martes, 22 de diciembre de 2009

Miércoles 23 – Feria – Morado / Misa: del Propio del día – Liturgia de las horas: del Propio del día.

Primera lectura

Lectura del libro del profeta Malaquías 3, 1–4. 23–24

Les enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor

1Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Ángel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos. 2¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos. 3El se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia. 4La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años. 23Yo les voy a enviar a Elías, el profeta, antes que llegue el Día del Señor, grande y terrible. 24El hará volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres, para que yo no venga a castigar el país con el exterminio total.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial

Salmo 25 (24), 4–5. 8–10. 14

R. ¡Levanten la cabeza: se acerca la salvación!

4Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. 5Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

8El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; 9él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

10Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad, para los que observan los preceptos de su alianza. 14El Señor da su amistad a los que lo temen y les hace conocer su alianza. R.

Aleluya:

“Aleluya. Aleluya. Rey de las naciones y piedra angular de la Iglesia, ven y salva al hombre que formaste del barro. Aleluya”

Evangelio

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 1, 57–66

El nacimiento de Juan Bautista

57Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. 58Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. 59A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; 60pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan". 61Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". 62Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. 63Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados. 64Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. 65Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. 66Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él.

Palabra del Señor.

Comentario:

La imagen de Isabel merece una consideración especial: es una mujer entrada en años, anciana en la concepción bíblica, que no pudo tener hijos. En la imagen judía de ese tiempo, la mujer sin hijos era una mujer despreciada por Dios. Lógico que así sea desde la perspectiva machista contemporánea. Hoy todavía sigue siendo el único valor, no solo el más importante, sino el único valor, en algunos grupos sociales, la maternidad. Nos horroriza ver a mujeres jovencísimas embarazadas sin ningún proyecto de vida. Acumulando hijos que, irremediablemente, sufrirán desatención, desnutrición, maltrato infantil… todo ello con las consecuencias que trae esta situación.

Al contrario de estas mujeres antes citadas, Isabel no puede engendrar. Pero la bondad de Dios le regalará la posibilidad de ser madre, de engendrar vida. Saldrá de la marginalidad, del ocultamiento, de las bromas y chismerías de sus paisanas. Lo que antes era la desgracia suprema, y “valla a saber porqué será”, hoy es la bendición más espectacular que una mujer de su época podía recibir: madre en la ancianidad.

Como si esto fuera poco, el nombre del niño es cambiado. No sigue la venerable tradición de significar con el nombre los rastros genéticos que el niño tiene. No se llamará como sus antecesores, se llamará “Juan”: “Del hebreo: Dios es propicio o Dios se ha apiadado”. Que sobresale a lo que Dios hizo en la antigüedad por la familia de Zacarías e Isabel. El nombre del niño refleja la situación de sus padres, pero, con un horizonte más amplio, expresa la misión para la cual ha sido señalado. Mostrar la misericordia divina en Jesucristo, salvador del mundo. Que el padre recupere el habla muestra a las claras que lo que están haciendo es lo correcto. Cuando desatamos el nudo que nos corresponde, Dios desata los demás.

Meditemos:

  • ¿Qué cosa espero desde hace mucho y solo Dios puede darme?
  • ¿Qué significa mi nombre? ¡Averigüe!

 


Tags: lectura diaria, misa, liturgia, leccionario, biblia, evangelio

Publicado por Desconocido @ 21:00
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