eterna, espejo nítido de la actividad de Dios

722En ella hay un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, ágil, perspicaz, sin mancha, diáfano, inalterable, amante del bien, agudo, 23libre, bienhechor, amigo de los hombres, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, lo observa todo y penetra en todos los espíritus: en los puros y hasta los más sutiles. 24La Sabiduría es más ágil que cualquier movimiento; a causa de su pureza, lo atraviesa y penetra todo. 25Ella es exhalación del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Todopoderoso: por eso, nada manchado puede alcanzarla. 26Ella es el resplandor de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios y una imagen de su bondad. 27Aunque es una sola, lo puede todo; permaneciendo en sí misma, renueva el universo; de generación en generación, entra en las almas santas, para hacer amigos de Dios y profetas. 28Porque Dios ama únicamente a los que conviven con la Sabiduría. 29Ella, en efecto, es más radiante que el sol y supera a todas las constelaciones; es más luminosa que la misma luz, 30Ya que la luz cede su lugar a la noche, pero contra la Sabiduría no prevalece el mal. 81Ella despliega su fuerza de un extremo hasta el otro, y todo lo administra de la mejor manera.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 119 (118), 89–91. 130. 135. 175

R. ¡Tu palabra, Señor, permanece para siempre!

89Tu palabra, Señor, permanece para siempre, está firme en el cielo. 90Tu verdad permanece por todas las generaciones; tú afirmaste la tierra y ella subsiste. R.

91Todo subsiste hasta hoy conforme a tus decretos, porque todas las cosas te están sometidas. 130La explicación de tu palabra ilumina y da inteligencia al ignorante. R.

135Que brille sobre mí la luz de tu rostro, y enséñame tus preceptos. 175Que yo viva y pueda alabarte, y que tu justicia venga en mi ayuda. R.

Aleluya: Juan 15, 5

“Aleluya. Aleluya. “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto”, dice el Señor. Aleluya.”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 17, 20–25

El Reino de Dios está entre ustedes

20Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: "El Reino de Dios no viene ostensiblemente, 21y no se podrá decir: "Está aquí" o "Está allí". Porque el Reino de Dios está entre ustedes". 22Jesús dijo después a sus discípulos: "Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. 23Les dirán: "Está aquí" o "Está allí", pero no corran a buscarlo. 24Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día. 25Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.

Palabra del Señor.

Comentario:

En el versículo 20 se plantea la pregunta sobre el final de los tiempos, sobre la definitiva irrupción del Reino de Dios en el mundo. Para Jesús, la llegada del Reino, la instauración del proyecto de Dios definitivamente sobre la tierra no es algo visible, palpable, notorio… No. El Reino tampoco es externo, como manifestación exterior, como hecho “cósmico”, sino que es algo espiritual e interior. El Reino es una realidad comunitaria, “está entre ustedes”, relacional, fraterna, hasta podríamos decir social.

Jesús pasa a hablar de la experiencia, esta si externa a la propia persona, de la presencia del Hijo del hombre, de qué va a pasar con él mismo. La expresión usada de “como un relámpago”, manifiesta dos cosas: en primer lugar, la rapidez, sin previo aviso, con que el Señor aparecerá el día fijado. Será algo sorprendente, no habrá oportunidad de prever con tiempo cuando llegará el fin, el día final. Pero, por otro lado, significa que será así, como un relámpago, de “luminosa”. La venida del Hijo del hombre viene a echar luz sobre los hombres, a mostrar la hermosa claridad de Dios, sin oscuridades, sin medias tintas.

El aviso final, del sufrimiento y el rechazo, es la realidad que encarnó Jesús: fue rechazado, sufrió y murió por nosotros.

 

Meditemos:

  • ¿El Reino de Dios ya está en mí? ¿En qué se nota?
  • ¿Estoy listo para irme con Jesús, sea cuando sea?

 


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