Viernes 25 – Solemnidad con Octava: NAVIDAD DEL SEÑOR – Blanco / Misa: del Propio. Gloria. Credo. Prefacio de la Navidad – Liturgia de las horas: del Propio.
La solemnidad de NAVIDAD cuenta con tres celebraciones de Misa distintas (Noche, Aurora y Día). Está permitido elegir las lecturas más adecuadas de cualquiera de la tres Misas, teniendo en cuenta las necesidades pastorales.
NOCHE
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías 9, 1–6
Un hijo se nos ha dado
1El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. 2Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín. 3Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. 4Porque todas las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego. 5Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: "Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz". 6Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 96 (95), 1–3. 11–13
R. ¡Hoy nos ha nacido un salvador: el Mesías, el Señor!
1Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; 2canten al Señor, bendigan su Nombre. R.
Día tras día, proclamen su victoria. 3Anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos. R.
11Alégrese el cielo y exulte la tierra, resuene el mar y todo lo que hay en él; 12regocíjese el campo con todos sus frutos, griten de gozo los árboles del bosque. R.
13Griten de gozo delante del Señor, porque él viene a gobernar la tierra: él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 2, 11–14
Ha aparecido la gracia de Dios a todos los hombres
11Porque la gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. 12Ella nos enseña a rechazar la impiedad y las concupiscencias del mundo, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, 13mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. 14El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno en la práctica del bien.
Palabra de Dios.
Aleluya: Lucas 2, 10–11
“Aleluya. Aleluya. Les traigo una buena noticia, una gran alegría: hoy les ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 1–14
Hoy les ha nacido un Salvador
1En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. 2Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. 3Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. 4José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, 5para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. 6Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; 7y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. 8En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. 9De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, 10pero el Ángel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: 11Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. 12Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre". 13Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: 14¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él".
Palabra del Señor.
Comentario:
Hoy es Nochebuena. Parece una verdad sabida, obvia. Pero no es así. Todos decimos: ¡Feliz Nochebuena! ¡Feliz Navidad! Pero: ¿de verdad la celebramos? Con todo respeto: yo veo que no. Todo ha quedado en un simple formalismo, un saludos protocolar. La vivencia de lo que hacemos cada Nochebuena refleja que no estamos dispuestos a vivirla como lo que es, lo que realmente significa.
En Nochebuena celebramos el nacimiento del Salvador, allá en Belén. Mínimamente es el cumpleaños de Cristo. En plenitud, es la fiesta del comienzo de la redención.
Pero, ¿la vivimos así? En particular creo que no. Navidad, específicamente la Nochebuena, es comida y bebida, excusa para encontrarnos con la familia, excusa para beber, bailar, comer. Excusa para emborracharse. Es decir, desvirtuación plena del sentido de la Navidad, de la Nochebuena. Los niños, y mayores, con sus cohetes, sus ruidos, ese festejo desordenado y ansioso, desvalorizan la gesta salvadores del Redentor. Dejemos los cohetes y el ruiderío para el Año nuevo, hoy es una noche de recogimiento y paz interior.
Celebremos la Nochebuena, que haya fiesta… pero una fiesta serena (no ruidosa), alegre (no divertida), con plena conciencia (no aturdidos por el alcohol), llena de santidad (no prostituida por el pecado). ¡FELIZ NOCHEBUENA! ¡Les traigo una buena noticia, una gran alegría: hoy les ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor! (Lucas 2, 10-11)
Meditemos:
AURORA
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías 62, 11–12
Mira a tu Salvador que llega
11Esto es lo que el Señor hace oír hasta el extremo de la tierra: “Digan a la hija de Sión: Ahí llega tu Salvador; el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. 12A ellos se los llamará “Pueblo santo”. “Redimidos por el Señor”; y a ti te llamarán “Buscada”, “Ciudad no abandonada”.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 97 (96), 1. 6. 11–12
R. ¡Hoy nos ha nacido el Señor! ¡Aleluya!
1¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables. 6Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. R.
11Nace la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. 12Alégrense, justos, en el Señor y alaben su santo Nombre. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 3, 4–7
Según su propia misericordia nos ha salvado
4Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres, 5no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino solamente por su misericordia, él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo. 6Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador, 7a fin de que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de la Vida eterna.
Palabra de Dios.
Aleluya: Lucas 2, 14
“Aleluya. Aleluya. ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por él!. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 15–20
Los pastores encontraron a María y a José, y al niño
15Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: “Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado”. 16Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. 17Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, 18y todos los que los escuchaban quedaron admirados de que decían los pastores. 19Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. 20Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Palabra del Señor.
