Miércoles 18 – Feria (o Memoria Libre: La Dedicación de las basílicas de San Pedro y San Pablo, apóstoles – Blanco) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.
Primera lectura
Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1. 20–31
El Creador del universo les devolverá misericordiosamente el espíritu y la vida
1También fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. 20Incomparablemente admirable y digna del más glorioso recuerdo fue aquella madre que, viendo morir a sus siete hijos en un solo día, soportó todo valerosamente, gracias a la esperanza que tenía puesta en el Señor. 21Llena de nobles sentimientos, exhortaba a cada uno de ellos, hablándoles en su lengua materna. Y animando con un ardor varonil sus reflexiones de mujer, les decía: 22"Yo no sé cómo ustedes aparecieron en mis entrañas; no fui yo la que les dio el espíritu y la vida ni la que ordenó armoniosamente los miembros de su cuerpo. 23Pero sé que el Creador del universo, el que plasmó al hombre en su nacimiento y determinó el origen de todas las cosas, les devolverá misericordiosamente el espíritu y la vida, ya que ustedes se olvidan ahora de sí mismos por amor de sus leyes". 24Antíoco pensó que se estaba burlando de él y sospechó que esas palabras eran un insulto. Como aún vivía el más joven, no sólo trataba de convencerlo con palabras, sino que le prometía con juramentos que lo haría rico y feliz, si abandonaba las tradiciones de sus antepasados. Le aseguraba asimismo que lo haría su Amigo y le confiaría altos cargos. 25Pero como el joven no le hacía ningún caso, el rey hizo llamar a la madre y le pidió que aconsejara a su hijo, a fin de salvarle la vida. 26Después de mucho insistir, ella accedió a persuadir a su hijo. 27Entonces, acercándose a él y burlándose del cruel tirano, le dijo en su lengua materna: "Hijo mío, ten compasión de mí, que te llevé nueve meses en mis entrañas, te amamanté durante tres años y te crié y eduqué, dándote el alimento, hasta la edad que ahora tienes. 28Yo te suplico, hijo mío, que mires al cielo y a la tierra, y al ver todo lo que hay en ellos, reconozcas que Dios lo hizo todo de la nada, y que también el género humano fue hecho de la misma manera. 29No temas a este verdugo: muéstrate más bien digno de tus hermanos y acepta la muerte, para que yo vuelva a encontrarte con ellos en el tiempo de la misericordia". 30Apenas ella terminó de hablar, el joven dijo: "¿Qué esperan? Yo no obedezco el decreto del rey, sino las prescripciones de la Ley que fue dada a nuestros padres por medio de Moisés. 31Y tú, que eres el causante de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de Dios.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 17 (16), 1. 5–6. 8b. 15
R. ¡Me saciaré de tu presencia, Señor!
1Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad. R.
5Mis pies se mantuvieron firmes en los caminos señalados: ¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas! 6Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes: inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras. R.
8Escóndeme a la sombra de tus alas. 15Por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu presencia. R.
Aleluya: Cfr. Juan 15, 16
“Aleluya. Aleluya. “Yo los elegí del mundo, para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero”, dice el Señor. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 19, 11–28
¿Por qué no entregaste mi dinero en préstamo?
11Como la gente seguía escuchando, añadió una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro. 12El les dijo: "Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida. 13Llamó a diez de sus servidores y les entró cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: "Háganlas producir hasta que yo vuelva". 14Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: "No queremos que este sea nuestro rey". 15Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. 16El primero se presentó y le dijo: "Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más". 17"Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades". 18Llegó el segundo y el dijo: "Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más". 19A él también le dijo: "Tú estarás al frente de cinco ciudades". 20Llegó el otro y le dijo: "Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo. 21Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigentes, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado". 22El le respondió: "Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigente, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré, 23¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses". 24Y dijo a los que estaban allí: "Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más". 25"¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!". 26"Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene. 27En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia"". 28Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén.
Palabra del Señor.
Comentario:
La parábola que Jesús relata explora dos ámbitos: la negación de los “súbditos” hacia el nuevo rey; y, por otro lado, la retribución a los “leales” según su respuesta a la confianza dada.
En el primer caso, la “negación” del reinado del heredero, marca la situación personal de Jesús frente a los “notables” del pueblo. También nos ayuda a reflexionar a nosotros sobre nuestra manera de ver la vida. A veces nos negamos a aceptar las cosas como son, nos negamos a dejar a Dios ser Dios. No le permitimos a Dios tomar posesión de nuestra vida, que es su reino, y asumimos que, salvo nuestra necesidad, manifestada en súplicas, Él no tiene por qué meterse a decidir sobre nuestra vida.
En el segundo caso, la reflexión de Jesús gira en torno a qué hacemos con los dones que el Señor nos ha regalado o confiado. ¿”Invertimos” esos dones? ¿Los ponemos al servicio del Señor y los hermanos? La parábola termina duramente, se le quita “aún lo que tiene” y se le da al que tiene más. Esto no es una injusticia, el que pierde todo ya tuvo tiempo para trabajar sobre lo que se le dio… darle a que tiene mucho es un signo de renovada confianza: si hizo bien las cosas ¿por qué no confiarle más ya que cumplió en administrar bien los dones anteriores?
La parábola termina drásticamente, al desembocar en una ejecución… no es propio de Jesús asumir actitudes violentas, aquí la expresión es solo para reforzar la tensión del relato: los traidores, en cualquier reino o país, son despreciados, y en algunos son ajusticiados.
Meditemos:
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