Lunes 23 – Feria (o Memoria Libre: San Clemente I, papa y mártir – Rojo / San Columbano, abad – Blanco) – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección.
Primera lectura
Lectura del libro de Daniel 1, 1–6. 8–20
No se encontró ningún otro como Daniel, Ananías, Misael y Azarías
1El tercer año del reinado de Joaquím, rey de Judá, llegó a Jerusalén Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la sitió. 2 El Señor entregó en sus manos a Joaquím, rey de Judá, y una parte de los objetos de la Casa de Dios. Nabucodonosor los llevó al país de Senaar, y depositó los objetos en el tesoro de su dios. 3El rey ordenó a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que seleccionara entre los israelitas de estirpe real o de familia noble, 4algunos jóvenes sin ningún defecto físico, de buena presencia, versados en toda clase de sabiduría, dotados de conocimiento, inteligentes y aptos para servir en el palacio del rey, a fin de que se los instruyera en la literatura y en la lengua de los caldeos. 5El rey les asignó para cada día una porción de sus propios manjares y del vino que él bebía. Ellos debían ser educados durante tres años, y al cabo de esos años se pondrían al servicio del rey. 6Entre ellos se encontraban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, que eran judíos. 8Daniel estaba decidido a no contaminarse con los manjares del rey y con el vino que él bebía, y rogó al jefe de los eunucos que no lo obligara a contaminarse. 9Dios hizo que él se ganara el afecto y la simpatía del jefe de los eunucos. 10Pero este dijo a Daniel: “Yo temo a mi señor el rey, que les ha asignado la comida y la bebida; si él llega a ver el rostro de ustedes más demacrado que el de los jóvenes de su misma edad, ustedes harían peligrar mi cabeza delante del rey”. 11Daniel dijo al guardia a quien el jefe de los eunucos había confiado el cuidado de Daniel, Ananías, Misael y Azarías: 12“Por favor, pon a prueba a tus servidores durante diez días; que nos den legumbres para comer y agua para beber; 13compara luego nuestros rostros con el de los jóvenes que comen los manjares del rey, y actúa con tus servidores conforme a lo que veas”. 14El aceptó la propuesta, y los puso a prueba durante diez días. 15Al cabo de esos días, se vio que ellos tenían mejor semblante y estaban más rozagantes que todos los jóvenes que comían los manjares del rey. 16Desde entonces, el guardia les retiró los manjares y el vino que debían tomar, y les dio legumbres. 17Dios concedió a estos cuatro jóvenes ciencia e inteligencia en todo lo referente a la literatura y la sabiduría, y Daniel podía entender visiones y sueños de toda índole. 18Al cabo de los días que el rey había fijado para que le fueran presentados los jóvenes, el jefe de los eunucos los llevó ante Nabucodonosor. 19El rey conversó con ellos, y entre todos no se encontró ningún otro como Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Ellos permanecieron al servicio del rey, 20y en todo lo que el rey les preguntó sobre cuestiones de sabiduría y discernimiento, los encontró diez veces superiores a todos los magos y adivinos que había en todo su reino.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Daniel 3, 52–56
R. ¡Alabado y exaltado eternamente!
52Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres. Bendito sea tu santo y glorioso Nombre. R.
53Bendito seas en el Templo de tu santa gloria. 54Bendito seas en el trono de tu reino. R.
55Bendito seas tú, que sondeas los abismos y te sientas sobre los querubines. R.
56Bendito seas en el firmamento del cielo, aclamado y glorificado eternamente. R.
Aleluya: Mateo 24, 42. 44
“Aleluya. Aleluya. “Estén prevenidos y preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada”, dice el Señor. Aleluya”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 21, 1–4
Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre
1Después, levantado los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. 2Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, 3y dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que a nadie. 4Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir”.
Palabra del Señor.
Comentario:
Para entender la fe cristiana hace falta situarnos, no solo en las palabras de Jesús, sino en sus actitudes más profundas. El Señor nos enseña con sus palabras cuanto nos ama Dios, pero con su existencia nos dice que Dios nos ama hasta el extremo de dar la vida por nosotros. Esa es la realidad más profunda, Dios nos ama tanto que muere “de amor” por nosotros. La Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo lo muestran plenamente. Esta entrega hasta el extremo, total, plena y completa, demanda de nosotros un corazón totalmente entregado, rendido a los pies del Señor, dado por completo a Jesús… un corazón sin divisiones, sin mezquindades, un corazón que renuncie a todo por el Reino de los Cielos, un corazón que confíe tanto en Dios que se juegue por entero por Él.
La viuda del Templo lo sabe: da todo. Entrega hasta sus pobres y miserables monedas, lo poco que tiene, la nada que le queda. En comparación a los demás, cuantitativamente, ella no dio nada; pero, en capacidad de entrega, en calidad, lo dio todo. Hay que tener mucho coraje y mucha fe para hacer lo que esta mujer hizo, lo da todo, y se queda esperando en Dios… ella es amada hasta el extremo por su Dios y ella ama hasta el extremo a su Dios. Nada se guarda, todo lo da.
Tal vez este sea el tiempo de empezar, nosotros, a darlo todo, a jugarnos el todo por el todo. Quizá, de una manera lúcida y consecuente, debamos empezar a ver cuáles son nuestras prioridades, ¡en qué gastamos la vida! Lo que somos, lo que tenemos, lo que hacemos… ¿A quién se lo entregamos? Si respondemos, con sinceridad, esa pregunta, empezaremos a valorar nuestra vida desde los valores que sustentamos y nos dan motivos para seguir vivos.
Meditemos:
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