Domingo 22 – NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO: REY DEL UNIVERSO – SOLEMNIDAD – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Credo. Prefacio propio – Liturgia de las horas: del Propio. 2da semana para el Salterio. 34va semana.
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Daniel 7, 13–14
Su dominio es un dominio eterno que no pasará
13Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él. 14Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 93 (92),1–2. 5
R. ¡Reina el Señor, revestido de majestad!
1¡Reina el Señor, revestido de majestad! El Señor se ha revestido, se ha ceñido de poder. El mundo está firmemente establecido: ¡no se moverá jamás! 2Tu trono está firme desde siempre, tú existes desde la eternidad. R.
5Tus testimonios, Señor, son dignos de fe, la santidad embellece tu Casa a lo largo de los tiempos. R.
Segunda Lectura
Lectura del libro del Apocalipsis 1, 5–8
Jesucristo, el Primero que resucitó de entre los muertos, hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre
5Jesucristo, es el “Testigo fiel, el Primero que resucitó de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra”. El nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre, 6e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre. ¡A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén. 7 El viene sobre las nubes y todos lo verán, aún aquellos que lo habían traspasado. Por él se golpearán el pecho todas las razas de la tierra. Sí, así será. Amén. 8Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que vendrá, el Todopoderoso.
Palabra de Dios.
Aleluya: Marcos 11, 9. 10
“Aleluya. Aleluya. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 33–37
Tú lo dices: yo soy Rey
33Pilato llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”. 34Jesús le respondió: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”. 35Pilato explicó: “¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?”. 36Jesús respondió: “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”. 37Pilato le dijo: “¿Entonces tú eres rey?”. Jesús respondió: “Tú lo dices: yo soy Rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”.
Palabra del Señor.
Comentario:
Pilato llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?
El poder del mundo siempre razona de manera diferente al poder de Dios. Para el mundo el poder debe ser usado para bien propio, para Dios el poder es solo servicio. Para el mundo el poder no se comparte, para Dios el poder siempre es una entrega, no solo de lo que tengo, sino de lo que soy.
La pregunta de Pilato es anacrónica. Tan fuera de tiempo está Pilato que no ve como las cosas han cambiado. La ceguera del pobre representante del Cesar es tremenda. ¡Si solo pudiera ver con los ojos del alma! ¡Si dejara que su intuición pudiera más que su miedo!
La inversión es total. ¡Pobre Pilato! Él cree que llama a Jesús a juicio y que el Salvador comparece ante él. ¡Es Pilato el que en ese momento decisivo está siendo juzgado! Jesús, acercándose a Pilato le muestra su vocación, lo llama a encontrarse con el Rey del mundo. Ese Rey del Universo está desfigurado y, aunque Pilato solo vea un prisionero, en esa apariencia humilde, golpeada, desfigurada, está el Señorío de Dios sobre todo el Universo. ¡Pilato, Pilato... no es el Rey de los Judíos! ¡Es el Rey del Universo, es tu Señor!
Jesús le respondió: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”
Con Jesús no se juega. Pilato habla de oídas. Repite palabras que otros le han susurrado al oído.
Todos somos Pilato. Pilato cuando escuchamos chismes de los demás. Pilato cuando hablamos de Jesús sin que leamos la Biblia. Pilato cuando oramos sin poner el corazón y solo de la boca para afuera. Pilato cuando no vivimos como predicamos. Pilato cuando la hipocresía ocupa el lugar de la verdad y la sinceridad.
Pregúntate:
Cuando criticas a otro “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”
Cuando enseñas a Jesús sin leer la Biblia: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”
Cuando haces oración sin poner el corazón y sólo de la boca para afuera: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”
Cuando no vives lo que predicas: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”
Cuando la hipocresía te lleva a parecer discípulo de Jesús y no lo eres en tus obras: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”
“Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”
Los cristianos nos confundimos cuando ponemos toda la esperanza en las cosas de la tierra.
No hay duda de que si ponemos más esfuerzo las cosas en la tierra cambiarían. La Iglesia Católica en Latinoamérica muestra que no es de los discípulos de Cristo olvidarnos de que la justicia reine en la tierra, de que los pobres deben ser el centro de la predicación y la acción solidaria de la Iglesia y de todo creyente. No hay cristianismo sin justicia social. También las nuevas corrientes ecológicas nos muestran que debemos cuidar nuestra “casa”, el planeta. La casa de todos debe ser cuidada por todos y nosotros, los seres humanos, todavía dejamos mucho que desear.
De todos modos, aunque debemos hacer nuestros mejores esfuerzos por la justicia social y la ecología, no nos olvidemos que aquí estamos de paso. Hacer de la tierra un mejor lugar para todos es hermoso y sobre todo necesario. Pero nuestro Rey nos tira hacia las cosas celestiales –que no se oponen con las de la tierra, sino que se complementan– hagamos las cosas de la tierra, pero con la intención puesta en el cielo.
Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad.
Aceptar a Jesús como REY de nuestra vida (mi Mundo) es dejarle entrar en mí ser y establecer Señorío sobre él. Muchos de nosotros hacemos profesión de cristianos y, de la boca para afuera, aceptamos a Cristo como Rey. Muchos son bautizados, pero pocos son súbditos de un rey tan grande. Muchos los que se acogen a los beneficios del bautismo, a los cuidados de Dios; pero pocos los que le obedecen y con sus obras aceptan ser ciudadanos del cielo.
Nos dice José Prado Flores, en su libro “Id y evangelizad a los bautizados”, página 57:
Jesús no pide mucho. Jesús pide todo. Él no se contenta con formar parte o ser un aspecto de nuestra vida. Él quiere ser el centro único de nuestra existencia. O todo o nada. O frío o caliente, pero no tibio. A los tibios los vomita de su boca: Apocalipsis 3, 14-15.
Él no admite ser sólo un adorno decorativo de nuestra vida, sino un personaje real que vive en nuestro corazón y gobierna efectivamente nuestra vida. Jesús quiere ser verdaderamente el Rey de nuestra existencia.
Meditemos:
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