viernes, 04 de diciembre de 2009

Viernes 04 – Feria (o Memoria Libre: San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia – Blanco) – Morado / Misa: a elección – Liturgia de las horas: a elección. Primer viernes de mes. Día Penitencial.

Primera lectura

Lectura del libro del profeta Isaías 29, 17–24   

Aquel día verán los ojos de los ciegos

17¿No falta poco, muy poco tiempo, para que Líbano se vuelva un vergel y el vergel parezca un bosque? 18Aquel día, los sordos oirán las palabras del libro, y verán los ojos de los ciegos, libres de tinieblas y oscuridad. 19Los humildes de alegrarán más y más en el Señor y los más indigentes se regocijarán en el Santo de Israel. 20Porque se acabarán los tiranos, desaparecerá el insolente, y serán extirpados los que acechan para hacer el mal, 21los que con una palabra hacen condenar a un hombre, los que tienden trampas al que actúa en un juicio, y porque sí nomás perjudican al justo. 22Por eso, así habla el Señor, el Dios de la casa de Jacob, el que rescató a Abraham: En adelante, Jacob no se avergonzará ni se pondrá pálido su rostro. 23Porque, al ver lo que hago en medio de él, proclamarán que mi Nombre es santo, proclamarán santo al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel. 24Los espíritus extraviados llegarán a entender y los recalcitrantes aceptarán la enseñanza.

Palabra de Dios.

Salmo Responsorial

Salmo 27 (26), 1. 4. 13–14

R. ¡El Señor es mi luz y mi salvación!

1El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R.

4Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. R.

13Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. 14Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor. R.

Aleluya:

“Aleluya. Aleluya. El Señor vendrá con poder e iluminará los ojos de sus servidores. Aleluya.”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 27–31

Curación de dos ciegos que creen en Jesús

27Cuando Jesús se fue, lo siguieron dos ciegos, gritando: "Ten piedad de nosotros, Hijo de David". 28Al llegar a la casa, los ciegos se le acercaron y él les preguntó: "¿Creen que yo puedo hacer lo que me piden?". Ellos le respondieron: "Sí, Señor". 29Jesús les tocó los ojos, diciendo: "Que suceda como ustedes han creído". 30Y se les abrieron sus ojos. Entonces Jesús los conminó: "¡Cuidado! Que nadie lo sepa". 31Pero ellos, apenas salieron, difundieron su fama por toda aquella región.

Palabra del Señor.

Comentario:

La súplica de los ciegos es clara, Jesús es para ellos el “hijo de David”, el heredero de las promesas, el enviado por Dios para salvar a su pueblo. Jesús deja que lo sigan y en la casa los atiende. Casi como llevarlos al consultorio del médico divino.

Lo primero que hace Jesús es pedir FE: “¿Creen que yo puedo?”. Pide, con fuerza, confianza en él, fe en su poder sanador. Ellos aceptan con fe que Jesús puede salvarlo.

Una vez que los cura, Jesús, les pide silencio. Es el famoso “secreto mesiánico”, la búsqueda de Jesús de que su obra quede lo más “escondida” posible al gran público para que estos no se confundan con el mesianismo de paz y amor, que trae Jesús, con el de violencia, muerte y poder, que los violentos y revanchistas deseaban. Es que la construcción del reino de Dios, para Jesús, no se realiza con violencia, poder y muerte, sino con servicio amoroso, con heridas curadas, con la mirada clara y fija en el objetivo de ser santos.

Meditemos:

  • ¿En qué cosas nos consideramos ciegos? ¿Por qué?
  • ¿Mi vida se construye desde la paz, el amor, el servicio? ¿O desde la violencia, el poder y el revanchismo?

 


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Publicado por Desconocido @ 9:00
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