Comentario:
¡Vayamos a Belén! Los pastores no pierden tiempo, alegres por la noticia, salen “rápidamente” a encontrarse con el Salvador del mundo. ¿Por qué Dios eligió a los pastores para darles el aviso más importante? ¿Por qué a ellos la buena Noticia? Porque son los más rechazados. Los pastores eran personas sin formación, muy rústicas, que no cumplían la Ley judía, no por maldad, sino por estar todo el día cuidando el rebaño. Los fariseos los rechazaban, no serían parte de los salvados. Lo rústico de sus vidas, lo precario de su cultura y sabiduría, los excluía de la sociedad que los fariseos habían armado a su propia imagen de hombres cultos y con tiempo suficiente para los deberes que la Ley marcaba.
No nos debe sorprender que Dios eligiera a la “escoria” de esa sociedad. Siempre lo hizo, y siempre lo hará. Lo que no sirve para los hombres, es muy valioso para Dios.
Por eso, cuando van y cuentan lo que el Ángel les dijo… todos “quedaban admirados”. E los labios de los sencillos y marginados, Dios puso las mejores enseñanzas para los más ilustrados.
Navidad es el triunfo del Amor, es la unidad de Dios la que vence a los separatismos humanos, es la bondad de Dios la que rompe la soberbia de los hombres, es la elección de Dios la que nos saca de la “masa” Y nos convierte en personas que hacen un pueblo. María quedará meditando en su corazón todas estas cosas, hagamos nosotros lo mismo.
Meditemos:
DÍA
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías 52, 7–10
Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios
7¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz, del que anuncia la felicidad, del que proclama la salvación, y dice a Sión: "¡Tu Dios reina!". 8¡Escucha! Tus centinelas levantan la voz, gritan todos juntos de alegría, porque ellos ven con sus propios ojos el regreso del Señor a Sión, 9¡Prorrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor consuela a su Pueblo, él redime a Jerusalén! 10El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, verán la salvación de nuestro Dios.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial
Salmo 98 (97), 1–6
R. ¡Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios!
1Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. R.
2El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: 3Se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. R.
Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. 4Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos. R.
5Canten al Señor con el arpa y al son de instrumentos musicales; 6con clarines y sonidos de trompeta aclamen al Señor, que es Rey. R.
Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Hebreos 1, 1–6
Dios nos ha hablado por el Hijo
1Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, 2ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo. 3El es el resplandor de su gloria y la impronta de su ser. El sostiene el universo con su Palabra poderosa, y después de realizar la purificación de los pecados, se sentó a la derecha del trono de Dios en lo más alto del cielo. 4Así llegó a ser tan superior a los ángeles, cuanto incomparablemente mayor que el de ellos es el Nombre que recibió en herencia. 5¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”? ¿Y de qué ángel dijo: “Yo seré un padre para él y él será para mí un hijo”? 6Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios nos dice: “Que todos los ángeles de Dios lo adoren”.
Palabra de Dios.
Aleluya:
“Aleluya. Aleluya. Nos ha amanecido un día sagrado; vengan, naciones, adoren al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra. Aleluya.”
Evangelio
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 1–18 ó 1, 1–5. 9–14
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros
1Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 2Al principio estaba junto a Dios. 3Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. 4En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. 6Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. 7Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. 8El no era luz, sino el testigo de la luz. 9La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. 10Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. 11Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. 12Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. 13Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. 14Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. 15Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo". 16De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: 17porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. 18Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.
Palabra del Señor.
Comentario:
La Iglesia quiere, hoy, presentarnos un relato más teológico sobre la Navidad. Hemos visto en las misas anteriores como la Navidad se vestía de trazos cotidianos, cercanos a nuestra realidad diaria. Hoy se la presenta con la fuerza de las ideas y realidades que trascienden lo cotidiano.
La Palabra es Luz. Esa es la idea que subyace en el pensamiento de este prólogo. Esa luz ilumina la vida de los hombres, los convierte en iluminados, en hijos de la luz. Estas palabras no son solo poesía, solo metáfora. En ellas encontramos la realidad más profunda de la vida del cristiano. La luz ilumina, los iluminados son tales para ser vistos. Es mi actuar lo que se ve. Los hijos del mal andan escondidos en las sombras porque sus obras son malas. Los hijos de la luz salen a la claridad porque no tienen nada que ocultar, se muestran tal cual son, y, así, son un ejemplo a seguir por las multitudes.
Pero la Luz no radica en nosotros, nace de la Palabra, ella es la que ilumina, la que baña con su luz, la que nos da la fuerza para mantener nuestra pureza (la palabra puro aquí la utilizamos en el sentido de: aquello que solamente es una cosa. Ej: vino puro, leche pura… solo eso y nada más que eso). La identidad cristiana está en dejarnos iluminar para que nuestras imperfecciones sean corregidas, y no ocultadas, se trata de mejorar, no de camuflar, lo que somos.
Navidad es la gran oportunidad para dejar que la luz divina nos llene con su poder… no dejemos pasar esta oportunidad.
Meditemos:
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