Martes 15 – Feria – Morado / Misa: del Propio del tiempo – Liturgia de las horas: del Propio del tiempo.
Primera lectura
Lectura del libro del profeta Sofonías 3, 9–13
Dejaré a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor
9Entonces, yo haré que sean puros los labios de los pueblos, para que todos invoquen el nombre el Señor y lo sirvan con el mismo empeño. 10Desde más allá de los ríos de Cus, mis adoradores, los que están dispersos, me traerán ofrendas. 11Aquel día, ya no tendrás que avergonzarte de las malas acciones con las que me has ofendido, porque yo apartaré a esos jactanciosos prepotentes que están en medio de ti, y ya no volverás a engreírte sobre mi santa Montaña. 12Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor. 13El resto de Israel no cometerá injusticias ni hablará falsamente; y no se encontrarán en su boca palabras engañosas. Ellos pacerán y descansarán sin que nadie los perturbe.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial
Salmo 34 (33), 2–3. 6–7. 17–19. 23
R. ¡El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó!
2Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. 3Mi alma se gloría en el Señor; que lo oigan los humildes y se alegren. R.
6Miren hacia él y quedarán resplandecientes, y sus rostros no se avergonzarán. 7Este pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y los salvó de sus angustias. R.
17Pero el Señor rechaza a los que hacen el mal para borrar su recuerdo de la tierra. 18Cuando ellos claman, el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias. R.
19El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos. 23Pero el Señor rescata a sus servidores, y los que se refugian en él no serán castigados. R.
Aleluya:
“Aleluya. Aleluya. Ven Señor, no tardes; perdona los pecados de tu pueblo. Aleluya”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 21, 28–32
Juan vino por el camino de la justicia y los publicanos y las prostitutas creyeron en él
28“¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: "Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña”. 29El respondió: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue. 30Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: “Voy, Señor”, pero no fue. 31“¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?”. “El primero”, le respondieron. Jesús les dijo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. 32En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él”.
Palabra del Señor.
Comentario:
Este relato de Mateo es una “señal” que se nos da para saber “adónde” se encuentra la posibilidad de una vida verdaderamente de cristianos. Jesús descubre con sinceridad brutal que no son las apariencias, sino las acciones, lo que permite el encuentro del que busca con quien se deja encontrar.
Los publicanos y las prostitutas son lo peor de una sociedad. No en sí, como personas, si en lo que significan. El dinero está metido entre ellos como la única realidad posible, como el bien supremo. Más allá de las razones interiores de cada uno, lo que se ve es que unos explotan a los demás por acumular más y saciar su miedo, su inseguridad ante la vida, y las otras utilizan el cuerpo como una mercancía que se compra y vender.
No es difícil darnos cuenta que Jesús apunta a decirnos que, estos, los “peores”, en realidad son los “mejores”. Su mejoría, relativa a los demás, no está en lo que hacían, que es injustificable y malo desde toda perspectiva… sino en lo que “hacen”, CREER y cambiar de modo de vida. Zaqueo es el vivo ejemplo de esta conversión (cf. Lucas 19, 1-10).
Lo que Jesús valora es la acción de dejar la vida pasada y cambiar totalmente asumiendo la actitud de los creyentes. Si en cambio nos quedamos con la apariencia, con los modos exteriores, y no cambiamos las actitudes, las motivaciones que nos guían… seguiremos buscando satisfacer nuestras ambiciones, nuestros miedos, nuestras motivaciones… pero no obedeceremos a nuestro Padre del Cielo.
Meditemos:
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