Lunes 16 – Feria (o Memoria Libre: Santa Margarita de Escocia – Blanco / Santa Gertrudis, virgen – Blanco) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.
Primera lectura
Lectura del primer libro de los Macabeos 1, 10–15. 41–43. 54–57. 62–64
Una gran ira se descargó sobre Israel
En aquel tiempo: 10Surgió un vástago perverso, Antíoco Epífanes, hijo de Antíoco, que había estado en Roma como rehén y subió al trono el año ciento treinta y siete del Imperio griego. 11Fue entonces cuando apareció en Israel un grupo de renegados que sedujeron a muchos, diciendo: "Hagamos una alianza con las naciones vecinas, porque desde que nos separamos de ellas, nos han sobrevenido muchos males". 12Esta propuesta fue bien recibida, 13y algunos del pueblo fueron en seguida a ver al rey y este les dio autorización para seguir la costumbres de los paganos. 14Ellos construyeron un gimnasio en Jerusalén al estilo de los paganos, 15disimularon la marca de la circuncisión y, renegando de la santa alianza, se unieron a los paganos y se entregaron a toda clase de maldades. 41El rey promulgó un decreto en todo su reino, ordenando que todos formaran un solo pueblo 42y renunciaran a sus propias costumbres. Todas las naciones se sometieron a la orden del rey 43y muchos israelitas aceptaron el culto oficial, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado. 54El día quince del mes de Quisleu, en el año ciento cuarenta y cinco, el rey hizo erigir sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en todas las ciudades de Judá. 55En las puertas de las casas y en las plazas se quemaba incienso. 56Se destruían y arrojaban al fuego los libros de la Ley que se encontraban, 57y al que se descubría con un libro de la Alianza en su poder, o al que observaba los preceptos de la Ley, se lo condenaba a muerte en virtud del decreto real. 62Sin embargo, muchos israelitas se mantuvieron firmes y tuvieron el valor de no comer alimentos impuros; 63prefirieron la muerte antes que mancharse con esos alimentos y quebrantar la santa alianza, y por eso murieron. 64Y una gran ira se descargó sobre Israel.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 119 (118), 53. 61. 134. 150. 155. 158
R. ¡Dame vida, Señor, y guardaré tus mandamientos!
53Me lleno de indignación ante los pecadores, ante los que abandonan tu ley. 61Los lazos de los malvados me rodean, pero yo no me olvido de tu ley. R.
134Líbrame de la opresión de los hombres, y cumpliré tus mandamientos. 150Se acercan a mí los ojos que me persiguen con perfidia, los que están alejados de tu ley. R.
155La salvación está lejos de los impíos, porque no buscan tus preceptos. 158Veo a los pecadores y siento indignación, porque no cumplen tu palabra. R.
Aleluya: Juan 8, 12
“Aleluya. Aleluya. “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue tendrá la luz de la Vida”, dice el Señor. Aleluya”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 18, 35–43
¿Qué quieres que haga por ti? Señor, que yo vea otra vez
35Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. 36Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. 37Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. 38El ciego se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!". 39Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!". 40Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: 41¿Qué quieres que haga por ti?". "Señor, que yo vea otra vez". 42Y Jesús le dijo: "Recupera la vista, tu fe te ha salvado". 43En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios.
Palabra del Señor.
Comentario:
El grito desesperado del ciego de Jericó nos invita, desde la propuesta del evangelista, a ver nuestra propia ceguera y darnos cuenta si somos como él, que intenta poder “ver”, con claridad, con prontitud. La capacidad de “ver” es el signo más profundo de una verdadera conversión, de un cambio de vida.
Esta conversión a Cristo no es personal, no es individual, es producida por el mismo Cristo. “Recupera la vista, tu fe te ha salvado” (v. 42), dice el Señor. Así se da claramente lo esencial de la mirada cristiana: la fe de parte del cristiano, la capacidad de hacer “ver” de parte de Dios.
Se trata, sobre todo, de buscar la posibilidad de que Dios tenga la oportunidad de obrar en nosotros, de transformar nuestra vida, de convertirla en una vida de sabiduría, de buen obrar.
Meditemos:
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