viernes, 27 de noviembre de 2009

Viernes 27 – Feria – Verde / Misa: a elección – Liturgia de las horas: de la feria. Día Penitencial.

Primera lectura

Lectura del libro del profeta Daniel 7, 2–14   

Vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre

2Yo miraba en mis visiones nocturnas, y vi los cuatro vientos del cielo que agitaban el gran mar. 3Y cuatro animales enormes, diferentes entre sí, emergieron del mar. 4El primero era como un león y tenía alas de águila. Yo estuve mirando hasta que fueron arrancadas sus alas; él fue levantado de la tierra y puesto de pie sobre dos patas como un hombre, y le fue dado un corazón de hombre. 5Luego vi otro animal, el segundo, semejante a un oso; él estaba medio erguido y tenía tres costillas en su boca, entre sus dientes. Y le hablaban así: "¡Levántate, devora carne en abundancia!". 6Después de esto, yo estaba mirando y vi otro animal como un leopardo; tenía cuatro alas de pájaro sobre el dorso y también cuatro cabezas, y le fue dado el dominio. 7Después de esto, yo estaba mirando en las visiones nocturnas y vi un cuarto animal, terrible, espantoso y extremadamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro, comía, trituraba y el resto lo pisoteaba con las patas. Era diferente de todos los animales que lo habían precedido, y tenía diez cuernos. 8Yo observaba los cuernos, y vi otro cuerno, pequeño, que se elevaba entre ellos. Tres de los cuernos anteriores fueron arrancados delante de él, y sobre este cuerno había unos ojos como de hombre y una boca que hablaba con insolencia. 9Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. 10Un río de fuego brotaba y corría delante de él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros 11Yo miraba a causa de las insolencias que decía el cuerno: estuve mirando hasta que el animal fue muerto, y su cuerpo destrozado y entregado al ardor del fuego. 12También a los otros animales les fue retirado el dominio, pero se les permitió seguir viviendo por un momento y un tiempo. 13Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él. 14Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Daniel 3, 75–78. 80–81

R. ¡Alábenlo y glorifíquenlo eternamente!

75Montañas y colinas, bendigan al Señor. R.

76Todo lo que brota sobre la tierra, bendiga al Señor. R.

77Manantiales, bendigan al Señor. R.

78Mares y ríos, bendigan al Señor. R.

80Todas las aves del cielo, bendigan al Señor. R.

81Todas las fieras y animales, bendigan al Señor. R.

Aleluya: Lucas 21, 28

“Aleluya. Aleluya. Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Aleluya.”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 21, 29–33

Cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca

29Y Jesús les hizo esta comparación: "Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. 30Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. 31Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca. 32Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto. 33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Palabra del Señor.

Comentario:

La comparación es sencilla, como una verdad de Perogrullo se nos presenta como evidente a los ojos. Pero, ¿por qué las cosas de Dios no son tan evidentes para nosotros? ¿Por qué vemos con claridad las cosas del mundo, somos, por así decirlo tan astutos para ellas, y no lo somos con las de Dios? Tal vez nos suceda que nos falta entrenamiento, que nos falta convicción, o, por qué no, que nos falta fe. Quien mira las cosas de Dios, para estar preparados a lo que viene, debe verlas como Dios las mira. Para ello, hay que recurrir a la oración constante, a situarnos desde la mirada divina siempre y a cada instante.

Jesús nos hace un llamado fuerte a mirar con atención la “señales” divinas, a ver con profundidad lo que otros miran casi indolentemente. Por eso es necesario ese entrenamiento, esa actitud precisa y constante, de estar alerta, de estar preparados, de saber que lo que se anunció como futuro, se hará real como presente.

Meditemos:

  • ¿Miro la vida como la ve Dios?
  • ¿En qué cosas mi mirada tiene profundidad? ¿En cuáles es superficial?

 


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